Salvador Azpiazu e Imbert. San Andrés (Segovia). Dibujo. La calle Daoiz, ayer Canongía Nueva, tiene varios elementos reseñables: algunas casonas que fueron de nobles, un convento fundado por Santa Teresa de Jesús -grande escritora mística-, un jardín trazado sobre un antiguo convento de mercedarios y una iglesia románica con esbelta torre adosada y coronada con hermoso chapitel de pizarra, puesto en ella en el siglo XVII. Jardín -fue el primero que se trazó en la ciudad- e iglesia han sido motivo buscado por artistas que no siempre hicieron con ellos una obra acabada, sino un esbozo, de señalada belleza. Cuando el dibujante volvió a su estudio y abrió la carpeta, no estuvo muy seguro de dónde fuera ese dibujo y puso Segovia? con un signo de interrogación.

Pablo Lázaro Peinador. Calle de Segovia. O/l. Sin fecha. Academia de Historia y Arte de San Quirce. La Universidad Popular Segoviana, para contribuir al desarrollo de la actividad artística de la ciudad, prestaba el aula de San Quirce para que se hicieran exposiciones individuales, pidiendo a cambio una obra de las expuestas. Uno de los que expusieron fue el joven Pablo Lázaro Peinador, de quien pienso que pudo ser el autor de este pequeño cuadro, que no tiene firma ni está fechado. El tema es semejante al que vimos en el dibujo de Salvador Azpiazu: el comienzo de la calle Daoiz, a la izquierda los árboles del jardín de la Merced y la iglesia de San Andrés cerrando la escena.

Frutos Casado de Lucas. Iglesia de San Andrés. Acuarela. 1992. Más de cincuenta años después, Frutos Casado de Lucas volvió a repetir el motivo, con muy pocas variantes, una de ellas, los automóviles, aparcados junto a una de las aceras de la calle; otra, la presencia de un kiosko de prensa, chuches y recuerdos de Segovia para turistas; y la tercera, que es invierno y los árboles aparecen sin hojas. El porqué de la coincidencia se basa en que la calle, los árboles del jardín y los volúmenes del templo componen una estampa llamativa que, por lo que tengo observado, ha sido pintada muchas veces.

Manuel Bernardo. Desde mi balcón. O/l. 1956. Veníamos de este a oeste y ahora vamos a mirar de oeste a este, pero desde un balcón, para ver la torre de la catedral a nuestra izquierda. Y a quien robo palabras es a Antonio Machado, que se las dirigió a Guiomar en una carta: “…Y en Segovia estoy. Aunque te parezca extraño, la noche está tibia y tengo abierto el balcón… Cuando salga a echar esta carta, daré una vuelta por nuestro barrio, pasaré por la calle Daoiz; iré al balcón del Alcázar, para ver la Mujer Muerta, que vimos aquella noche de verano, ahora toda cubierta de nieve, y volveré por la calle Velarde y rezaré en el sitio que tu conoces. Ríete un poco de tu poeta, diosa mía, ¡tan románticón! y tan loquito por ti”.

Aguado Arnal. Casas de Segovia. O/l. 1923. Tratada con IA. Unión de las calles Canongía, Vieja y Nueva, pero en un espacio tan alterado que no identifico bien el lugar exacto. Para más confusión, el pintor colocó dos elementos identificables pero que hoy no se ven: a la derecha de la torre de San Andrés, el cedro del jardín de la Merced y, a la izquierda, la gran copa del nogal del convento de las Siervas. Escribe Mariano Grau: “La calle de Velarde, ayer Canongía Vieja, recoge al morir el último estertor de la de Daoiz, su hermana, que antaño hubo de llamarse Canongía Nueva. Calle pina, de pavimento áspero. Si lanzamos un momento la mirada por ella, una perspectiva de discretas viviendas se ofrecerá a los ojos. De poca prestancia tienen, sin embargo, por su parte posterior jardines de situación imponderable, abiertos a los soles y al panorama del mediodía”.

Justus Halberstma. Calle Daoiz (Segovia). O/l. 1956. Este pintor holandés debió plantar su caballete por donde unos treinta años antes lo había hecho Aguado Arnal, lugar que no identifico con precisión. ¿El tejado de la casona en la que concluye la calle Canongía Nueva? No se aprecian bien los posibles trazados de las dos Canongías, de la torre ha eliminado detalles, simplificando el chapitel y haciéndola sin ventanas, no ha pintado los dos árboles, como sí hizo en su momento el riojano… No es extraño que en dos libros que he visto comentada esta imagen, la iglesia aparezca citada como San Esteban.

