No debemos permanecer callados, no tenemos derecho a ello, no podemos ocultamos ante la ignominia más insidiosa que un gobierno puede llevar a cabo, cuando decreta una auténtica cacería contra uno de los poderes del Estado de Derecho, el Judicial, auténtico garante de una de las libertades esenciales de un estado democrático, que contempla cómo se tambalean sus cimientos, cuando quien debiera protegerlos, se dedica a horadarlos, a minarlos, a destruirlos, en aras de una miserable defensa de un personaje soberbio y arrogante que atrapado en su entorno político y familiar, por tanta corrupción galopante como le rodea, no se detiene ante nada ni ante nadie.
Todo ello para continuar en su denigrado puesto de jefe de un ejecutivo que lo defiende a capa y espada para continuar, tanto uno como los otros, en un lugar que los garantice una cierta inmunidad ante tanto desatino como contemplamos día tras día, que ofende a la inteligencia más elemental, y sobre todo, ante tanta falta de honradez, honestidad e integridad como destilan estos siniestros personajes que conforman un gobierno dedicado ya a estas alturas, a combatir, denunciar y desprestigiar a los jueces que se han atrevido a encausarlos por tantas fechorías cometidas, que no tienen otro objetivo que evitar por todos los medios que la justicia actúe contra ellos y su entorno de tintes mafiosos utilizando las cloacas del Estado.
Una auténtica cacería organizada contra el poder judicial en su conjunto, y contra alguno de sus jueces más significados en el entorno familiar presidencial, que Europa viene denunciando desde hace ya más tiempo del que debiera, ante cuyas llamadas al orden, el gobierno ha hecho siempre oídos sordos, en una auténtica y arrogante demostración de soberbia llevada a cabo por quienes debieran dar ejemplo de absoluto respeto hacia uno de los tres pilares de un país democrático que se precie de serlo.
La desfachatez más miserable, llega al extremo de que hasta el mismísimo ministro de justicia, personaje incalificable y siniestro dónde los haya, se ha pronunciado en diversas ocasiones – él y otros ministros – en contra de los jueces a los que debiera proteger, y en especial contra el que ha encausado a la esposa del presidente del gobierno, en una vergonzosa acción más, que denota cómo la obsesión por salvaguardar a su jefe, llega a estos extremos, en los que se intenta proteger a una persona privada, particular, que debiera hacerlo por sus propios medios como una ciudadana más de este país.
Mientras tanto, y después de las duras condenas a quienes formaron parte del entorno del presidente, éste, como siempre, echando balones fuera, y como si no fuera en absoluto con él, en sus primeras declaraciones públicas se dedica a recomendar a la ciudadanía cómo debe protegerse de las altas temperaturas que soportamos. Bien haría él con observarlas y así, protegido por las placenteras sombras de su palacete, olvidarse de organizar cacerías que dejan a este país a la altura de uno tercermundista y atrasado que, de ninguna forma, sus ciudadanos merecen.
