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Don Abundio, beato en Roma, hombre en la Tierra

por Antonio Arteaga
26 de abril de 2026
Un joven Don Abundio en una fotografía de principios del siglo XX.

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El hombre, el sacerdote

Don Abundio García Román (24/12/1906, Jaraicejo – Comarca de Monfragüe.), cacereño de nacimiento, era el menor de tres hermanos. Sus padres Gregorio y Clodoalda se trasladaron a Madrid al poco de su nacimiento, viéndose afectado por una poliomielitis que le llevó a tener una leve cojera para el resto de su vida.

En la capital de España, estudió en el Instituto Cardenal Cisneros y en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Ingresó en el seminario conciliar de Madrid (1918), y tras realizar unos estudios brillantes fue ordenado sacerdote (14 de junio de 1930). Sin duda el tipo de enseñanza que allí recibió fue el comienzo para forjar lo que la vida y el destino le tenía deparado. D. Abundio ingresó en el seminario conciliar de Madrid en 1918, y ordenado sacerdote el 14 de junio de 1930, siendo su primer destino pastoral el de ser capellán del presidente de Acción Católica, el Conde de Rodríguez San Pedro. Éste promovió un Patronato de enseñanza del que se hizo cargo D. Abundio, asumiendo, a su vez, el nombramiento de director (1931) de un colegio que formaba parte de dicho patronazgo, en el entonces arrabal barrio de Entrevías. Allí contactó con el mundo laboral (trabajadores y sus familias) experimentando el rechazo del mensaje de Jesucristo que él transmitía. Entendió que su labor debía de ir en la dirección de poner remedio a las necesidades de esas familias que sufrían injusticia y desigualdad.

Don Abundio García Román.
Don Abundio García Román.

Cursó, a su vez, la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. En agosto de 1936, al principio de la Guerra Civil, fue detenido y encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid (posteriormente derribada y construido el edificio que da cabida al Cuartel General del Ejército Aire). Tras ser juzgado fue absuelto (4/1937) y se refugió en la embajada de Noruega. Con la finalización de la guerra regresó a sus tareas pastorales.

En Acción Católica se centró en las ramas obreras, y fue nombrado asesor religioso para la delegación provincial de Sindicatos de Madrid. Allí organizó cursillos para trabajadores, consiguiendo unir lo aprendido en Acción Católica y realizar el apostolado para los trabajadores en su mismo lugar.

En septiembre de 1946 se reúne con el teniente de alcalde de Madrid – sindicalista y fundador de la Hermandad de Ferroviarios (fue jefe de División en R.E.N.F.E. hasta su fallecimiento)- y con el entonces obispo Casimiro Morcillo, con la intención de crear una estructura de profesiones para canalizar la militancia. El 16 de julio de 1947 el obispo Eijo y Garay firmó el decreto de constitución de las Hermandades Católicas de Trabajadores. En lo social la misión fundamental de “las Hermandades” es la defensa de los obreros y sus derechos fundamentales. Años más tarde (1950), D. Abundio, fundó la Misioneras del Trabajo para servir a las hermandades que se extendieron enseguida por España e Iberoamérica. Durante el II Encuentro Hispanoamericano de las Hermandades del Trabajo (10/89) fue ingresado en la Clínica Rúber de Madrid, al sentirse indispuesto.

El 30 de noviembre de 1989, a los 82 años, falleció. El cardenal Antonio María Rouco Varela inició la fase diocesana del Proceso de Canonización (15/7/2000). A su conclusión se trasladó a Roma (10/12/2000), el cual se encuentra en proceso de finalización.

Hermandades del trabajo

Construyó casas para los trabajadores afiliados a “las Hermandades”, sin ánimo de lucro, algo que hoy podría considerarse un milagro además de ciencia-ficción. Las construyó en arrabales y barrios marginados. Impartió clases en aulas, fábricas y donde buenamente pudo en cada caso. Fundó las Misioneras del Trabajo que, tanto en España como en Iberoamérica, realizaron labores de misioneros laicos ayudando al necesitado. Creó un economato donde se podía comprar alimentos y ropa por un precio módico. Abrió un comedor social donde podían ir los trabajadores con sus familias a beneficiarse de sus bajos precios. Aperturó en distintas ciudades de la costa, en la península, residencias donde por un reducido costo podían veranear esas familias que de otra manera no lo habrían podido hacer. Consiguió construir un gran recinto deportivo, en Carabanchel, con varias piscinas, donde en verano los obreros y sus familias podían refrescarse y recrearse.