Ana Miranda. Sin título. O/l. Sin fecha. Col. Teresa Tardío. Seguimos paseando por la calle Daoiz, pero atrapados en la confusión. Aquí, ¿de dónde viene ésta? De la torre, representada sin su chapitel de pizarra, sustituido por uno a cuatro aguas, que se supone hecho de tejas árabes por el color. Pero que sí es la torre de San Andrés nos lo dicen los vanos, en ritmo dos , dos, tres, de abajo a arriba, y no los numerosos que tiene la torre de San Esteban con la que puede confundirse. Y que estamos en la calle Daoiz nos lo dice también el cupulín que se ve al fondo, a la izquierda, que es el que cubre la escalera de acceso a las galerías altas del interior de la catedral.

Antonio Rodríguez. Real Colegio de Artillería. O/l. 1974. Academia de Artillería. Aquí, delante de la plazuela en la que se levantó la Catedral de Santa María, destruida por las tropas de Carlos I en la Guerra de las Comunidades, convergían y concluían las calles Canongía Vieja y Canongía Nueva. Casi tres siglos después, con el hierro de los fusiles que el fin de la Guerra de Independencia había hecho inútiles, el espacio se cerró con una verja abierta con tres puertas, la central marcada con las cureñas de viejos cañones. En los años setenta del pasado siglo, la Academia de Artillería convocó varios premios de pintura y en uno de ellos se premió este óleo, de amarillo luminoso, obra de Antonio Rodríguez.

Mauricio Fromkes. Ronda de Juan II. O/l. 1943.El paseante giraba a la izquierda y daba con la Ronda. Dionisio Ridruejo aprovechó para hablar del artista: “No sabría decir exactamente en que año llegaron a España el pintor americano Maurice Fromkes y su mujer Eva. Debían andar los dos por su media edad. Habían venido a pasar dos meses, pero se quedaron dos años y volvieron. Les habían gustado mucho -como a Rilke-, Toledo y Ronda , pero al fin se instalaron en Segovia, donde alquilaron y arreglaron una casita con jardín pequeño y terraza alta que daba frente al Parral. Tenían para sí aquel paisaje límpido y minucioso por el que serpentea la carretera de Zamarramala, con la iglesia de la Vera Cruz a un lado y el convento carmelitano de San Juan de la Cruz al otro”.

Rafael Peñuelas. El paseo del pueblo. O/l. Ca. 1922. Museo del Torreón de Lozoya. Seguimos caminando por la Ronda al ritmo que nos marca Mariano Grau en su Segovia cinta en tecnicolor: “Ahora el camino canta entre tapia doble. Al iniciarlo pudimos ver un rótulo. Paseo de Juan II, pero distrajo nuestra atención la vista de otros jardines diminutos que vuelcan sus plantas por encima de la pared. Pertenecen a las casas de la Canongía Nueva; a esas casitas cuya fachada posterior, la que cae en nuestra ruta, guardan los vidrios de sus balcones un magnífico muestrario de crepúsculos. A veces, la pompa fresca de la yedra sube hasta los tejados y se percibe la trama sutil de la parra silvestre, que luego, en el otoño, ha de vestir los muros con la púrpura cálida de sus hojas”.

Paul de Castro. La Catedral desde la Ronda. O/l. Ca. 1935. Cuando Paul de Castro, francés alto y desgarbado, de posible ascendencia española, llegó a Segovia, pasó a residir en una casa de la Canongía Nueva, hoy Daoiz, próxima a un jardín y a una escalera que llevaba a la Judería. Hay que suponer que le atraería esa antigua barriada, con sus callejas y callejones, con sus corrales, con sus plazuelas y sus desiguales construcciones sobre las que se alzan cresterías y chapiteles. Pintó mucho y aunque conozco poco de lo que hizo, a tenor de lo que he alcanzado a ver, le defino como pintor maduro y con oficio, algo perceptible en este cuadro en el que plasmó la entrada a la plazuela del Socorro, punto final de la Ronda.
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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