De la brillante pluma de Luis Martín García-Marcos, literato que ‘tocó’ todas las partituras desde las páginas de ‘El Adelantado’, donde permaneció hasta el año 1967, fecha de su jubilación. Si viene su nombre a esta mínima página donde se cuentan sucedidos e historias habidas en este habitáculo de la casa común segoviana, es para dejar constancia -frases por él descritas-, del cómo y por qué del ‘Himno a Segovia’, del que él fue el autor de la letra. La música la puso, batuta en mano, su amigo Carlos Martín Crespo, músico autodidacta por afición, tipógrafo, regente de los talleres de El Adelantado, director/propietario del ‘Heraldo Segoviano’, entre otros muchos periódicos editados por él. Carlos nació en Santa María de Nieva en noviembre de 1882.
García Marcos, recordaba, a la muerte de su amigo, cómo había sido aquel contacto para ‘construir’ lo que sería después el himno a Segovia:’ Carlos y yo compartimos coyunturalmente asiento como concejales en el Ayuntamiento, del que era alcalde Fernando Rivas. Finalizada una de las sesiones de pleno me dijo, “tengo el propósito de musicar un himno a Segovia ¿quieres darme la letra?”
Marcos -lo cuenta-, aceptó agradecido, “entre otras cosas -dice-, porque en esa época me encontraba rebosante de ripios”. Tenía tantos que al día siguiente llevó a su imprenta lo que le había pedido. “Carlitos -yo le trataba siempre así-, que estaba componiendo sobre la caja, leyó varias veces y cuando acabó me dijo: “No te doy un abrazo porque ya ves cómo tengo las manos de tinta”.
-Pues yo te lo doy a ti porque en las mesas del mostrador se han deslizado esta mañana en mi perfumería (1) más de veinte pastillas de jabón ‘Heno de Pravia”.
Muy pocos días habían transcurrido de aquello cuando Carlos llama a su amigo ‘letrista’ por teléfono para decirle que había confeccionado el programa y que ese día lo iba a ensayar en la Escuela de Bellas Artes, en San Martín. “Allí acudimos todos los concejales, veinticinco, y el alcalde a la cabeza, como si de una sesión de pleno se tratara. También había invitado a periodistas, músicos, escritores, artistas, amigos…”.
Y llegó el gran día. El 3 de junio en la Plaza Mayor el himno iba a ser interpretado por los Coros de Alumnos de las Escuelas Públicas. La partitura alcanzó el más brillante éxito. Después, en las giras anuales del Centro Segoviano, se volvía a interpretar ya con la banda ‘La Popular’, creación de Carlos Martín, o de la Academia de Artillería, al finalizar los conciertos de las Feria y Fiestas se daban en la Plaza Mayor, ‘que ante los aplausos finales era siempre de obligada repetición’.
Refiere García Marcos, en su escrito póstumo al amigo, aquella noche de San Pedro de 1929, cuando el Ayuntamiento había contratado a la Banda Municipal de Madrid, dirigida por el maestro Arambarri. “Se había instalado un tablado al pie de los soportales. Carlos y yo ocupábamos sillas destacadas en la primera fila. Cuando acabó el programa de la Banda me levanté y dejé solo a Carlitos -no te vayas, me dijo, que ahora la Banda va a interpretar el himno-. No le hice caso, pues presentía la apoteosis. Subí al balcón del ayuntamiento y desde allí advertí el suceso”.
El maestro Arambarri dio la entrada del Himno y sus notas sonaron como nunca lo habían hecho: “Me emocioné hasta llorar. A Carlos le hicieron levantar de la silla. Fue en ese momento cuando el director de la banda madrileña descendió del tablado, cogió a Carlos por un brazo, le entregó la batuta y le llevó hasta su atril. El segoviano, ovacionado por otros segovianos, dirigió la Banda y acabó bajo el sonido de una ovación estruendosa”.
Describe también García Marcos el momento en el que, ya en la recepción que el Ayuntamiento ofreció a los componentes de la Banda, se acercó a su director para preguntarle: “¿Qué le pareció el himno?’ Su contestación fue rápida, ‘es una partitura muy bien lograda e inspirada, seguramente, por versos muy concretos, en los que se vierte el resumen de la historia de la ciudad’”.
El autor de la letra nada contestó. Arambarri no sabía -puede que tampoco lo supiera después-, que era aquel que le preguntaba el autor de ‘Las voces de gesta…’. El periodista acabó su póstuma carta al amigo con estas frases: “Deslizó su vida tan honesta y tan humilde, en el área de un triángulo cuyos vértices fueron la honradez, el trabajo y la hombría de bien”.
Carlos Martín falleció en Segovia el 21 de agosto de 1985. Tenía 83 años.
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(1) García Marcos. Estudió bachillerato en la ciudad; dejó los posteriores estudios de ingeniería, “porque me aburría”, dijo. Pasó a trabajar en la droguería-perfumería de sus padres en la Plaza del Corpus. Al fallecer sus progenitores continuó con el negocio. En la trastienda del local ‘fundó’ un lugar de tertulia al que acudían, entre otros, el Marqués de Lozoya, Grau, Quintanilla, Marquerie, Peñalosa, Ridruejo… era, Luis, el gran amigo de todos.
