A los que hayan visto la película, para mí ¡estupenda! de “Los chicos del coro” les sonará esta frase, tan repetida por el director y alguno de los maestros del colegio como táctica de educación de aquellos niños rebeldes. Para los que no estén familiarizados con el término, se trata de reaccionar con castigos y violentamente a las travesuras o verdaderas faenas (acción) que los niños realizaban.
Sin embargo, el protagonista de la película, maestro recién llegado al centro, rechaza semejante sistema y toma como objetivo el bien de los niños, fomentar sus talentos, darles el cariño que les falta, colaborar en hacerles personas íntegras, es decir, darles siempre una nueva oportunidad…. Bueno, como no es mi intención contar la película entera, arranco de ahí para reflexionar acerca de si en nuestra vida cotidiana nos dejamos llevar tantas veces por la ACCIÓN de los demás para REACCIONAR (es decir, actuar por nuestra parte). Cuántas veces: doy una contestación brusca, porque me increpan con brusquedad; doy un empujón en el trasporte público porque me lo dan a mí; reacciono deshonestamente en una transacción económica, porque la otra parte ha hecho lo mismo; sonrío sólo si me sonríen; me obstaculizan el paso cuando voy en coche, pues yo también;… en fin, infinidad de situaciones cotidianas.
¿Es nuestra vida un conjunto de REACCIONES? Cada uno tenemos una idea de conjunto de nuestra vida, concretada en actuaciones concretas, con objetivos a corto, medio y largo plazo. Para alcanzar esos objetivos, como en cualquier empresa que se precie, nos marcamos un camino a seguir, compuesto por las pequeñas acciones de cada día. Qué pensaríamos de alguien que tenga decidido ir a León y estando ya en camino se tope con alguien que quiera desviarle de su ruta y al final acabe en Huelva. Si ha cambiado de opinión con fundamento, nada que objetar, pero si es un “vaivén” dependiente de las influencias externas, quizás tengamos que pensar sino sería bueno tener un “ancla”, un peso específico, que nos mantenga profundamente unidos a nuestros principios y convicciones sin dejarnos estimular negativamente por acciones o sucesos externos.
Dicen que no hay nada más lejos de la madurez que actuar por reacción a estímulos externos, siendo lo propio de ésta regirse por el convencimiento de ir hacia nuestro fin, sin dejarnos influir por el entorno…. digo “dejarnos influir”, porque ya sabemos que los sucesos, las acciones de los demás nos influyen, pero siempre podemos rechazar ese estímulo negativo y actuar como realmente nos sale de dentro, en consonancia con nuestros valores. Hay una frase por ahí que dice: “Lo que importa no es lo que nos sucede, sino cómo nos lo tomamos”.
Y acabo con aquella canción de Jeanette, que no tengamos que decir “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, el mundo en sí no es nada, lo formamos tú y yo, que podemos ser rebeldes, honestos, sonrientes, serios y fomentarlo en los demás, sembrando paz y alegría. Ahora que parece que todo el mundo está en guerra oficial, sembremos paz.
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* Secretaria de Solidaridad y Medios.
