Parece que los independentistas se encuentran cómodos con la corrupción y el infierno fiscal de este gobierno. Al parecer prefieren mantener un gobierno débil que favorezca sus intenciones e intereses, antes que apoyar la celebración de unas elecciones para recuperar la decencia de España. En su día ya escribí que Unamuno veía en el nacionalismo vasco una represión, un retorno al aislacionismo, un rechazo a la cultura universal a la que los vascos habían accedido gracias a su pertenencia al estado español.
Hoy hablaré de Menéndez Pidal que sostenía que el nacionalismo catalán es, en gran medida, producto de una manipulación de la historia. Y eso no es un exabrupto, sino una crítica de enorme calado que debe entenderse en un debate intelectual profundo sobre cómo se construyen las identidades colectivas.
Trataré de explicar con calma, sin consignas y sin insultos, en qué consiste esa “manipulación”. Pero antes, debo aclarar que Menéndez Pidal no negaba la existencia histórica de Cataluña, ni la personalidad jurídica de sus instituciones medievales, ni la riqueza cultural de la lengua catalana. Tampoco negaba la historia catalana; lo que negaba es la versión que la convertía en el arma ideológica que pretendían imponer.
La realidad histórica es que nunca existió un Estado catalán soberano moderno. Sí que existió el Condado de Barcelona dentro del mundo feudal, y luego la Corona de Aragón, que era una confederación dinástica, no un Estado-nación. Resumiendo, Cataluña nunca fue sujeto de soberanía internacional independiente, como sí lo fueron Francia, Portugal, Inglaterra, etc.
Otro gran punto de manipulación es el uso de la guerra de 1714. Su relato nacionalista es que “España conquistó Cataluña y abolió su libertad”. Pero la realidad histórica es que fue una guerra de sucesión dinástica, no una guerra de independencia; sin embargo el nacionalismo pretende convertir una derrota dinástica europea en una épica nacional anti-española. Quieren que esa derrota militar de 1714 sea su gran mito fundacional. Mito que trataré de desmontar más abajo, porque una de las manipulaciones centrales del relato nacionalista es que fue un Estado soberano independiente hasta 1714.
Otra distorsión clásica: “Tenemos lengua propia, luego somos una nación política soberana”. Pero históricamente eso no funciona así, porque hay lenguas sin Estado (gaélico, kurdo…), hay Estados con varias lenguas (Suiza, Bélgica, Canadá). Y además, durante siglos, nadie entendía nación como hoy la entendemos. Pero ellos usan la lengua como prueba retroactiva de un proyecto político moderno, lo que es otra manipulación.
Menéndez Pidal no atacaba a Cataluña. Lo que atacaba era que convirtieran interesadamente una historia rica y plural en un mito político al servicio del poder. No decía: “Cataluña no existe”. Decía: “El nacionalismo ha reescrito su historia para justificar su proyecto”. Para ello, el relato nacionalista dominante dice que en 1714, España conquistó militarmente Cataluña, destruyó su Estado, abolió su libertad y comenzó una ocupación que dura hasta hoy. Y por supuesto este relato cumple todas las funciones de un mito fundacional moderno, porque victimiza, simplifica, sacraliza la derrota y justifica la ruptura política actual.
Pero vamos a confrontarlo con los hechos históricos.¿Qué guerra fue realmente la de 1714? Desde luego no fue una guerra entre España y Cataluña, ni una guerra de independencia, ni una guerra nacional. Pero sí fue una guerra civil internacionalizada por la sucesión al trono de España. Porque Carlos II muere sin hijos en 1701 y hay dos candidatos: Felipe de Borbón (apoyado por Francia), y Carlos de Austria (apoyado por Inglaterra, Holanda y el Imperio).
España se dividió y Castilla fue mayoritariamente borbónica, mientras que la Corona de Aragón (incluida Cataluña) apoyaba mayoritariamente a Carlos de Austria. Y esto es clave porque Cataluña no lucha “contra España”, sino “dentro de España”, por un rey u otro. Cataluña no defendía una independencia, defendía un rey extranjero.
Esto desarma el mito por la base y demuestra que Barcelona no combatía por una república catalana ni por un Estado soberano. Combatía por Carlos de Austria como rey de España. Es decir, pretendían cambiar un Borbón por un Habsburgo, algo que no tiene nada que ver con separar a Cataluña de España. De hecho, durante la guerra gritaban: “¡Viva Carlos III, rey de España!”.¿Dónde está aquí la guerra nacional catalana? Claramente no existe.
¿Pero cuál es el truco emocional? Pues simplemente convertir una derrota dinástica en una invasión nacional. Y aquí entra la manipulación ideológica posterior. Porque el nacionalismo necesita un “día del agravio”, necesita una fecha sagrada, necesita mártires, necesita una épica fundacional. Y 1714 es perfecta para eso.
Entonces se hace lo siguiente: se tacha que fue una guerra de sucesión, se elimina que luchaban por un rey de España, se olvida que media España luchaba también, y se reescribe todo como: “España contra Cataluña”.
¿Por qué el mito es tan útil hoy? Pues porque permite afirmar las mentiras que “España siempre nos ha oprimido”, “Nuestro conflicto es de 300 años”, “Nunca hemos sido parte real de España”, “La separación es una reparación histórica”.
Todo eso se sostiene solo si se falsifica 1714. Si dices la verdad histórica, se cae el relato emocional. Pero conviene conocer cómo funcionan los enemigos de España, sobre todo ahora que se pueden aprovechar de un presidente títere para continuar con el saqueo. No obstante el nacionalismo —pese a la impresión que da de fortaleza— ha sido un fracaso porque desde la Transición no ha crecido nada, y en el conjunto español PNV, JUNTS, ERC Y BNGA representan el 5% de la población.
Para concluir, me permito recordar los resultados electorales al Congreso del independentismo catalán en las elecciones de 2023: JUNTS-1,6%, ERC-1,9%. Creo que estos datos reflejan bien la situación y no necesitan mayor comentario.
