El Adelantado de Segovia
domingo, 14 junio 2026
  • Segovia
  • Provincia de Segovia
  • Deportes
  • Castilla y León
  • Suplementos
El Adelantado de Segovia

El atardecer de La Pinochera

por Eduardo Juárez
27 de febrero de 2022
EDUARDO JUAREZ 1
Compartir en FacebookCompartir en XCompartir en WhatsApp

El biometano y el desarrollo del medio rural segoviano

Contribuye al funcionamiento normal

EL HUMOR DE GALYA

No sé si alguno habrá disfrutado de un atardecer a la sombra de la pinochera de Navalhorno. Apretada entre los pinos de una cárcava sombría, la vieja luz que abandona el día juega entre los troncos anaranjados en caleidoscopio de difícil explicación. Ora entre la rama caída de un serbal despistado, ora rompiendo en aureola sobre la nuez de agalla que el roble ha construido alrededor de un retoño alado, el destello tardío de la Segovia más anciana acompaña todo lo que uno quisiera desear. A veces el candil vespertino rebota en el tronco del viejo roble que, adormecido por siglos de indiferencia, vegeta frente al humedal de la fuente de los Endrinos, mientras el agua mana de la tierra en borbotón ajigoleado que recorre un perdido arrastradero cubierto por una plenitud de zarzas serpenteantes. Sentadas sobre un mantillo de cieno y polvo embarrado, estas reinas del bosque apartan al peregrino del viejo camino de la cacera, llevándolo por una suave pendiente hasta las perdidas trochas donde ni las más ancianas vacas recuerdan el pastar. Otras veces, prendida en el cáliz de un jacinto prematuro, del brillo apagado del narciso consumido por su sombra, el albor cura membrillos decide juguetear con el pasto reseco donde ya no habrá de retozar rumiante alguno. Ni oveja lanuda, ni carnero trasquilado; ni vaca serrana de cornamenta playera, ni cabra quejosa de balido estridente; ninguna pata, pezuña, casco o zapatilla, uña o muñón, parece atreverse con la sombra raída de la vieja pinochera segoviana.

Es posible que la juventud extraviada de tanto pino estirado, consumido por el deseo de alcanzar una luz que nunca será suficiente, acabe por perderse en una noche para la que no estamos preparados. Aliviados de ramas bajeras, tetones secos y afilados; liberados por el chaspe y la tronzadora repleta de juventud desaprovechada, los pastores de árboles han ido domeñando durante decenios el vigor de un bosque nacido durante el anochecer del sentido común, en los años posteriores al final de aquella guerra miserable. Muro de contención de un roquedal que siempre ha de amenazar el poblado serrano, la plantación de aquel joven bosque allá por los años cuarenta ha vivido todo este tiempo a la sombra de la roca, al arrebol de jara y estepa, a resguardo de una población siempre agradecida por el esfuerzo de corteza, raigón y rama. Apretadas las filas de los jóvenes pinos en orden cerrado de falange tebana digna del Epaminondas más heroico, mis queridos paisanos inmóviles sobre la Pradera de Navalhorno han cumplido casi un siglo de devoción a lo humano, de dedicación a un fin común de simbiosis perpetua.

Mas el tiempo, en su lento asesinar, ha envejecido la juventud de pino y serbal. La luz inmisericorde de un corolario interminable de días ha acabado por retorcer el tronco del roble, la raíz de la bardaguera y la rama del avellano. Los viejos pimpollos han desparecido, dejando a su paso pinochos eternos de barbas trenzadas por una cargazón de líquenes opacos, ajados y consumidos de tanta precaria humedad. Extraviadas las anclas en la sequedad de un bosque anciano, los pimpollos han tornado en vieja costra de madera lista para el silbido del hacha. Del naranja prístino y acaramelado han pasado a un marrón ceniciento que pide sierra y machihembradora en altos gritos que asustan a todo vegetal que por aquellos lares se atreve a echar raíz y hoja.

Eusebio, perdido entre tanto tronco chaspeado, lamenta la pérdida del bosque donde aprendió a perfilar corteza y lata, ramón y cocorota. Lorenzo, ajados los nudillos de tanto trasegar, no deja de añorar aquellos años de recoger cargas de leña entre troncos tan recios que derretían la nieve en gélido alcorque. Tomasele, fija su mirada en un pasado que no habrá de volver, desearía ver aquel bosque juvenil, de latas sólidas y rollizos contornos y no los cadáveres que, caídos en pose infame, se abandonan a porvenir que no cree en dios alguno.

Y un servidor, acompañando mudo al Sr. Bellette por el cauce muerto de la vieja cacera, no deja de pensar en la paradoja de un bosque que no sobrevive al humano que lo plantó. En ese sinsentido de pino joven avejentado y roble viejo desdeñado, la naturaleza se pierde en el usufructo continuo, sin que humano y árbol sean capaces de consolidar amistad alguna que no fine en filo de hacha y cadena de caballería.

Allí, digo, viendo las raíces macilentas asomadas a un calce polvoriento con la esperanza de que el agua de Navalonguilla vuelva a corretear entre meandro y roca, cascarilla flotante y florecilla risueña, este que suscribe no deja de recordar que lo joven ha de tornar en viejo; la hoja secarse y la corteza, agrietada por una ensoñación de vigor tardío, descuajaringarse en anciana concurrencia de grietas oscuras y hendeduras de araña hambrienta; que entre tanta juventud divina, insensata vida desperdiciada en alarde contingente, la naturaleza ha de renovarse en constante ciclo desalmado. Seguro estoy de que la pinochera bendita de infinita columnata tendría un día que envejecer, restañar tanto florecimiento en tronco ensanchado, acículas largas y parduzcas, copa desafiante y claroscuro sempiterno de atardecer permanente. Ahora bien, no puedo dejar de pensar que un bosque envejecido no deja de ser una aberrante imposición de la humanización más desalmada en una naturaleza que acabará por escarmentarnos.

No puedo dejar de pensar que un bosque envejecido no deja de ser una aberrante imposición de la humanización más desalmada en una naturaleza que acabará por escarmentarnos

Los bosques frente al hombre siempre han de ser púberes ante cigotos sin desarrollar, donde la brizna del tejo que bosteza resume la existencia de un millar de generaciones humanas. Que con cacera rebosante y orgulloso pimpollo nunca habría de sentirse atardecer alguno en Navalhorno, más allá del parpadeo imprevisible de las mariposas felices de compartir una infancia eterna entre los jóvenes tallos de la pinochera inmortal.

Compartir en Facebook122Compartir en X76Compartir en WhatsApp
El Adelantado de Segovia

Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

  • Publicidad
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
  • KIOSKOyMÁS
  • Transparencia
  • Términos y condiciones
  • Términos y condiciones

¡Gracias!

Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.

Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.

Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
Estadísticas

Marketing

Características
Siempre activo

Siempre activo
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Administrar opciones
  • {title}
  • {title}
  • {title}
No Result
View All Result
  • Segovia
  • Provincia de Segovia
  • Deportes
  • Castilla y León
  • Suplementos

Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda