Lo que son las cosas, hace ya unos cuantos años escribía unas líneas para otro medio precisamente sobre este tema, creyendo que estaba ya todo dicho y hecho. En aquella ocasión no hacía sino ahondar en las cuestiones positivas y negativas que se derivaban de la aprobación del Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) de la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama. Se trataba del primer estudio que se realizaba con el fin de poner los cimientos de un futuro Parque Nacional. Después éste fue modificado repetidas veces hasta que, junto con el aprobado por Castilla y León, ha marcado los límites del Parque Nacional. El caso es que, a pesar de todos los años que han transcurrido las cosas no han cambiado mucho.
El Parque Nacional que aprobó la semana pasada el Congreso de los Diputados sigue adoleciendo de los mismos puntos débiles, y continúa suscitando el rechazo de un gran abanico de grupos conservacionistas y asociaciones de diferente índole. Sí, es verdad, el Parque Nacional que ahora resta que apruebe el Senado (previsiblemente en mayo o junio), tiene muchos peros, muchos aspectos controvertidos, a nadie parece gustarle, ni a uno ni a otros. Pudiera parecer que se ha avanzado poco o nada, y en algunos aspectos es así, pero lo cierto es que estamos a punto de ver realizada una pretensión ambientalista que arrancó hace un siglo.
Doce años de trámites burocráticos. Debemos de ser conscientes y sabedores de lo que ocurre con las otras comarcas españolas que albergan un Parque Nacional, ¿les va mal?, pues no. Esto es algo que deberíamos tener muy en cuenta a la hora de posicionarnos a favor o en contra del Parque, que por cierto, se llamará Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, lo de «Cumbres» se ha quedado por el camino. Pero ya estamos en la recta final. Ahora sólo queda esperar su llegada, su creación y su puesta en marcha. Para bien o para mal parece que hemos llegado al final del camino, ahora somos todos los que vivimos a las faldas de las montañas del Guadarrama los que debemos imprimirle su particular sello al Parque Nacional, como ha sucedido en los otros 14.
Pero hay algo que todavía representa una grave amenaza al Parque Nacional, tanto es así que puede acabar con él de un plumazo, antes incluso de que vea la luz, así es y ha sido desde siempre su historia. Nos referimos al recurso interpuesto en por Ecologistas en Acción contra el Plan de Ordenación de Recursos Naturales y sobre el que aún no se ha pronunciado el Tribunal Supremo. ¿Y si este tribunal diera la razón a los ecologistas y dictaminara la nulidad del Parque Nacional? No vamos a decir aquí que carece de fundamento el recurso planteado por Ecologistas en Acción pero ¿merece la pena, a pesar de los pesares, volver a empezar todo esto?
Todos tenemos la esperanza de que aprobado el Parque Nacional se vayan sumando a su perímetro de máxima protección (33.960 hectáreas) aquellos espacios que hoy se han quedado fuera de forma injustificada (El Pinar de los Belgas, los valles de la Fuenfría y La Barranca…) o eliminar los estrechamientos anti natura como el que se da en la zona de la estación de esquí de Navacerrada, cuya compatibilidad, junto con la de Valdesquí, al lado de un Parque Nacional, está aún pendiente de someterse a un debate conservacionista, científico y social serio.
Ahora o nunca. Ciertamente poco tiene que ver el Parque Nacional que este año verá la luz, en principio, con la propuesta que en 2005 presentaba recogida en 20 tomos el catedrático Eduardo Martínez de Pisón. Que a su vez poco parecido tendría, a buen seguro, con el que soñaban aquellos guadarramistas impulsores originales de la creación del Parque Nacional. No se trata de adoptar una posición conformista, nada de eso, hay que esperar a tener la oportunidad para actuar. Pero si al final prospera el contencioso y se resuelve la nulidad de todo lo aprobado, a buen seguro se olvidará para siempre el Parque Nacional. ¿Es tan difícil darle, o darnos, una oportunidad?
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(*) Periodista ambiental y director de ElGuadarramista.com.