Anónimo. Arco de la Claustra. Grabado. 1898. Voy a mandar imágenes y comentarios sobre un barrio segoviano tan diferente e insólito que hasta tuvo derecho de asilo. Comienzo con un texto de José Galache Álvarez, (Biografía de una ciudad, 1989): “Tiene este barrio de la Claustra segoviana el silencio y la serenidad de la liturgia conventual, rigiéndose por reglas cuasi monacales, pero para ser cumplidas por clérigos seculares, que viven en el siglo y que, pared con pared, habitan con colectivos urbanos de distinta especie. En el año 1496, el Obispo promulga una norma por la que se impide tener cerdos en el barrio, para que este tenga mayor limpieza, igualmente se prohíbe arrojar basuras por la cerca abajo e en la ronda e en el muladar debajo del. Disponía el barrio de servicio contra incendios, obligándose los moradores a tener hombres y azadones, calderos y otros artilugios para cualquier eventualidad”.

Aguado Arnal. Puerta de las Donadas. O/l. Ca. 1923. A este cuadro le ha puesto color la IA, y las palabras son de Mariano Sáez y Romero, que describió la vía, por entonces ya llamada de Velarde, en su libro Calles de Segovia, publicado por los mismos años: “Está situada esta calle entre la de las Descalzas y la de Daoiz a su llegada a la plazuela del Alcázar… Es una calle solitaria llena de melancolía y veneración que conserva la única puerta que queda de la Claustra, pues las otras se derribaron para pasar la comitiva en las bodas de Felipe II con Ana de Austria. Es un arco de medio punto con friso de renacimiento y una imagen en su parte superior”.

Eduardo Navarro. Una calle de Segovia. aguafuerte. 1929. Alguien definió en su día a Emilio Navarro como poeta del aguafuerte, técnica de grabado a la que había sabido quitar su adusta rigidez, dotándola de una flexibilidad afectiva que abarcaba desde los temas dramáticos hasta las notas de lirismo más populares. Para el crítico de arte Gil Fillol, con Eduardo Navarro el aguafuerte había entrado en otra dimensión, demostrando que para pintar no siempre se necesita paleta. Los efectos de luz que el artista conseguía siempre eran magistrales y poéticos.

Cuenca Muñoz. Puerta de la Canongía Vieja. O/l. Pintando en Segovia en un día luminoso y en esos parajes de tejados desiguales que distribuyen la luz a capricho, casi por fuerza hay que ser impresionista. En esa línea se movió este pintor cordobés que vivió la España de los noventayochistas en una Córdoba en la que todos los favores de crítica y público los acaparaba el reconocidísimo Julio Romero de Torres. Cuenca Muñoz, excelente colorista, fue un pintor de larga trayectoria y múltiples registros, de mujeres elegantes, de escenas callejeras, de personajes de zarzuela… Unos personajes que, aunque fueran andaluces en Segovia, siempre daban vida a sus cuadros.

Manuel Bernardo. Canongía Vieja. O/l. Ca. 1945. El barrio de las Canongías tenía tres puertas para cerrarlo, aislarlo o defenderlo. Hoy sólo queda una, llamada de la Claustra. Era un barrio concebido para los canónigos de la cercana Catedral, construida en la plazuela del Alcázar y que, a semejanza de los templos, durante la Edad Media tuvo derecho de asilo para delincuentes. Si uno de estos entraba en él sólo un sacerdote podía entregarle a la justicia, siempre con la condición de que se le respetase la vida. Ah! Y a quienes les estaba prohibido residir en él era a las mujeres, salvo que fueras viejas y feas.

