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El libro de texto en la batalla contra el analfabetismo (IV)

por Santiago Rincón López
10 de mayo de 2026
Portada característica de los manuales de principios del siglo XX.

Portada característica de los manuales de principios del siglo XX.

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EVOLUCIÓN TÉCNICA EN LA IMPRESIÓN DE LOS MANUALES ESCOLARES

Qué duda cabe que los primeros manuales escolares eran bien diferentes a los actuales, más aún si nos remontamos a ejemplares anteriores a la aparición de la imprenta de Gutenberg, cuando los libros eran copiados a mano, tarea que desempeñaban habitualmente los mojes o estudiantes que necesitaban aumentar sus recursos económicos. La aparición de la imprenta revolucionó la trasmisión de la cultura escrita, dejando de ser patrimonio exclusivo de clases privilegiadas, al multiplicarse el número de ejemplares y hacerlos más asequibles a la sociedad. Los libros impresos se subirán al carro de la tecnología revolucionando la tipografía, aumentando la calidad de las impresiones y disminuyendo los costes de producción gracias a la linotipia o la impresión offset entre los muchos inventos que se van incorporando a la industria editorial. Paralelamente, se pueblan de ilustraciones que enriquecen el mensaje gracias al grabado y la litografía primero y a la irrupción de la fotografía después. Esta evolución resulta particularmente observable en los textos escolares, algunos de ellos fueron objeto de múltiples reediciones a lo largo del tiempo sin ofrecer cambios apreciables en su contenido.

No podemos olvidar el contexto en que se desenvuelve el manual escolar; se requieren ejemplares de bajo coste, lo cual explica que inicialmente fueran impresos sobre un soporte de baja calidad, habitualmente de pequeño tamaño y carentes de ilustraciones, que por otro lado si se incluían en los libros científicos, religiosos o militares

Las ilustraciones irrumpen en los libros escolares a finales del XIX, tardíamente si le reconocemos como el siglo de la imagen, y se incorpora como un elemento didáctico en sus páginas interiores, asumiendo un papel motivador en el aprendizaje y formando parte de la trasmisión de los contenidos, aunque inicialmente fuera un mero adorno artesanal para mejorar su presencia. La calidad de algunos de esos grabados nos lleva a considerar también la intencionalidad artística en el resultado final del manual escolar.

El grabado en madera, xilografía, fue la primera técnica exitosa para estampar ilustraciones en los libros; aparece en Europa a principios del siglo XV y puede considerarse como un claro antecesor de la imprenta. Se utilizó ampliamente durante el siglo XVII, dejando paso después a las nuevas técnicas que usaban el cobre o el cinc para trasladar la imagen del ilustrador a la plancha metálica, con la ayuda del buril o el recurso del aguafuerte. Estas nuevas técnicas, conocidas como calcográficas toman todo el protagonismo en el siglo XVIII, utilizadas en las muy elaboradas ilustraciones de los famosos libros de máquinas, como la conocida obra De Re metálica, de G. Agrícola.

En los años finales del XVIII, Alöis Senefelder recurre al uso de piedras de canteras como alternativa económica al uso del cobre. Sobre la piedra caliza bien pulimentada se dibujaba con un lápiz graso y se impregnaba toda la superficie con agua. La inmiscibilidad entre el agua y los aceites permitía el uso selectivo de tintas grasas sobre el dibujo, que podía así ser trasferido al papel con una ligera presión. Había nacido la litografía y permitía también el uso del color, cromolitografía, revolucionando nuevamente la estampación de imágenes durante todo el siglo XIX. Los manuales escolares empiezan a incorporar en sus portadas estas estampaciones litográficas en color.

A la hora de identificar la técnica usada en la impresión de un libro juega un importante papel el tacto para apreciar el relieve hundido en las zonas entintadas propio del grabado en madera, o con un relieve resaltando sobre el papel debido a la capa de tinta adicionada usando planchas metálicas, o la ausencia de relieve en las estampaciones litográficas.

LA FOTOGRAFÍA, UNA NUEVA REVOLUCIÓN EN LA EDICIÓN DEL LIBRO

La aparición de la fotografía en 1839 permitió incorporar esta nueva herramienta a los procesos de edición dando un matiz novedoso y realista al mensaje que añade la ilustración, al tiempo que eliminaba el paso intermedio que suponía la trasmisión de la imagen creada por el artista al taco de madera o a la plancha metálica. Los grabados darán paso a las fotografías en los libros de texto, aumentando la calidad del producto final, si bien la xilografía y la cromolitografía, comúnmente usada en la estampación de las cubiertas, convivían con las nuevas tecnologías emergentes.

Los primeros libros que incorporan fotografías aparecen en 1843, utilizando el método conocido como cianotipia, en que se imprimía la imagen en tonos azulados exclusivamente y la calotipia, que aparece poco después, con la imagen resuelta en tonos sepia y rojizos exclusivamente. El impresor sacaba grandes pliegos de 16 o 32 páginas con todas las fotografías del libro, usando un papel satinado de color blanco que resaltaba sobre el tono pajizo del resto de las hojas del libro. Estas ilustraciones, a toda página, se intercalaban convenientemente en el libro. La fotografía aportaba su propia información narrativa al conjunto del libro al tiempo que se perfeccionaban los procedimientos de composición fotomecánica dejando sin uso los tipos metálicos de fundición, que conferían a los primeros textos ese característico relieve.

Numerosas aportaciones técnicas como el papel continuo, las prensas rotativas, la litografía offset que sustituye la piedra caliza por finas planchas de aluminio, la cuatricromía, la fotocomposición etc. van dejando atrás la revolución abanderada por la linotipia y aumentando extraordinariamente la calidad del producto final.

En mi interés por el coleccionismo del libro escolar, fui observando esta evolución técnica en los libros que iban pasando por mis manos: desde la ausencia de ilustraciones y los tipos hundidos en los primeros manuales escolares, pasando después por los bonitos grabados que se iban incorporando, hasta las primeras inclusiones de algunas laminas en color. Todo ello sin olvidar las bonitas portadas impresas a todo color. También me llamó poderosamente la atención como el valor artístico de las ilustraciones de los manuales previos a la guerra civil desaparecía para dar paso a dibujos de trazo muy simple, tal vez por nuevos criterios didácticos en el aprendizaje, o por la escasez de ilustradores y medios técnicos, pues las imprentas tuvieron un claro valor estratégico durante la contienda, siendo objetivos militares. Lo cierto es que este retroceso técnico se irá superando y los libros se van llenando de color, en sus textos y en sus imágenes, primero con el uso de dos colores solamente y poco después con ilustraciones multicolor que llamaban poderosamente la atención de los escolares. No menos interesante resulta la inclusión de las fotografías en los libros, inicialmente con una resolución muy deficiente en B/N o con el azul intenso de las cianografías y conviviendo durante muchos años con los tradicionales grabados.

Los primeros libros escolares se publicaban comúnmente con escritura manuscrita, respondiendo al claro objetivo de acostumbrarse a este tipo de lectura que el escolar encontrará después en la vida diaria y de practicar la caligrafía, aunque el objetivo de aprender a escribir se consideraba secundario para la mayoría de la población.

Las ilustraciones comienzan a acompañar tímidamente al texto con un único grabado en la anteportada y adornando también las entradas literales al principio de cada capítulo. En los primeros textos escolares las imágenes de la portada exhibían bonitas cromolitografías, y solo algunas editoriales acompañaban los textos con grabados en su interior, para lo cual contrataban a los mejores ilustradores del momento, destacando la calidad artística en los libros de Historia Sagrada y de Historia Natural. Estos libros se editaban siempre con una reducida tirada, de varios centenares, pero con muchas reediciones, logrando así mantener su presencia en el mercado durante más de cien años.