Hermandades del Trabajo, me atrevo a asegurar que fue su hijo mayor y el más querido de toda su prolífica vida de entrega social. Era el compendio de su lucha, encaminada al logro de beneficios para los obreros y sus familias. En los primeros años más de 100.000 obreros con sus familias se beneficiaron de ello.

Don Abundio fundó en los años cincuenta las Hermandades del Trabajo en El Espinar.
Don Abundio fundó en los años cincuenta las Hermandades del Trabajo en El Espinar.

Anécdotas y vivencias

1-La bofetada. Sábado por la noche. Eran fiestas en El Espinar. Ese día la Residencia de Nazaret se cerraba una hora más tarde de lo habitual. Habíamos recibido la inesperada visita de dos buenos amigos del grupo habitual de chicos que veraneábamos todos los años en la residencia de “Hermandades”. No había sitio donde pudieran pasar la noche, y el bus que los llevaría de vuelta a la ciudad había salido excesivamente pronto y ya no lo volvería a hacer hasta la mañana siguiente. La decisión fue unánime y acogimos a nuestros amigos, aunque había un problema que salvar: la directora que parecía no dormir y que se quedaba hasta la hora señalada para cerrar las puertas de la residencia estaba esperando para cerciorarse de que todo estaba correcto tras nuestra llegada que, como parece normal, éramos los últimos. Nuestros amigos pasaron unidos al grupo de chicos, mientras alguien, convenientemente aleccionado, entretenía a la que todos conocíamos, familiarmente, como “La Reichführer”.

Al siguiente día en la tempranera salida de ambos amigos (eran las 7.00h y todo el mundo dormía), no pudieron eludir a la directora, ya despierta, “les cazó” antes de poder salir de la residencia. Esta, junto con nuestros dos compadres subió a llamar en la habitación en donde dormíamos. En pijama y con cara de sueño me asomé a la puerta viendo la escena en la que ella estaba en primer plano y ellos, cual guardaespaldas “pillados flagrantemente” me miraban.

Don Abundio frente a la entrada de la iglesia de San Eutropio de El Espinar.
Don Abundio frente a la entrada de la iglesia de San Eutropio de El Espinar.

– ¿Estos señores han pasado la noche aquí?” – preguntó inquisitorialmente. – Pueden irse, en silencio.” – dijo sin esperar respuesta – “Hablaremos más tarde” – me dijo.

Cerré la puerta y me dispuse a dormir lo poco que quedaba para ir al desayuno (9,30h). Dormí poco, más bien nada, pensando en la “que me iba a caer” por parte de mis padres y “La Reichführer”. Tras el desayuno hubo reunión improvisada de esta última con mi madre, en la puerta de entrada al comedor, en el cual ya no quedaba nadie. En ese momento yo salía dispuesto a cruzar el vestíbulo camino de la calle, cuando fui llamado por mi madre.

-¿Es cierto lo que me está contando sobre lo que ha pasado esta noche?” – pregunto con un tono claro de enfado y haciendo una referencia gestual, con la cabeza, hacia la informante directora.

-“No tenían donde pasar la noche y…” – sin llegar a terminar la “excusatio non petita”, fui interpelado nuevamente.

– “Nos estamos jugando que nos expulsen ¿Quién más estuvo en “el lio”? – preguntó “madre Torquemada”

– “¡No sé!” – negándome a delatar al resto de mis amigos.

La mano de mi madre “midió” mi cara con un sonoro bofetón. Era sorprendente, mi madre nunca me “había puesto la mano encima” El silencio trono entre los presentes y, tras unos segundos, pregunté: – “¿Puedo marcharme ya?

– “Sí, vete.” – respondió mi madre.

Nadie fue testigo de la escena, a excepción de D. Abundio, en la lejanía, el cual no dijo nada limitándose a mirar.

La hora de la comida, era el momento en que hijos y padres se reunían en la mesa, y tras sentarme, mi padre tomó la palabra. Estábamos dispuestos a comer mi madre, mi hermano, mi padre y yo.

– “He hablado con tu madre y la he reprochado que te humillara de esa manera. Te felicito por no haber delatado a tus amigos” – No hubo más comentario sobre el asunto. Comimos con el protocolo de todos los días. Aunque al principio no me fijé, por estar sentado de espaldas, D. Abundio y la “Reichführer” observaban la escena desde lejos. No fuimos expulsados y nadie hizo comentario alguno sobre el asunto.

