LOS LIBROS DE GEOGRAFÍA, PROTAGONISTAS DE LA PROPIA HISTORIA
Entre las disciplinas que abordan los libros de texto, la Geografía destaca por reflejar la actualidad política del momento en que se edita el libro, circunstancia que le confiere especial interés a la hora de hacer un estudio retrospectivo de estos singulares manuales escolares. Desde mediados del siglo XIX, cuando los libros de texto empiezan a poblar las escuelas públicas con títulos cada vez más variados, los de Geografía siempre han requerido actualizaciones en sus frecuentes reediciones, no sólo por la natural evolución de las cifras de población de países y ciudades, sobre todo son las fronteras nacionales las que requieren modificaciones más sustanciales. Como ya se comentó, las tiradas de estos libros escolares solían ser relativamente pequeñas lo cual se compensaba con numerosas reediciones que dejaban abierta la posibilidad de adaptarse con cierta frecuencia a las nuevas situaciones geopolíticas. La complejidad de la política europea con sus dos grandes guerras, las últimas emancipaciones de los países hispanoamericanos, la descolonización en Africa y en Oriente Medio o la desintegración de la URSS y de algunos de sus países satélites, como Yugoeslavia, producían cambios con tal rapidez que resultaba complicado que una editorial pudiera adaptar sus manuales a la nueva realidad. Esta situación resulta especialmente interesante en el caso de España, cuando pierde la soberanía de los últimos territorios de ultramar, Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas, como resultado de la derrota en la guerra que enfrento contra los EEUU en el año 1898. Situación semejante se produjo con las posesiones africanas de España, ocurrida durante la segunda mitad del siglo XX.

Por otro lado, la situación de España tras la guerra civil conllevó un adoctrinamiento político, social y religioso que necesitaba del concurso de los libros de texto para perpetuarse a lo largo de los 40 años de dictadura. Resulta curioso observar como los libros de texto que utilizaban los escolares durante los primeros años de la dictadura fueron los mismos que se editaron durante la II República, con un código de valores diametralmente opuestos, y también los heredados de la dictadura de Primo de Rivera, todos ellos caracterizados por un claro intervencionismo del estado, aunque de muy diferente signo.
En otro orden de cosas, cabe señalar que los libros de Geografía siempre destacaron por sus innovaciones técnicas, incluyendo grabados de calidad artística nada desdeñable o incorporando la rotulación en color en los mapas y las primeras fotografías. Ilustraciones todas ellas que hacían particularmente atractivos a los manuales de Geografía, donde nuestros dos monumentos más famosos, el Alcázar y el Acueducto fueron casi siempre de inclusión obligada entre las páginas de estos textos.

Cuando comencé a interesarme por estos viejos, fueron los manuales de Química los que más llamaban mi atención, debido a mi actividad profesional como docente en esta asignatura, sin embargo, desde que cayó en mis manos el libro de Geografía de Paluzie, en su edición de 1907, coincidiendo con los años en que se desencadenó la denominada guerra de los Balcanes, fueron libros de Geografía los que suscitaron mi mayor interés: atraído por su bonita portada en color, comencé a hojear su interior recalando en los mapas en color que Paluzie había incluido en esta edición, concretamente el que estaba rotulado como AUSTRIA-HUNGRÍA, observando como en la parte oriental del mar Adriático aparecían bien diferenciados los estados de Bosnia, Herzegovina, Montenegro, Dalmacia y Croacia y Eslavonia. En los años de mi escolarización infantil toda esa zona se correspondía con el estado de Yugoeslavia, hasta que las tensiones desembocaron en la desmembración de este país integrado en el llamado “telón de acero”. A la vista de este antiguo mapa, todo parecía encajar con una sencilla justificación: una vez desaparecido el férreo control que el dictador yugoeslavo, Tito, ejercía para mantener unidas todas estas repúblicas, el territorio volvió a reorganizarse en sus repúblicas originarias.

En 1923 se publica en una imprenta de Valladolid La nueva Geografía Universal para la Segunda Enseñanza, en su contraportada presume de haber adaptado la obra “a las modificaciones derivadas de la Gran guerra 1914-1918” tarea sin duda meritoria debido a la reconfiguración de fronteras en toda Europa como consecuencia de la desaparición de los imperios Austro-Húngaro, Alemán y Otomano y la aparición de nuevos estados procedentes del imperio Ruso.