Con la llegada de la guerra civil algunas de las primitivas editoriales no aguantan la crisis que conlleva la contienda y sus imprentas, con un claro valor estratégico, resultan destruidas y terminan despareciendo o mudando su ubicación a otras ciudades. Muchos de los ilustradores y grabadores se ven obligados a exiliarse al final de la guerra, huyendo con sus bocetos o con sus planchas en la maleta. La calidad artística de las ilustraciones decae significativamente en los nuevos libros que se editan al término de la guerra civil, aparecen los mismos dibujos ahora con un trazo simple e infantil, probablemente por la ausencia de ilustradores, aunque también podemos referir este hecho al cambio de criterios pedagógicos, cuando se pide al niño que memorice los contenidos y reproduzca la imagen que acompaña al texto.

Los inconvenientes vienen a resolverse con la paulatina inclusión de fotografías, aunque tardíamente y con escasa definición, que vienen a sustituir a los grabados. Al mismo tiempo comienzan a aparecer láminas coloreadas y los textos intercalan con alguna frecuencia rotulaciones en colores rojo y verde.

La transición culminará en el último cuarto de siglo con la inclusión de fotografía en color y papeles satinados en los libros de texto, con la única limitación en la calidad que imponga el precio de los ejemplares, que como tal libro de texto deberá resultar asequibles a toda la población.

Foto 1

Foto 1.- Detalle de unos de los primeros manuales escolares que se manejaron en nuestras escuelas públicas, La escuela de instrucción primaria de Ricardo Díaz Rueda, 4º edición correspondiente al año 1847. Tapa dura en cartoné. El texto presenta el característico relieve producido por los tipos de fundición al presionar sobre el papel. Las ilustraciones son muy escasas y sirven para presentar cada nuevo capítulo, en este caso el de Geografía.

foto 2

Foto 2 .- Lámina perteneciente al libro el arte de escribir por reglas y con muestras de Torcuato Torío de la Riva, 2ª edición, 1840. Encuadernación en piel y textos con relieve característico de los tipos de fundición. Estampación de una página entera, con la tinta resaltada sobre el papel mostrando una trama cuadrada muy perceptible.

foto 3

Foto 3.- Detalle de la tipografía usada en el libro Elementos de matemáticas, 1855. Tapa blanda impresa en negro sobre cartulina azul Prusia. Presenta un característico relieve con los tipos entintados hundidos en la superficie del papel.

foto 4

Foto 4. Enciclopedia para niños. S. Calleja. 1901. Portada en cartoné, color. El contenido textual se acompaña con gran número de grabados de extraordinaria calidad como este de Adán y Eva en el paraíso que aquí se reproduce.

foto 5

Foto 5.- Geografía comparada. F.S. Casado, 1904. Tapa dura con relieve encubado. Contiene gran número de fotografías en B/N junto a las habituales ilustraciones. Destaca esta fotografía del Alcázar de Segovia, tomada antes de la restauración que se llevó a cabo para reconstruir las techumbres afectadas por el incendio de 1862. Se trata de la reedición 22 y conserva esta curiosa fotografía de una edición anterior, cuando no se había comenzado la restauración.

foto 6

Foto 6.- El Tercer Manuscrito. Países y mares, 1928, editorial Dalmau Carles, incluye junto a los tradicionales grabados en B/N una cianografía a toda página sobre papel satinado junto a alguna ilustración en color, también ocupando la totalidad de la página.

foto 7

Foto 7. Elementos de ciencias físico naturales. 1934, editorial Joaquín Pla Cargol. Única estampa en color que contiene este manual y convive con 230 grabados de mediana calidad en B/N: el color empieza a abrirse camino en los libros escolares.

foto 8

Foto 8.- En la Enciclopedia Álvarez de segundo grado también se actualizan las ilustraciones en B/N correspondientes a ediciones anteriores con esta nueva versión coloreada del año 1965. Estos dibujos representan escenas con un trazo simple, característico de la etapa de postguerra, supuestamente para que los escolares pudieran copiar los dibujos, y muy lejos de la calidad artística de los grabados que aparecían en los libros escolares del primer cuarto de siglo XX.

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