E. Peck. Calle de Velarde. O/l. 1950. Hasta un Nóbel de literatura, Camilo José Cela, escribió sobre este barrio segoviano: “La calle de Velarde o Canonjía Vieja, y la de Daoiz, o Canonjía Nueva, forman lo que en tiempos -cuando estaban muradas y se abrían sobre Segovia al toque de oración- se llamó Claustra y tuvo fuero propio y derecho de asilo, El vagabundo cruza por la única puerta que se conserva y que se sigue llamando Puerta de la Claustra; las otras dos, que se levantaban en la Canonjía Nueva fueron echadas al suelo en el S. XVI, para que pudiera pasar el cortejo de la que iba a ser cuarte esposa de Felipe II, doña Ana de Austria. El vagabundo piensa que después de todo, fue una suerte que a la princesa no se le ocurriera entrar por el acueducto”. Yo recuperaría las dos puertas derribadas y aún el toque de oración.

Ángel de la Osa. Calle de Velarde. O/l. 1980. A pintor contemporáneo, escritor del momento. Moncho Alpuente: «El viajero que ha llegado hasta aquí por la ventosa calle Daoiz suele decidirse por la calle Velarde. Daoiz y Velarde, que antes de ser héroes en Madrid fueron cadetes en Segovia, son casi una pareja de hecho, hermanados en las crónicas, en los callejeros y sobre los pedestales. La calle Velarde corre pareja con la de Daoiz en nobleza y prestancia. En sus inicios se abren los dos arcos románicos de la Puerta de la Claustra, uno cerrado y otro abierto, que preside una pequeña imagen de la Piedad. En la calle Velarde hay muchas portadas románicas y un jardincillo con mirador dedicado a la memoria del pintor norteamericano Mauricio Fromkes». La puerta de la derecha, neorrománica, obra del escultor Toribio García, no quita armonía al paraje.

Eduardo Martínez de Pisón. calle Velarde. Dibujo. 1976. Tanto el dibujo como el texto son del mismo autor. Tomado de su libro Casas de Segovia (1976): Esto fue: “El importante barrio en la historia social, en el urbanismo medieval, en el arte arquitectónico civil y en la geografía actual de Segovia de las Canonjías, con la puerta de la Claustra y las casas románicas…” Esto es: “La conservación del conjunto y de cada casa en particular, con las típicas piezas, estructura y ornato es muy grande; su atractivo cultural y estético ha llevado últimamente a que empiecen a ser adquiridas por forasteros como residencia secundaria, lo que introduce un elemento anómalo en su utilización común, como uno de tantos barrios por la población segoviana”.

Leoncio Martínez Cameno. La Canongía Vieja. Acuarela. 1988. A este artista le gustaba ver las piedras claras y envueltas en luz. También recrear la arquitectura desde posiciones alejadas de lo convencional. Y ambas cosas pueden apreciarse mirando esta limpia y luminosa acuarela que pintó dentro de una serie dedicada el año 1988 al románico, arte de la repoblación, por celebrarse el noveno centenario de la llegada de los repobladores norteños a los pies de la sierra de Guadarrama.

José Luis López Pérez. Canongía Vieja. Acuarela. Sin fecha. Leyendo a Mariano Grau: “Estamos en otro de los lugares perfectamente deslindados de la Segovia antigua. Ya por este nombre se comprenden muchas cosas sin necesidad de explicarlas. Barrio de canónigos, serio, silencioso, pensativo… Y, ahora, otro magnífico escenario: Colaboran en él las casonas de enrejado típico, un arco que divide la calle, la portada románica de la casa de los Carrasco. Sobre aquel, en la hornacina, un grupo de piedra de la Virgen con el cuerpo exánime de su hijo. Es la puerta de la Claustra, que con otras ya desaparecidas aislaba en la noche el barrio de los Canónigos. Hay al lado de la imagen un farolito que se enciende al caer el día”.

José Luis López Pérez. Calle de Velarde. Acuarela. Sin fecha. Original creación la de este artista que no se centra en el arco románico, al que lleva muy al fondo, sino en la calle, en las casas que la bordean, en sus enrejados, en el enlosado de la acera y en el adoquinado de la calzada, todo dentro de una atmósfera de autenticidad que, aunque sin acaso haberlo pretendido, pues recogió hasta los desconchones de la caliza, nos lleva a los momentos del origen. El artista no sólo ha pintado la calle, también su alma en ruinas. Adiós al barrio estremecido.
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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