Uno de los acontecimientos vividos en Segovia iniciado el siglo XX fue el de la construcción y posterior inauguración del monumento a los capitanes de Artillería, D. Luis Daoiz y Torres (Sevilla,1767-1808), y D. Pedro Velarde y Santillán, Santander, (1729-1808), líderes y heroicos defensores en la resistencia del madrileño Cuartel de Monteleón durante el levantamiento frente a las invasoras tropas francesas del dos de mayo de 1808.
Prosigo. Fue en 1908, un siglo después de lo narrado, cuando en la Plaza de la Reina Victoria Eugenia fue colocada la primera piedra, obra del escultor segoviano vecino del barrio de San Millán, Aniceto Marinas y García. Al acto, presidido por el Rey Alfonso XIII, también fueron presentes Antonio Maura -a la sazón presidente del Consejo de Ministros- y el Ministro de la Guerra, Fernando Primo de Rivera.
Pasó una tarde, pasó una mañana…dos años mas tarde, 15 de julio de 1910 -viernes para señas concretas-, colocadas ya todas las piedras y superadas diversas vicisitudes, se desarrolla el acto de inauguración. Retiradas las grandes cortinas que lo cubrían, fue presidido el acto por el Rey Alfonso, que viajó desde Madrid en tren especial, al que acompañaron el presidente del Congreso, Pedro Antonio Acuña y Cuadros, el del Senado, Emilio Alcalá-Galiano, y el presidente del Consejo de Ministros, el gallego de Ferrol, José Canalejas Méndez. Los discursos estuvieron a cargo del presidente de la Comisión Ejecutiva del Monumento, general Fernández Grande, y del presidente del Gobierno.
Bajo ningún concepto se me iba a olvidar la presencia de Marinas. Al que todos felicitaron por su brillante trabajo, fruto de las extraordinarias manos del artista, al haber plasmado, sobre piedra y bronce, la expresión más real de los sucesos de Monteleón.

La ‘otra’ fiesta
Cuando los actos de la Plaza se terminaron -desfile de los alumnos de la Academia incluido-, los que tenían ‘invitación’- entre los que se encontraba el alcalde de Santander-, se trasladaron a la sede del Colegio artillero, donde hubo banquete regio dado por los artilleros en honor del Monarca al que acudieron más de 300 personas. El servicio fue del restaurante ‘Parisiana’, de Madrid.
Acabada la sesión anterior, con tan solo unas horas entre uno y otro, en la Diputación Provincial, con motivo del referido acto se había organizado una recepción/baile, desarrollado entre las 10,30 de la noche y las dos de la madrugada que estuvo amenizado por la Banda de la Academia. El señor Bermejo Mayoral (José), presidente del organismo, recibió a cuantos ‘llamaron’ a la puerta. El ‘ágape’ fue servido por el restaurante ‘Café la Unión’.
También el pueblo segoviano disfrutó de fiestas populares: una novillada con los diestros ‘Carnicerito’ y ‘Sastrillo’, que resultó ‘muy ‘apañá’- según expresión del crítico enviado especial-; … Baile popular en la Plaza del Alcázar con Banda y varios pianos de manubri; Gigantes y Cabezudos, bailes en calea Real y Azoguejo, fuegos de artificio en Plaza Mayor … y otros de ‘inferior’ categoría.
Distinción merecida
Dado que la Ciudad había estado a la altura de la convocatoria del acto, siendo alcalde, Pedro Zúñiga y Otero, fue concedida a la Institución que representaba, la Gran Cruz de Isabel la Católica. Así ‘rezaban’ los méritos: ‘Por la cooperación y entusiasmo que puso Segovia en la erección del Monumento y por su compenetración con el Cuerpo de Artillería…’.
Desde aquel día han trascurrido 116 años, la plaza, el monumento y su Alcázar, reciben a miles de visitantes, y en aumento. Es un espacio tan extraordinario como acogedor y siempre sorprendente. Cualquier acto que en el recinto se celebra se eleva a la categoría de ‘especial’. Marinas, allá donde esté, recogerá la admiración por el trabajo realizado. Fue orgullo artístico y profesional para él y de memoria imperecedera para los segovianos.
José Rodao a su amigo Marinas
A modo de punto y final a lo descrito, adjunto soneto que el brillante literato briquero dedicó a su amigo e ilustre escultor, en la inauguración del referido Monumento:
Insigne Marinas, querido Aniceto: Hoy que con motivo de ese monumento colosal / hermoso, digno de tu genial, ha estado aquí el Presidente del Consejo /debemos regalarle todos con empeño / que cuando esté en crisis en cualquier ministerio / te encargue de que hagas los Ministerios nuevos. / Tú, que haces figuras en bronce y en yeso / que alientan y viven, no tienen defectos / ni anidan pasiones, ni malos deseos / ni crispan, ni intrigan ¡y guardan silencio!… / Porque tus estatuas, querido Aniceto / Son siempre grandiosas / y ahora, en estos tiempos de charlatanería / de discursos hueros, de egoísmos torpes, de líos y enredos / los ministros tuyos serían modelo / pues tus esculturas, ilustre Aniceto, / ni chupan, ni intrigan, ni pierden el tiempo. / Ni tienen soberbia, ni perciben sueldo, ni aumentan recargos… / ¡Ni colocan yernos!
Escrito y publicado en El Adelantado en Segovia a 15 de julio de 1910.
Como si hubiera sido hoy ¡Y olé!