Don Abundio ejerció durante largo tiempo en El Espinar.
Don Abundio ejerció durante largo tiempo en El Espinar.

2-El buen samaritano. D. Abundio todos los domingos oficiaba la Santa Misa. En las homilías de los domingos como en la lectura y posterior comentario del Evangelio, a D. Abundio le gustaba hablar de un pasaje o un personaje de Ella, y equipararlo con personajes de nuestro tiempo conocidos por todos. La misa dominical duraba media hora. Nunca más de treinta minutos. Era un “oficio” ligero en el que predominaba la homilía. Tras ella se acudía al comedor para realizar el desayuno. Era un desayuno sencillo (leche, café y pan con mermelada).

La sabatina, por la tarde de los sábados, acto dedicado a las familias, no duraba más de que la misa del domingo. Tras “la sabatina” siempre había una chocolatada y suizos proveídos por Pastelería Yagüe, de la que eran dueños los padres de mi buen amigo Antonio. La presencia de los niños era prioritaria para D. Abundio.

Recuerdo que en esa ocasión, unos días después de lo ocurrido anteriormente, utilizó el pasaje del Evangelio de “El buen samaritano” (Lucas 10, 29-37) (1), que resultaba ser uno de sus favoritos- La capilla llena, como cada sábado, con todos mis amigos, familias residentes, y del pueblo, que gustaban el ir a oír a D. Abundio. Recuerdo, digo, aquella plática especialmente, tal vez porque todavía me escocía, más moralmente que físicamente, la bofetada en la cara de mi madre.

“Había una persona”- comenzó- “regente de un hostal que preguntaron a Jesús “¿Quién es ese prójimo al cuál debo de beneficiar sin ser conocido? Jesús les respondió: ´´La noche había llegado hace tiempo y con un grupo de jóvenes amigos había otros dos que no tenían dónde pasar la noche. Habían ido de visita ese día y debían marchar a la ciudad al día siguiente. Con el objeto de que no pasaran “al raso” esas horas, el grupo de jóvenes los llevaron a escondidas, hasta su alojamiento. El dueño del hostal era un hombre excesivamente recto y severo y descubriendo la añagaza de esa noche por parte de sus clientes, por la mañana, quiso cobrar la estancia de los dos “intrusos nocturnos”. Casualmente llegaba un viajero que al ver la situación se dirigió al dueño del hostal interesándose por la situación. Tras serle contado lo acontecido sacó de su monedero la cantidad requerida por el dueño, dándole otra cantidad adicional para que pudieran tener un buen desayuno todo el grupo. ´Dime si es necesario más dinero para que se vean colmadas tus demandas´ terminó el buen samaritano de decir al demandante.”

Tras contar aquello, se dirigió a todos nosotros, jóvenes, padres y mandantes que se hallaban en la parte trasera de la capilla, y preguntó: – “¿Quién de los dos os parece que fue prójimo de los que estaban a punto de ser expulsados?”

El silencio se “cortaba”, nadie contestó. Todos pensaban en lo sucedido días atrás.

– “El que practicó la misericordia con ellos” – se auto respondió, produciéndose un leve, casi imperceptible murmullo. Levantó de nuevo la voz, y mirando a la parte de detrás de la capilla, donde se encontraban los adultos, y mientras daba la bendición final a todos los presentes, dijo: -“Id y haced lo mismo. La bendición del Señor esté con todos vosotros.”

Tanto la directora como mi madre vinieron a pedirme perdón a la salida.

Este es un ejemplo de como D. Abundio entendía la vida y la manera de afrontar los errores y debilidades de las personas.

El próximo 29 de abril El Espinar nombrará hijo predilecto a Don Abundio.
El próximo 29 de abril El Espinar nombrará hijo predilecto a Don Abundio.

Epílogo

Aunque seguramente yo no llegue a verlo, en un futuro cercano, D. Abundio será beatificado, y probablemente, más allá, en el tiempo, santificado. No sé cuáles serán las obras milagrosas que se presentarán ante el Dicasterio de los Santos, pero a mí me parece que, con mis recuerdos de niño, el mundo está lleno de “D. Abundios” y que, al igual que él, realizan milagros todos los días, sin resucitar muertos o andar por encima de las aguas.

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