La paciencia de los conductores se ha puesto a prueba en los más de tres años que lleva en obras la carretera, y cuatro desde que se adjudicaron las obras.
Los trabajos de este tramo han sido ejecutados por la empresa Azvi, a la que le fueron adjudicados por 18,3 millones de euros, importe que sumado al coste estimado de las expropiaciones y de las asistencias técnicas vinculadas a las obras, arroja una inversión total estimada de 19,6 millones de euros.
Como medidas de integración ambiental de la obra destacan la adecuación de las obras del drenaje al paso de pequeña fauna; la revegetación de los taludes de terraplenes y desmontes empleando tierra vegetal e hidrosiembra y la plantación de especies autóctonas de árboles y arbustos. De igual modo, se han instalado pantallas contra el ruido en zonas cercanas a la población, y se ha realizado un seguimiento arqueológico de las obras
Aunque no es el máximo que permite una vía de alta capacidad, supone un gran aumento respecto a las limitaciones que había hasta la fecha, y sobre todo la que ha mantenido durante los más de tres años en que han permanecido en obras.
Ahora falta por completarse la obra de duplicación de calzada de la otra mitad de la SG-20. El Ministerio de Fomento recuerda que continúan avanzando las obras en el tramo contiguo hasta la conexión Norte con la A-601, dirección Valladolid.
Cuando se licitaron las obras de desdoblamiento de la carretera se presentaron 33 ofertas para llevar a cabo el primer subtramo, y 36 para el segundo. El montante era entonces de 66,7 millones de euros.
El plazo de ejecución de esta actuación era de tres años. De este modo se anunció entonces que los trabajos podrían estar terminados a principios de 2019. La realidad muestra que las fechas se han venido retrasando. De forma más acusada lo será el tramo que aún se encuentra desarrollándose.
Las obras conllevaron la necesidad de voladoras con explosivos, que se realizaron durante todo el verano y el otoño de 2016. Pero también con posterioridad. Algunas de ellas provocaron más de un susto. De hecho, en noviembre pasado, varios cascotes cayeron sobre la gasolinera y oficinas del Centro de Transportes de Semutransa, llegando también a golpear a un camión que repostaba. Afortunadamente ninguna persona sufrió daños.
También hubo que lamentar varias muertes en los primeros años de funcionamiento de esta carretera. Las últimas ocurrieron los días 1 y 24 de agosto de 2016, cuando fallecieron dos mujeres en sendos accidentes. Pero el año más trágico fue el primero de puesta en marcha de la circunvalación en que la cifra de víctimas mortales superó la docena. No en vano, un informe de Automovilistas Europeos Asociados (AEA) situaba a la SG-20 como una de las vías más peligrosas de la red de carreteras españolas, por la alta concentración de accidentes registrados entre 2008 y 2012.
