Hace unas cuantas décadas, cuando comenzaba a juntar palabras en este periódico, recuerdo a mi señor padre recomendándome que me bajara al ‘Atenas’ para cubrir la llegada de una de las numerosas pruebas ciclistas que despuntaban en los albores del verano segoviano. Y allí tenías que ver al pardillo de El Adelantado buscando entre la vorágine de la meta a un alma caritativa que pudiera orientarle acerca de cómo hacerse con unas clasificaciones, porque el tema del internet y los móviles inteligentes (o así) todavía estaba en pañales.
Y allí conocí a un señor alto y con cara de buena persona que parecía manejarse con una cierta tranquilidad entre la multitud. En cuanto me acerqué a preguntarle por las clasificaciones, me dijo “vente conmigo”, y me metió en la parte de atrás del Atenas, donde los jueces cotejaban dorsales para dilucidar los ganadores de las diferentes clasificaciones.
Pepe Palomino, que así se llamaba mi ángel de la guarda de aquellas clasificaciones ciclistas, y de muchas otras más, había sido portero de balonmano en sus tiempos mozos, y posteriormente se convirtió en uno más del grupo de imprescindibles del ciclismo de Segovia, junto con Antonio Barrio, los hermanos Valero, Carlines… y otros tantos que a lo largo de los años han invertido su tiempo en fomentar el ciclismo en Segovia, dejándose las pestañas en la organización de unas carreras a pesar de que las piedras en el camino han sido, y son, cada vez mayores, pero siempre con una palabra amable para este periodista.
Para mí Pepe Palomino, con su cercanía, su dedicación y sus ganas de colaborar, representaba todo lo bueno que existe en el deporte de Segovia. Y ahora que se acaba esta temporada ‘desde la grada’ no quiero olvidarme de agradecer a aquellos que año tras año siguen perdiendo tiempo y dinero (pero nunca categoría) intentando hacer crecer a sus respectivas modalidades deportivas.
