El miedo es la materia prima irrenunciable que moldean para su beneficio las religiones, las ideologías, la economía y otras actividades humanas. Se trata de una fuente de energía inagotable, imperecedera, inalterable, inextinguible y, además, muy barata y adaptable. Y esto es así desde el principio de los tiempos, debido a que es un factor inherente a la naturaleza de cada persona: siempre tenemos disponible en nuestro interior un espacio indefenso que no ofrece resistencia a la sensación del miedo.
Podría encajar perfectamente como la palanca que pedía el sabio griego Arquímedes de Siracusa con su famosa frase: dadme una palanca y moveré el mundo. Efectivamente, el miedo, como la codicia, es una de las fuerzas que mueve el mundo. Pero este tipo de miedo es un tema demasiado extenso para tratarlo en este texto, cuya única pretensión es reducirlo a un ámbito social más abarcable como es el entorno familiar.
Hasta hace poco, en las etapas infantiles de varias generaciones se contaba con varios personajes ideados para controlar desde el principio a las criaturas cuando éstas ya empezaban a actuar por su cuenta. Se empezaba con los cuentos de los lobos, de Caperucita y, ya para meter más presión, del hombre del saco, del sacamantecas y otros personajes en función de cada lugar.
Reunidos los cinco miembros de la familia al calor de la cocina económica, con la luz de una bombilla de 60 vatios a corriente de 125 voltios, mi padre, se daba buena maña en escenificar una pequeña farsa con el miedo de protagonista.
—¿Habéis oído ese ruido? —empezaba advirtiéndonos.
—¡Ay maridito mío, quién será —en voz de la madre como personaje.
—Calla Ramonona, nona, que ya se irá.
—¡¡No me voy no me voy, que en la puerta de tu casa estoy!! —en voz del monstruo invisible que amenazaba la paz nuestro humilde hogar.
La cancioncilla se repetía mientras la voz del monstruo se acercaba en cada copla al pasillo, a la puerta de la cocina, hasta llegar debajo de la mesa… momento en el que mi padre paraba para que no nos cagáramos encima.
En una etapa posterior, en la que ya sales de casa sin decir dónde vas a estar, nos repetían con insistencia que, más allá de La Pista, en este caso la carretera Nacional 110 Soria-Plasencia, de El Plantío hacia abajo, no fuéramos porque había hombres que atrapaban a los niños para extraerles órganos de su cuerpo, con el fin de implantarlos en enfermos muy ricos. Versión local del sacamantecas. El Plantío no ofrecía más peligros que la corriente y los bodones del río Frío, donde unos años más tarde pescaríamos a mano ranas y barbos destinados a la sartén.
Pero en aquella misma fase, uno de los personajes más populares, temidos y efectivos fue El Tío Camuñas. Nótese que cuando el miedo pasa de lo genérico, como el hombre del saco, o el de que te puede caer un rayo, por ejemplo, a sustanciarse en algo concreto con nombre propio, su efectividad se multiplica. Este hombre, por la razón que fuere, fue un recurso muy empleado por su eficacia. Hay mucha información en internet sobre él, y hasta Miguel Delibes lo utiliza como recurso literario. Se nos presentaba como un monstruo horrible de presencia y hasta devorador de niños. Algo del todo injusto, por cuanto se trata de un luchador contra la invasión francesa cuyas hazañas lo elevan a la categoría de héroe. Pobre hombre. De haber sabido del empleo de su posterior fama tal vez se hubiera quedado quieto.
La semana anterior me encuentro a 11 kilómetros del pueblo Camuñas, de la provincia de Toledo, y no me resisto a conocer el lugar cuyo nombre tanto nos amedrentó en nuestra edad más tierna. Paseo por sus calles, desiertas durante todo el recorrido, a pesar del sábado tan esplendido que disfrutamos, con los establecimientos cerrados y, salvo un chaval con prisa, no me encuentro con nadie más. Pero sí con la efigie del hombre que dio lugar a la leyenda: Francisco Sánchez Francisquete, 1762-1811. El pueblo de Camuñas le ofrece este memorial en reconocimiento de su heroicidad. A pleno sol, me alejo de este pueblo con una curiosidad muy antigua ya por fin satisfecha.
Como puede deducirse, el concepto de miedo del que hablo, y circunscrito a las edades antedichas, es aquel que se utiliza sobre todo para ponernos a salvo de las bravuconadas. No como cercano a la cobardía, sino como aproximación a la sensatez y la responsabilidad. No sé bien qué recursos emplean los padres hoy día para atemperar las posibles temeridades de sus hijos, por eso me parece oportuno destacar esta parte de la entrevista publicada por El Confidencial el día 31 de mayo de 2025, realizada a la psicóloga brasileña Marly Kuenerz, con motivo de la publicación de su libro sobre psicología transpersonal El juego de la atención.
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- ¿Qué problemas tiene la sociedad actual que hace 20 o 30 años no tenía?
- Vivimos un momento de ansiedad y miedo y eso lo vemos en terapia. La sociedad sufre un cambio brutal de valores e instituciones y esto genera inseguridad, todo se cuestiona. Las personas están más amedrentadas, y, por lo tanto, con más angustia y ansiedad. Se han ido perdiendo valores y dudando de instituciones cuyas ideas antes eran completamente aceptadas e indiscutibles. Las depresiones y el miedo han aumentado en estos 30 años.
- ¿Qué pasa si alguien tiene ansiedad o miedo y no lo trata?
- La ansiedad provoca un desgaste físico brutal porque nuestro sistema de alerta está diseñado para emergencias, no para vivir así de forma constante. Si tienes miedo, es como si la alarma de incendios estuviera encendida sin cesar. Ese exceso de actividad interna desgasta el sistema nervioso.
- El libro es una revisión profunda de la historia emocional de cada uno, en el que habla de nacimiento, infancia y adolescencia. ¿Cómo de importante es conocer y ser conscientes de nuestro pasado?
- Es crucial porque en la infancia se forma nuestro sistema de referencias y cuando no lo conoces las cosas parecen venir de la nada y te sientes impotente ante ellas. Conocer el origen permite subsanar las situaciones de una manera más directa y simple, sabes dónde tienes que hacer una resignificación de los hechos. Muchas veces hay malentendidos que no se resuelven durante años y cuando pones orden te vuelves el dueño de tu energía vital. Por eso es importante el origen y estar presente en el momento, muchos problemas del pasado tratamos de compensarlos en el futuro y el desgaste es doble.
- ¿Cómo se pueden modificar los patrones mentales adquiridos en la infancia?
- Los patrones quedan grabados en el inconsciente porque son impactos emocionales y quedan relacionados con determinados estímulos. Si conoces de dónde viene tu reacción instintiva o emocional, les puedes dar un significado diferente. Cuando los personajes internos —niño, adolescente y adulto— están armónicos, cada uno cumple con su función: la creatividad, la predisposición al cambio y la experiencia vital, es la combinación interna ganadora. Con el desorden, el resultado siempre será peor.
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El autor Stefan Zweig nos habla del miedo como veneno psíquico. Pero destaco este enunciado del creador argentino Matín Caparrós, que bien puede servirnos como pauta:
Los miedos siempre son peores que lo temido, porque al vivir lo temido lo limitas; mientras que, al temerlo, lo amplías incesantemente.