No es la primera vez (ni posiblemente será la última puesto que el paso del tiempo ha ido agrietando las rocas que protegen el ‘cortado’ bajo el que se construyó el Santuario de La Fuencisla), que las Peñas Grajeras se desgajen en alguna que otra tonelada, un hecho que ha sucedido hasta en nueve ocasiones en las últimas dos décadas. La última de ellas ha sucedido a primera hora de la mañana de este martes, cuando cerca de 1.500 kilos de roca se vinieron abajo a pocos metros del arco barroco que da salida a la carretera de Arévalo.
Pasadas las 7:45 de la mañana, cuando no son pocos los vehículos que transitan por esa carretera para acceder a la ciudad, se produjo el desprendimiento, con varias grandes rocas más otras de un menor tamaño ocupando todo el carril de salida del Santuario de La Fuencisla hacia la CL-607, dejando mínimamente libre el carril de entrada a la ciudad.

Pocos minutos después de producido el incidente aparecieron en la zona dos agentes de la Policía Local, que ordenaron el tráfico dando paso alternativo a los vehículos hasta la llegada de una dotación de cuatro bomberos, que con grandes mazas fueron rompiendo las rocas de mayor tamaño con el fin de poder liberar la vía, en un trabajo que se prolongó durante más de dos horas y media. Finalmente, tres horas después de producido el desprendimiento, la carretera quedó liberada de roca y se restableció la normalidad en cuanto al tráfico.
Sin daños personales ni materiales
No se produjeron daños personales ni materiales más allá de la propia ocupación de la calzada, aunque el incidente volvió a poner de manifiesto la persistencia de un problema geológico que acompaña desde hace décadas a uno de los enclaves más emblemáticos de la ciudad. Las Peñas Grajeras, el escarpe rocoso que se eleva sobre el santuario de la patrona de Segovia, presentan una larga historia de desprendimientos favorecidos por la propia naturaleza de la roca, la acción histórica del agua y el progresivo ensanchamiento de las grietas existentes.
De hecho, el episodio registrado este martes constituye el noveno desprendimiento documentado en el entorno de La Fuencisla desde comienzos del presente siglo. El más grave de todos ellos se produjo el 7 de abril de 2005, cuando entre 1.000 y 2.000 toneladas de roca se desplomaron sobre la Casa Rectoral situada junto al Santuario. El edificio quedó prácticamente destruido y tres religiosas resultaron heridas como consecuencia del derrumbe.

Aquel suceso obligó a adoptar medidas de emergencia para garantizar la seguridad del santuario y de las personas que frecuentan la zona. Los estudios realizados tras el derrumbe detectaron importantes fracturas en el macizo rocoso, lo que llevó a la Junta de Castilla y León a impulsar una actuación de estabilización de gran envergadura.
Los trabajos consistieron en la colocación de mallas metálicas de protección, anclajes profundos y otras medidas destinadas a fijar los bloques más inestables y reducir el riesgo de nuevos desprendimientos. La intervención supuso una inversión cercana a los 800.000 euros y permitió asegurar buena parte del frente rocoso que domina el valle del Eresma.
Sin embargo, las actuaciones no evitaron que apenas dieciséis días después volviera a producirse otro incidente. El 23 de abril de 2005 se registró un nuevo desprendimiento en las inmediaciones del arco barroco que comunica el santuario con la carretera de Arévalo, prácticamente en el mismo lugar donde se produjo la de ayer. En aquella ocasión las rocas alcanzaron a un vehículo que circulaba por la vía, aunque sin que trascendieran consecuencias de gravedad.
Cinco en cinco años
La actividad de las Peñas Grajeras volvió a hacerse visible en 2008. El 13 de mayo se produjo un nuevo desprendimiento en el entorno del Santuario, al que siguió otro el 20 de julio del mismo año. Ambos episodios obligaron a adoptar medidas preventivas y a extremar la vigilancia sobre el estado de la ladera.
Cuatro años después, en 2012, se registraron otros dos incidentes. El primero tuvo lugar el 16 de agosto y el segundo el 1 de octubre. Aunque de menor entidad que el ocurrido en 2005, ambos confirmaron que la inestabilidad del terreno seguía siendo una cuestión presente pese a las obras ejecutadas años antes.

La serie continuó el 12 de abril de 2013 con otro desprendimiento documentado en la misma zona. Las administraciones mantuvieron entonces los trabajos de seguimiento y control de la ladera, conscientes de que el comportamiento del macizo rocoso exige una vigilancia permanente debido a las características geológicas del paraje.
Durante más de una década no se produjeron incidentes de relevancia pública hasta que el 26 de enero de 2024 volvió a registrarse un nuevo desprendimiento. Aquel episodio coincidió con la preocupación existente por el deterioro de algunos elementos situados en la parte superior de la ladera, lo que llevó a adoptar diversas medidas preventivas en las inmediaciones del Santuario.
Los especialistas han señalado en numerosas ocasiones que el entorno de las Peñas Grajeras se trata de un escarpe natural sometido a procesos continuos de erosión y fracturación, por lo que la caída ocasional de bloques forma parte de la evolución natural del propio relieve. La zona en la que se ha producido este último derrumbe ya cuenta con algún antecedente.