Mención especial merece también el libro de Geografía General de 2º grado, editado por la imprenta Elzeviriana, en el año 1936. En este libro, usado por los escolares en los primeros años de la dictadura, se define así el gobierno de España: “El gobierno que tienen los españoles es republicano. La república constituye un estado integral compatible con la autonomía de regiones y municipios” y continúa durante varias páginas desarrollando el sistema de gobierno y la estructuración del estado.

Resulta evidente que la adaptación de los libros a los principios del nuevo régimen dictatorial no podía hacerse de inmediato, menos aún cuando se acababa de salir de una cruel y devastadora guerra que dividió a la sociedad desencadenó el exilio de muchos españoles, sin embargo, este libro se encuaderna y se distribuye poco después del final de la guerra. Para ello la editorial adopta como solución de urgencia la inclusión de dos pequeñas notas modificativas que afectan al título de gobierno y al apartado de confesionalidad del estado con estas palabras:
“Importantes acontecimientos ocurridos desde la publicación de esta geografía…. Actualmente España está regida por un Gobierno Nacional de tipo totalitario, siendo el jefe del Estado el General Francisco Franco…”.

Y en el apartado de Religión se lee: “El Estado Español no tiene religión oficial. Existe separación de la Iglesia y el Estado y la completa libertada de cultos”. En la nota modificativa que se añade a este título puede leerse: “La religión del Estado Español es la Católica, pero hállase establecida en su territorio la tolerancia de cultos”.
El Curso de Geografía, para uso de la facultad de filosofía y letras y los institutos de Segunda Enseñanza de Bernardo Monreal, editado por los impresores de Cámara de S. M. en el año 1877 nos traslada algunos datos curiosos de población que quiero señalar “según el censo de 1860 solo asciende su número de habitantes (inclusas las Baleares y Canarias) a 16.835.506 habitantes”. En la región de Castilla la Vieja se encuentra Segovia con 146.222 habitantes, de los cuales poco más de 10.000 pertenecen a la capital, la cual aparece descrita con estas palabras de estilo telegráfico: “…instituto y escuela normal superior: cuenta con tres famosos monumentos, la catedral, el acueducto y el alcázar, poco ha muy maltratado por un incendio, y en donde existe el Colegio militar de Artillería…”.

Se completa la descripción de la geografía política de España con las Provincias españolas de Ultramar: Isla de Cuba, Puerto Rico, Islas Filipinas que reúnen una población superior a los siete millones y medio de habitantes y las islas de Fernando Póo y Annobon frente a las costas de Guinea Ecuatorial, con una población de 30.000 habitantes.
En esta misma línea descriptiva, pero recogiendo ya una situación muy diferente acudimos a La Enciclopedia para niños de la editorial Calleja, aprobada en 1901. Como tal enciclopedia reúne todas las disciplinas en un texto único que evidentemente contiene la parte correspondiente a la Geografía de España. Así, bajo el título de división Política de España, hace una completa relación de las posesiones españolas:
“En África: Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, Peñón de Vélez, Alhucemas, islas de Perejil, de Alborán, Fernando Póo, Annobon, Corisco, Santa Cruz de la Mar Pequeña, San Juan, Río de Oro y Muni, con una población de unos tres millones de habitantes. -La población de España en aquellos años, incluyendo las posesiones africanas, era de 18.616.630 habitantes y cabe recordar también que la descolonización africana de las posesiones españolas comenzó con la independencia de Marruecos en 1956 y concluyó con el abandono del Sahara en 1975-.

Seguidamente, se lamentaba después de las pérdidas en ultramar, ocurridas tras el desenlace de la guerra con Estados Unidos que tuvo lugar en 1898, con la siguientes palabras: “En América, descubierta por el esfuerzo de los españoles y a expensas suyas, nuestra nación, después de haber sido dueña de toda la parte meridional, toda la parte central y gran parte de la septentrional, no posee actualmente ni siquiera un grano de tierra…”.
Sin duda, éstos, y otros muchos ejemplos, nos recuerdan que los propios libros de texto son testigos del momento en que se vive esa realidad cambiante que recoge la Historia, tan cercana en el tiempo y a veces olvidada en nuestros días.
