Tiempos pasados hubo en los que los frontones pululaban por doquier en nuestra provincia. La gran mayoría aprovechaban uno de los laterales de la estructura de la iglesia. Para ello, se ‘vestía’ de verde, o no se vestía, y los domingos -sobre todo-, a la salida de misa se formaban partidos entre los ‘profesionales’ locales. La afición a la pelota estaba muy extendida.
La moda ‘frontón’
Cuando en la definida pared no se podía jugar, se intentaba buscar apoyo económico para construir otro nuevo aislado, más sofisticado…
Y se hicieron muchos.
Y se utilizaban.
Y eran nexo de unión y divertimento…
Época hubo posterior -cuando los pueblos y sus habitantes fueron a menos-que los frontones pasaron a peor vida. Sucedió igual que ‘la casa del maestro’. Estas se construyeron en cada pueblo -porque nacimientos había y muchos-, y cuando llegó la ‘sequía natal’ y hubo que ‘concentrar’ lugares de enseñanza, aquellas se quedaron vacías.
Hubo otro tiempo, década de los sesenta del siglo ‘pasao’, donde, no queriendo los nuevos jugadores ‘estropearse’ las manos pegando a la pelota de forma directa, se propagó el frontenis. Este era mas ‘chulito’, la pelota pesaba menos y, además, la raqueta no se quejaba. Luego, ahora, llegó la época del pádel -mas ‘chulito’ todavía-, y el frontenis pues… está ‘arrinconao’. Pistas de pádel se pueden encontrar… ¡hasta en la sopa! O lugares impensados. Es un deporte majo.
La pala corta y su anécdota
No he descrito nada sobre la referida actividad que también utiliza frontón, pero más largo. Un ejemplo, grande, grande, el de Vallelado. Allí sacaron ‘petróleo’ donde no había prácticamente nada y han conseguido hasta una escuela formativa, un equipo competitivo admirable y un frontón/polideportivo, ejemplo tenaz de todo un pueblo.
Al respecto. Recuerdo aquel día en el que el patriarca de una formidable y admirable saga, que continúa, el que fuera extraordinario jugador y mejor persona, Luis Baeza, me puso en una mano la pala, en la otra la pelota y mirando al frontis me dijo con una gran dosis de sorna: ‘no le pegues muy fuerte no vayas a hacerle un agujero’.
Puedo decir al respecto, y ya han ‘pasao’ años, que miro de cuando en vez mi pierna derecha donde un gran hematoma ’adornó’ el lugar durante largo tiempo ¡A quién se le ocurre, neófito yo, coger por vez primera, y única, una pala de madera de 850 gramos de peso e intentar pegar con destreza y fuerza una pelota de cuero!

Los frontones en la ciudad
El primer Juego de Pelota que existió en la ciudad se ubicó en la bajada del Salón, al lado de Santi Spíritu, el mismo que hasta 1925 dio nombre a la calle y desde entonces es San Millán. No fue en sus inicios – cuando reinaba Felipe II-, un frontón al uso. Pelota sí, pero no como se conoce ahora. Permaneció estructuralmente hasta el siglo XIX, con una vida activa más bien lánguida y un coste de mantenimiento continuado en el tiempo que no podían asumir las arcas del Ayuntamiento, ni las particulares, pese a intentarlo.
Convivieron con él en la ciudad durante el referido siglo, otros tres: el ‘Verdugo’, el ‘Polo’ y el de San Lorenzo. El que más ‘empaque’ tenía era el segundo. Se situaba en la calle Estiradores (barrio de Santa Eulalia). Era un auténtico trinquete. Recibía muchos espectadores. También se alquilaba para ‘eventos’ -funciones teatrales, bailes… fue derribado en 1959. Su propietario, Timoteo Polo.
En esa misma época funcionaba el ‘Verdugo’. Si bien su actividad formaba complemento de un negocio de hostelería. Se ubicaba al final de la actual calle Independencia, cerquita del lugar donde discurría el arroyo Clamores. También lo alquilaban los mozos de San Clemente y Santa Columba en las fiestas/bailes.
Reitero. Fueron muchos los frontones en la provincia. Muchos. En esta ocasión recuerdo el de Nava de la Asunción, propiedad de Santiago Martín, con atractivos programas de actividad durante muchos años. También los de Pecharromán, Encinas…
Cuento al respecto. Año 1868. El gobernador civil de Segovia, Marqués de Casa-Pizarro, exige a los alcaldes ‘prohibir la costumbre de jugar a la pelota en las paredes de las iglesias por ser espacios de culto y ser muchas las quejas’… No le hicieron mucho caso. La mayoría siguió jugando. Por lo que, en 1894, en esta ocasión a instancias del obispo, José Pozuelo, el gobernador, José de Heredia, vuelve con la misma ‘cantiga’ e igual resultado. Un publicando en el BOP pudieron con el juego.
En siglo posterior, ya en el XX, el Frente de Juventudes construyó una cancha polideportiva descubierta, c/ Cañuelos, con un frontón ‘para pasar el rato’. Nuevo proyecto años después para cerramiento, graderío y mejora del frontis. Resultado: ‘este frontís es una delicia para cualquier jugador’, me comentó Luis Baeza tras un encuentro. Lo hicieron a ‘conciencia’. Todo de piedra, de abajo, arriba. Unos años después se construye en la Ciudad Deportiva (La Albuera), un pabellón municipal. Sus medidas le hacen receptivo para cualquier modalidad de pelota. Es un buen recinto.
Sea permitido pensar…
‘En ningún sitio aprendí tanto de mí y de los demás como en la cancha’. (Jorge Valdano).
