El biometano está en pleno despegue en España, tanto en producción como en el número de plantas en operación que ha pasado en 2025 de 12 a 25 instalaciones. El biometano es un gas renovable, es un biocombustible de segunda generación que se obtiene a partir de la depuración de biogás. A su vez, el biogás se produce por la descomposición de residuos orgánicos, mediante un proceso biológico. Por tanto, esta energía es un ejemplo de la llamada economía circular dado que utiliza residuos orgánicos procedentes de la actividad humana: ganadería, agricultura, residuos forestales, como materia prima. Por tanto, una técnica de producción de energía que podría ser de gran utilidad para el desarrollo de la economía rural segoviana. Esta industria podría atraer más de 40.000 millones de inversión a nivel nacional, sobre todo en áreas rurales, y crear 21.000 empleos directos.
Es una solución limpia que permite reutilizar 120 millones de toneladas anuales de residuos de residuos orgánicos, ayudando a agricultores y a ganaderos a gestionar sus residuos. El resultado es que se podría reducir en un 90% las emisiones de CO2 en todo el ciclo de vida respecto al gas natural convencional, manteniéndose sus mismas características. Segovia cuenta con los elementos necesarios para transformar su enorme potencial, capaz de conectar, sostenibilidad, competitividad, y desarrollo territorial. Segovia no puede dejar atrás esta fase del potencialidad del biometano para entrar en una etapa de construcción de una verdadera industria de economía circular impulsada por el nuevo marco regulatorio que busca atraer inversión privada para descarbonizar la economía.
En concreto, hay tres elementos regulatorios que pueden impulsar el desarrollo de esta industria: a) el Real Decreto-ley 7/2026 que incorpora por primera vez el biometano como electro estratégico dentro de la seguridad de suministro y autonomía energética de nuestro país: b) el futuro sistema de cuotas obligatorias de consumo, que obligará a las comercializadoras a incorporar un porcentaje de este gas renovable en su cartera, generando una demanda estable de este tipo de gas; c) el nuevo marco regulatorio aprobado por la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) y que plantea para 2027-2032, nuevos incentivos para facilitar la inyección de biometano en la red.
Los nuevos vectores energéticos para sustituir los combustibles fósiles llevarían a reducir más de la mitad la dependencia de la Unión Europea del exterior, en algunos casos de países productores en regiones convulsas. Al mismo tiempo, esta política energética contribuiría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a luchar contra el cambio climático. El desarrollo a gran escala en la Unión del hidrógeno verde y sus derivados (amoniaco o metano verdes, biocombustibles de segunda generación, biometano …) aumentaría también su soberanía energética y reforzaría su lucha contra el cambio climático. Las moléculas verdes podrían reducir la dependencia energética de estos países europeos del 57% en 2024 hasta el 28% en 2030, al propio tiempo podrían sustituir el combustible que necesitan los sectores industriales de difícil electrificación. Esas moléculas verdes servirían para la descarbonización de la industria química, metalúrgica y mineral, el transporte marítimo y aéreo, y transporte de camiones pesados. Unos sectores que consumen entre el 20 y 25% de la energía primaria, y son responsables del 22% de las emisiones de CO2 en la Unión Europea. Por lo que, aprovechar la producción local de las energías renovables en forma de hidrógeno verde, biometano y biocombustibles permitiría reducir la dependencia de la Unión entre el 30% y el 50% de su demanda actual de combustibles fósiles. En definitiva, las moléculas verdes producidas en Europa ofrecen una hoja de ruta firme hacia una Europa competitiva y energéticamente independiente, liderando la lucha contra el cambio climático. En el medio plazo, el transporte marítimo, el tráfico de camiones, la industria del acero y la aviación podrían sumarse a los combustibles renovables, de modo que solo quedarían el grueso de la calefacción residencial, el transporte en tren y la climatización, que acogerían la molécula verde a largo plazo. Además, de aquí en 2030, la viabilidad de estos nuevos combustibles aumentará por el incremento del precio del CO2, la bajada de las energías renovables y el aumento de la eficacia de soluciones como el SAF, el combustible renovable que ya se mezcla con el queroseno en los depósitos de los aviones.
Las decisiones que ahora se tomen en Segovia serán determinantes para acelerar las inversiones necesarias para desarrollar una industria entorno al gas, al biometano.
El aprovechamiento de los residuos (economía circular) y el papel clave del biometano en la descarbonización de la economía, son ventajas relevantes. La principal ventaja del biometano es que puede inyectarse directamente en la red de gaseoductos actual sin necesidad de realizar modificaciones, dado que existe una infraestructura de transporte y distribución que permite suministrar gas a 7,9 millones de puntos de suministro, situados en más de 1.800 municipios. Esta infraestructura puede utilizarse también con el biometano, al mismo tiempo que el biometano puede apoyar al medio rural, ya que se produce a partir de recursos autóctonos distribuidos a lo largo de todo el territorio, lo que genera empleo y puede ayudar a evitar la despoblación rural.
Por tanto, es necesario agilizar la tramitación de las instalaciones, garantizando el pleno cumplimiento de toda la normativa medioambiental y minimizando el rechazo social.
También es necesario contar con una infraestructura gasística que permita el acceso y conexión de múltiples plantas distribuidoras por el país. Para algunas empresas, el biometano se ha convertido en una importante palanca para la estrategia de descarbonización. Un plan estratégico que prevé alrededor de 30 plantas en 2030 y una inversión cercana de 600 millones de euros, ante el nuevo marco regulatorio favorable. Segovia cuenta con una cabaña ganadera de porcino de cerca de 1,4 millones de cabezas, lo que favorece la implantación de esta tecnología.
Además, en total en Segovia hay 7 proyectos de instalación para la producción de biometano: tres en Cuéllar, uno en Cantalejo, otro en Sanchonuño, junto con el de citado de Carbonero el Mayor y el de Pinarejo, por lo que esta industria podría ser un acicate para el desarrollo del medio rural segoviano.
D. Manuel González Herrero decía que “los pueblos de Segovia se habían convertido en centro de diversión de la gente de Madrid”. No le faltaba razón, los no residentes en el medio rural plantean una oposición feroz a este tipo de proyectos, cuando realmente no viven en nuestros pueblos, que agonizan por falta de inversión y empleo. La industria también debe llegar al medio rural si no queremos que las pequeñas poblaciones perezcan por falta de futuro. Precisamente el Ayuntamiento de Cuéllar rechazó el día 28 de mayo una moción para impedir la instalación de plantas de biogás y biometano en su término municipal.
