Empiezan las “ferias y fiestas de San Juan y San Pedro”, en Segovia. Bastante anodinas, sin nada que las distinga. A partir del momento en que la ciudad dejó de ser ganadera, que por no tener, no tienen ni han tenido un emplazamiento donde poder montar el ferial, que estuvo en la Plaza Mayor, en el Salón, junto a los Jardinillos de San Roque, en el barrio de San José… Con pocas atracciones y espectáculos pobres. He revisado mi archivo y he encontrado imágenes en las que la protagonista es la motocicleta. Aquí os muestro algunas de esas fotografías. En la Plaza Mayor, años 50, con motos de pequeña cilindrada se hacían gimkanas que el público seguía.

De las gimkanas, más pasatiempo que competición, se pasó a las carreras. También con motos de pequeña cilindrada, los motoristas poco protegidos y el escenario trasladado a la Avenida Fernández Ladreda, con calzada y aceras, pero todavía con pocas construcciones, mucho público dispuesto a seguirlas y sin ninguna protección. La gente se agolpaba en los laterales hasta alcanzar los bordillos, sin ningún miedo a que las motocicletas pudieran salir de su trazado y sin preocupación por el ruido, que sí lo hacían fuerte. Eso, el ruido era lo más apreciado por los espectadores. Fotografía de los años cincuenta.

Las carreras de motocicletas acabaron consolidándose y convirtiéndose en uno de los platos fuertes de los festejos de ferias. El año 1953 empezó a correrse el que se proclamó con mucho énfasis, Gran Premio del Excmo. Ayuntamiento, anunciado con un cartel y un folleto de bonito diseño. Hubo varias ediciones, organizadas por el Moto Club Segoviano y el patrocinio del Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad. El cartel del año 1957, máquina y piloto, como moderno centáuro, en plena competición, lleva la firma E S (Enrique Serichol).

Seguimos con las motos. Rugían en el circuito preparado para ellas: avenida Fernández Ladreda, Camino Nuevo, calle de Santo Tomás, calle de la Asunción que ya había pasado a llamarse del Gobernador Fernández Jiménez… El Gran Premio se corría el día grande, el 29, festividad de San Pedro, y era el espectáculo más promocionado y concurrido, en un momento en el que el otro grande, la corrida de toros, había entrado en plena e irremisible decadencia. El público segoviano, más el de la provincia que el de la ciudad, llenaba las aceras que, como puede apreciarse en la fotografía, no tenían protección de ningún tipo. A pesar de ello he de decir que, en lo que yo recuerdo, unca hubo un accidente. Y sí fotógrafos que captaban instantáneas de la prueba.

La fotografía, aunque carece de nitidez, basta para dar idea de lo que las carreras suponían para el público segoviano, que se apiñaba a ambos lados del Camino Nuevo -repito, sin unas ligeras pacas de paja que sirviera de protección- para animar a los corredores -Corsín, del Val, Nieto…- y, como valor añadido, apreciar la belleza de un espectáculo que se desarrollaba ante un escenario tan magnífico como el que se compone por el sureste, que tiene como telón de fondo la incomparable mole de la Catedral. Por los arcos con bombillas que se ven en esta fotografía, aquel año el ferial se había colocado en el tramo del Camino Nuevo, lugar donde hoy se levanta el edificio de la Policía Nacional.

Al cabo de poco tiempo, las carreras por el circuito urbano, con su rugir de motores, comenzaron a molestar a los vecinos. Hubo protestas y, a causa de ellas entre otras cosas, el Gran Premio dejó de correrse. Pero las motocicletas, ahora en la modalidad de motocross y en un circuito agreste, no dejaron de estar presentes en los festejos. Con menos público, eso sí, acaso por lo difícil que era llegar hasta el circuito, al otro lado del cerro de la Piedad. Los que no fueron se perdieron esa preciosa vista de las motos recortándose ante el telón de fondo del sur de la ciudad de Segovia.

Veintinueve de junio, día de San Pedro y fin de las fiestas patronales de Segovia, que se cierran con la quema de un castillo de fuegos artificiales. Acabo este artículo, por tanto, con otra fotografía de una prueba de motocross de hace unos años. Aquel día había llovido y las motos corrían sobre el polvo convertido en barro, que salpicaba a hombres y máquinas. ¿Miraría el espectáculo del frenético movimiento la catedral, lejana e inmóvil?

Con el paso del tiempo dejé de asistir a las pruebas que en los festejos de ferias se hacían con motos, no porque hubieran dejado de gustarme sino porque cada vez me costaba más acercarme al escenario, tan alejado y agreste. En aquel momento las fotos ya no se hacían en blanco y negro, sino ya en color e incluso con cámaras digitales, al alcance de todos. Pero algún amigo, en este caso Mario, siguió yendo como espectador a estas pruebas. Como espectador y como testigo, haciendo fotografías de un espectáculo que, con la Catedral de Segovia como cortina de fondo, continuaba siendo fascinante.
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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