El Adelantado de Segovia
miércoles, 17 junio 2026
  • Segovia
  • Provincia de Segovia
  • Deportes
  • Castilla y León
  • Suplementos
El Adelantado de Segovia

Con Juan Marsé se va el último representante de la mejor novela española del siglo XX

por El Adelantado de Segovia
20 de julio de 2020
Juan Marsé, Premio Cervantes 2008. / Europa Press

Juan Marsé, Premio Cervantes 2008. / Europa Press

Compartir en FacebookCompartir en XCompartir en WhatsApp

Olmedo, teatro clásico

El burgalés Álex Grijelmo es elegido para ocupar la silla “o” de la Real Academia Española

La Guardia Civil de El Espinar entrega al Banco de Alimentos productos intervenidos para evitar su desperdicio

Juan Marsé nunca fue un miembro nato de la “gauche divine” barcelonesa. Acaso bordeara sus arrabales. Pero nada más. Los catalanes de izquierda o de derecha, altos o bajos, gruesos o flacos, siempre han tenido un marcado toque de supremacismo. Intelectual o social. A la “gauche divine” pertenecieron miembros de la alta burguesía catalana como Gil de Biedma, Pere Portabella, los Tusquets, Esther y Óscar, o los Maragall. No Juan García Hortelano, Manuel Vázquez Montalban o Juan Marsé. Aunque fue redactor jefe de la revista “Bocaccio”, su conciencia social –no solo política- y su forma de vida le distanciaban de algunos de sus compañeros de generación. Mientras Gil de Biedma era secretario del consejo de administración de “Tabacos de Filipinas” y Óscar Tusquets un afamado arquitecto Marsé se ganaba la vida como auxiliar de un laboratorio bioquímico de París o, antes, en un taller de joyería.

A Juan le llamaban sus colegas bohopijos “Marsé”, que fonéticamente corresponde a Mercedes en catalán. A él aquello le sonaba a cuerno quemado, pero no le cabía otro remedio, pienso, que aceptarlo si no quería verse apartado de aquellos chicos guapos, brillantes, con reseñable pedigrí familiar y adictos al sexo y al alcohol. Él, en cambio, era hijo adoptado y solo compartía con el perfil de los colegas su afición, en ocasiones desmesurada, por el alcohol.

Una tarde de finales de los ochenta, disfrutando plácidamente de la brisa mediterránea, le recordé la anécdota del apelativo. Me despachó del grupo en el que estaba con cajas destempladas. Nunca más volví a tener relación cercana con él, y eso que lo intenté primero tras la publicación de esa magnífica novela que es “El embrujo de Shanghai” (1993), y, después, al editarse “Rabos de lagartija” (Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa en el año 2000), para mí una de las mejores novelas escrita en el siglo XX en español, aunque su publicación bautizara el XXI.

Es significativo que el autor de la novela social y neorrealista por excelencia del siglo pasado –al unísono con el Sánchez Ferlosio de “El Jarama”- diera un giro copernicano a su producción y se atreviera en “Rabos de lagartija” a experimentar con una estructura narrativa tan lúcida. Hoy no se puede entender al Manuel Vilas de “Ordesa”, ni algunos de los pasajes de Vilas-Matas, sin este libro tan rico en literatura. En ocasiones, la vida de un escritor tiene estas sorpresas, la misma que dio Miguel Delibes con “El hereje”, que nada tiene que ver con su producción anterior (1998), y que tan bien sirvió para reivindicar a un autor cuyas bocanadas literarias no siempre gozaban de buena salud. Delibes publicó “El hereje” con 78 años; Juan Marsé “Rabos…” con 67. Los dos sirvieron para despedir gozosamente un siglo con grandes altibajos en la narrativa hispánica.

Antes, había escrito -lo he dicho- “El embrujo de Shanghai” (1993), otra de sus grandes producciones. Todavía está grabada en mi memoria la transmisión al lector de determinadas sensaciones, como el aroma a huevos de los comienzos de la novela. Si algo caracteriza las mejores obras del autor es ese halo de sensaciones, de ilusiones, de imágenes en el que envuelve a quien se acerca a su obra. Me admira la unión de la narración cronológica con varias analepsis y el sentido de tragedia clásica contada por un non nato de “Rabos…”, pero quien se enfrenta a “El embrujo…” no puede escaparse, salvo de padezca de insensibilidad supina, de ese ambiente en el que la ilusión y la realidad se entremezclan sin que se diferencien claramente sus fronteras.

Y si sucede con la realidad y la ficción –ese es su legado al mejor Vilas-Matas-, lo mismo ocurre entre los hechos acontecidos y el recuerdo de esos hechos: se debe considerar con dudas lo que se cree recordar, este podría ser el lema de gran parte de su producción. Me interesa más este Marsé que el que se engarza en obsesiones como la ausencia del padre o la fascinación juvenil por la violencia, que tan bien personifica el Pijoaparte de Manolo Reyes en “Últimas tardes con Teresa” (1966), otras de su grandes obras. “Últimas tardes…” cierra la tetralogía de las mejores novelas de este autor con “Si te dicen que caí” (1973), un libro que me fascinó cuando lo leí: una novela dura, en donde la violencia transciende al sujeto y se hace social; protagonizada por una turbamulta pero de perfiles muy definidos, a la que hoy, sin embargo, temo enfrentarme por si, haciendo caso a Marsé, la memoria ha distorsionado mi capacidad crítica.

El Pijoaparte tiene continuación en una novela como “La oscura historia de la prima Montse” (1970) que, a mi parecer, pasó en su momento desapercibida por la inmediatez en su lectura con “Últimas tardes…”, y por sus conexiones argumentales, temáticas y estilísticas, pero que descontextualizadas las dos supone otra obra muy notable de Juan Marsé, a pesar del estrambótico final.

Pero el mismo autor escribió “La muchacha de las bragas de oro” (1978), vencedora del Premio Planeta, y en la que las referencias metanarrativas y quizá, solo quizá, la urgencia en su escritura configuraron un batiburrillo que no había por dónde cogerlo. El escritor no se resistió ante la golosina del premio. Tampoco lo hizo Juan Benet con “El aire de un crimen” (esta quedó finalista en 1980); ni Vargas Llosa con “Lituma en los Andes (1993); ni Cela con “La cruz de San Andrés” (1994). Todas, a excepción de “El aire…”, novelas muy menores, digamos que alimenticias.

Con la muerte de Juan Marsé se va el último representante de la mejor novela española del siglo XX, pero, como suele ocurrir, y es la gran riqueza de la literatura, persistirá su obra, unos libros que retrataron con igual énfasis una Barcelona, y una España, salida de la Guerra Civil que una sociedad en evolución desde el tardofranquismo a la democracia.

Compartir en Facebook122Compartir en X76Compartir en WhatsApp
El Adelantado de Segovia

Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

  • Publicidad
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
  • KIOSKOyMÁS
  • Transparencia
  • Términos y condiciones

¡Gracias!

Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.

Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.

Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
Estadísticas

Marketing

Características
Siempre activo

Siempre activo
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Administrar opciones
  • {title}
  • {title}
  • {title}
No Result
View All Result
  • Segovia
  • Provincia de Segovia
  • Deportes
  • Castilla y León
  • Suplementos

Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda