Álvaro Magdaleno y Zulema Herrero son los protagonistas de una historia de reinvención, emprendimiento verde y economía circular con las ocas como protagonistas. El pintor, y ella pedagoga, decidieron cambiar de vida durante la pandemia, abandonar su pequeño piso de Madrid donde vivían desde hace años y regresar a Nava de la Asunción para vivir mejor. ¿La excusa? Montar una granja de ocas. Álvaro nos cuenta la historia.
—¿Por qué ocas?
—Para compaginarlo con mi trabajo de pintor. Este animal produce en invierno, y cuando menos trabajo yo es en invierno… Llevo 20 años pintando y no iba a arriesgar todo de golpe en algo nuevo que desconocíamos.
—¿Cuándo arrancasteis?
—En 2022 empezó la tediosa travesía burocrática y en 2024 trajimos 200 ocas de Toulouse, Francia. Las traemos de pollitos y las criamos aquí. Tienen que pasar seis meses hasta que hacen la primera puesta y solo ponen huevos de enero a junio.
—¿Qué productos obtenéis de las ocas?
—Huevos. Cada oca pone unos 40 huevos así es que al año sacamos una producción de unos 8.000 huevos. Ahora mismo estamos recogiendo huevos, unos 80 o 90 al día. Esto no tiene nada de trabajo en serie, es un producto muy especial.
—De todos los huevos que sacáis, ¿cuántos colocáis en el mercado?
—Todos. El 100%. Los vendemos en su gran mayoría al sector de la restauración. Es donde más valor le dan al producto, donde lo conocen y donde lo elevan un poco más. Son los chefs, los restauradores, los que conocen el producto, los que hacen las elaboraciones. El huevo es una maravilla, pero los cocineros en los restaurantes te preparan un huevo de oca con un parmentier, con una trufa, con una patata, con unas cocochas. Son ellos los que lo elevan.
—Y si un lector quiere comprar un huevo de oca, ¿lo puede hacer?
—Hay varias tiendas en Segovia que venden nuestros huevos. También estamos desarrollando nuestra estrategia de venta online, pero esta es nuestra segunda puesta y vamos poco a poco. Cualquiera que esté interesado puede llamarnos y le informaremos de donde conseguirlos.
—¿Qué diferencias tiene con el huevo de gallina?
—Son productos diferentes. El huevo de oca es un producto gourmet. Es tres veces más grande y su sabor y su textura son muy diferentes. Para repostería está muy valorado por la cremosidad de la yema, porque tiene una yema que en proporción es grandísima y muy cremosa. Y luego, a mí como más me gusta es haciéndolo frito con un acompañamiento. Es una yema súper naranja, muy untuosa. Tiene una consistencia casi, te diría, de miel. Es como un poco dulce. Al final el huevo, esa yema, hay que pringarla con pan y disfrutarla.
—¿Qué precio tiene?
—Cada huevo suele costar entorno a los 5 euros. Es un producto especial, es España solo hay cuatro granjas de huevos de oca.
—¿Son animales delicados?
—Es un animal muy rústico. Sobre todo, los dos o tres primeros meses de vida son muy sensibles a enfermedades y, aparte, cuando vienen de pequeños no termorregulan. Hay que darles calor, hay que darles un pienso rico en grasas. Esa época son animales que necesitan muchos cuidados.
Una vez que pasan esa época, que tiran el primer plumón y empiezan a sacar su pluma, se convierten en un animal muy duro, que simplemente teniendo cuidado en su dieta y proporcionándole agua buena, de buena calidad, son animales muy duros. Nosotros lo que perseguimos es que el proyecto cumpla con la sostenibilidad, con el bienestar animal. Es muy importante que los animales se críen de la mejor manera posible, casi de forma salvaje, porque están en cuatro hectáreas. Tienen dos hectáreas de pastos y dos hectáreas de pinar.
—¿Habéis conseguido equilibrar cuentas?
—Es pronto. Todavía seguimos compatibilizando la granja con nuestros trabajos porque el proyecto es muy ambicioso. La inversión que hemos hecho ha sido muy grande y nos queda todavía un poco por completar. Pero vamos en buena línea. Además, van surgiendo otras líneas de negocio que tenemos que explorar y también es cuestión de inversión. La idea es, en pocos años, tener una dedicación exclusiva a ello.
