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Mi tortilla, mis amores

por Chema San Segundo
27 de mayo de 2026
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Tengo que empezar con una advertencia: en este asunto me resulta difícil la objetividad. He pasado media vida entre dos palacios. En el Palacio Provincial, como responsable jurídico asesorando a municipios; en el Palacio Quintanar, disfrutando del arte y la conversación, colaborando desinteresadamente en iniciativas humildes y comprobando cómo un edificio histórico se convierte en un espacio vivo y querido.

Mi posición nace de una doble lealtad. Respeto profundamente a la Diputación Provincial, cuya labor es vital para nuestros pueblos, y entiendo que requiere infraestructuras adecuadas. Respeto la trayectoria con experiencia acreditada del Diputado de Cultura. Valoro igualmente el papel del Palacio Quintanar como centro cultural abierto y referente para Segovia. Estamos ante dos intereses legítimos: la Diputación necesita estructura operativa y proyectos valiosos y el Palacio Quintanar requiere continuidad y programación. La cuestión debería plantearse como una oportunidad para la convivencia y el refuerzo mutuo.

Recientemente ha surgido una polémica por el posible traslado al Palacio Quintanar de las áreas de Cultura y Turismo de la Diputación, junto a la ubicación del Instituto de la Cultura Tradicional Manuel González Herrero. La Diputación defiende que el Palacio seguirá siendo un referente cultural y que la operación ahorraría costes de alquiler al abandonar la Casa del Sello.

Son argumentos válidos. La gestión eficiente de los recursos y la protección de nuestra identidad tradicional merecen respeto. Sin embargo, también lo merece el proyecto consolidado del Palacio Quintanar, los esfuerzos, las inversiones y recursos destinados a este proyecto durante más de quince años por las propias instituciones y por la propia Junta de Castilla y León y el impacto y consolidación lograda y refrendada por miles y miles de visitantes.

La pregunta delicada es si una nueva iniciativa debe construirse alterando o debilitando un proyecto que ya funciona. La respuesta exige datos transparentes.

Segovia presume de una historia de convivencia entre culturas. Las tres culturas: cristiana, judía y musulmana. Ese mismo espíritu debería permitir la coexistencia de la cultura tradicional con la vanguardia, el diseño y la innovación. Son mundos compatibles. Convivir exige presupuesto, personal, criterio técnico y respeto por lo preexistente y proyectos sólidos y bien estructurados para el futuro.

Buena parte del capital de Segovia procede de su proyección exterior. Por ello, cuantas más iniciativas diversas ofrezcamos, más razones daremos para que la ciudad siga siendo un destino de primer nivel. El problema de fondo es la falta de información detallada. Los ciudadanos escuchamos rumores en los bares, pero carecemos de una exposición clara de los proyectos. No quiero enterarme en los bares, no quiero escuchar bulos y descalificaciones.

Y eso resulta llamativo porque hablamos de proyectos públicos, sostenidos con dinero público y relacionados con espacios de interés público. Por tanto, deberían conocerse de forma transparente y detallada. Primero, porque es un derecho de los ciudadanos. Y segundo, porque la transparencia crea un marco más sereno de interpretación, aportación y participación. Cuando falta información, crecen los rumores. Cuando se comparten los datos, baja el ruido y sube la calidad de la conversación.

Propongo convocar un foro público para escuchar a los responsables. Por un lado, el proyecto de la Diputación: objetivos, necesidades reales y futuras, costes, ahorros y garantías de continuidad cultural. Por otro, el del Palacio Quintanar: compromisos, impacto real y papel en el ecosistema local. En este foro participan igualmente artistas, representantes de la cultura, del arte y de la economía empresarial y todas las personas que deseen aportar su opinión clara, directa y pública. La clave es concreta: ¿caben ambos proyectos en el mismo edificio sin empobrecerse? Si la respuesta es afirmativa, debe explicarse cómo; si no, hay que buscar alternativas.

La cultura no se improvisa. Instituciones como el Teatro Juan Bravo, el Museo Esteban Vicente, Titiririmundi, Hay Festival o el propio Palacio Quintanar planifican con mucha antelación y sosiego. Transformar estas realidades de la noche a la mañana no parece aconsejable. Ese foro debería incluir a artistas, gestores, universidades y expertos nacionales cuya mirada externa aporte perspectiva y criterio, alejándonos de querencias locales.

Segovia tiene una proyección exterior intensa. Precisamente las redes se llenan de opiniones de personas de fuera de Segovia lo mismo que sucede con las opiniones que aparecen constantemente relacionada con nuestros restaurantes, festivales, e iniciativas de todo tipo. Segovia está volcada hacia fuera porque, precisamente de fuera, es de donde procede el flujo que nutre su economía principal.  Eso es una oportunidad y también una responsabilidad.

No se trata de una competición de proyectos. Se trataría de hacer algo más útil: conocer, escuchar, ordenar, comparar necesidades, participar, buscar alternativas y construir una solución que aumente las posibilidades de Segovia. Tenemos espacios y talento artístico y cultural para reflexionar de sobra. Seguramente surgirán ideas que nos sorprenderán para bien.

De niño, cuando mi madre me preguntaba si quería huevos o patatas, yo siempre respondía: «tortilla». Hoy sigo pensando igual. Quiero todos los ingredientes.

  • Quiero una gran iniciativa dedicada a la Cultura Tradicional, con los medios y la ubicación que merece y que le permitan crecer sin corsés. Quiero un proyecto ambicioso e ilusionante para todos.
  • Quiero que el Palacio Quintanar siga siendo vanguardia, pensamiento e innovación.
  • Quiero que la Diputación disponga de medios para cumplir su función y que todas las instituciones colaboren.

Defiendo a la Diputación, defiendo al Centro de Cultura Tradicional y defiendo al Palacio Quintanar porque creo en la suma. La cultura fecunda es la que añade y permite convivir lo tradicional con lo contemporáneo.

Cada día se generan más y más atractivos en nuestro entorno y tenemos que ser capaces de mantener viva nuestra oferta diferenciada. La cultura juega- hoy- un papel estratégico a la hora de decidir un destino. Salvando las distancias, la experiencia del Museo Guggenheim, el Triángulo del Arte de Madrid, la apuesta de Toledo por las tres culturas y el desarrollo de iniciativas avanzadas de todo tipo, pueden inspirarnos. Además de mejorar la vida de los que vivimos en Segovia, la cultura y el arte se han convertido en potentes atractivos para nuestros posibles visitantes y es un capital estratégico que debemos potenciar desde todos los frentes, enfoques e iniciativas.

Y, si puede ser, una buena tortilla con todos sus ingredientes.

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Chema San Segundo Abogado, consultor de innovación, escritor, artista conceptual y churrero.

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