El Consejo de Gobierno acordó en su reunión de este miércoles declarar el Toro Jubilo de Medinaceli (Soria) como Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial, con el objetivo de “garantizar su pervivencia y el papel activo de la sociedad que lo ha impulsado, para la que es un referente identitario”.
La Junta afirma que se trata de una representación de “alto valor patrimonial”. La celebración, único ejemplo de la modalidad de toro de fuego que se desarrolla en Castilla y León, hunde sus raíces en el siglo XVI, y en su representación anual participan activamente sus vecinos, dentro de la fiesta local de los Cuerpos Santos.
Se trata, añaden, de un festejo tradicional singular dentro de los festejos taurinos populares porque el animal no es sacrificado. El Toro Jubilo (cuya denominación procede de jubileo o indulgencia y no de júbilo) es una representación de los toros de fuego que se desarrollan por el litoral Mediterráneo y los valles de Ebro y el Jalón.
La singularidad de este evento es que el toro siempre es indultado, lo que constituye una excepción frente a otros festejos taurinos tradicionales. Incluso la propia ordenanza municipal reguladora del festejo obliga a que haya un certificado o declaración jurada del empresario propietario del animal indultado de que no será utilizado para lidias posteriores en otros festejos. Esta singularidad ya figura en los primeros documentos históricos sobre el Toro Jubilo, que establecen expresamente que no se puede matar al animal, ocurriendo con frecuencia en el pasado que un mismo animal fuera protagonista de la fiesta en diferentes años.
Patrimonio inmaterial
El Toro Jubilo se celebra en la Plaza Mayor de Medinaceli la noche del sábado más cercano al día 13 de noviembre, día de la festividad religiosa de los Cuerpos Santos en honor de los Santos Arcadio, Eutiquiano, Pascasio, Paulino y Probo.
Los habitantes de la villa de Medinaceli son portadores de esta manifestación del patrimonio cultural inmaterial que lo sienten como una tradición enraizada en su pasado, pero viva en el presente, participando en el desarrollo de la representación e involucrando a los jóvenes, que aseguran la transmisión intergeneracional de esta tradición.
Constituye, así, una representación de alto valor patrimonial, por lo que es objeto de protección los valores descritos que forman parte de la esencia de esta manifestación del patrimonio cultural inmaterial, garantizando su pervivencia y el papel activo de la sociedad que lo ha impulsado, para la que es un referente identitario.
