Mi nombre es Cristian Alvarez, entrenador de baloncesto durante ya casi 26 años, y en los últimos de manera profesional. Llevo varios meses acudiendo como padre a los entrenamientos de baloncesto del Club Deportivo Claret, y presenciando cada día que los niños de cinco años no quieren ir a esta actividad, se aburren.
Los/as monitores/as ponen todo su empeño en una actividad falta de motivación y de conocimientos inclusive para ellos mismos, seguramente el nivel de aburrimiento de los entrenadores sea igual al de los niños.
Cuál es mi asombro, cuando al poner en conocimiento del coordinador de deportes del Club estas circunstancias, ofreciéndome desinteresadamente a colaborar en la enseñanza de niños y entrenadores, su respuesta es : “vuelva usted al año que viene, que ahora estamos completos”.
Mi carrera como entrenador y mis primeros años de aprendizaje del baloncesto comenzaron en los patios del colegio Claret. Allí estuve durante más de 10 años aprendiendo a entrenar, allí me enseñaron tanto a disfrutar de este deporte, como a mejorar mis capacidades de entrenador. En aquella época, ninguno de nosotros éramos excluyentes, cualquiera que quisiera colaborar para la mejora de niños y entrenadores era recibido y escuchado con los brazos abiertos.
Hoy en día, esta constante de colaboración y aprendizaje sigue viva en todos y cada uno de los entrenadores que tenemos la inmensa fortuna de poder trabajar profesionalmente en una de las mejores canteras de baloncesto de Europa. El trabajo global es la base fundamental del crecimiento de jugadores y técnicos, no hay otro camino.
Mi relación con el deporte en Segovia es a través de los medios de comunicación. En innumerables ocasiones con desagradables noticias de conflictos y egoísmos personales que conducen a un estancamiento deportivo, cerniendose especialmente en los niños y niñas que quieren aprender un deporte jugando y divirtiéndose.
Hoy he sido víctima, producto del personalismo en los clubes que tanto daño hacen al deporte en general y al de Segovia durante tantos años en particular. Estoy tristemente sorprendido de que pueden pasar años e inclusive cambiar las personas que gobiernan el deporte, pero lo que permanece inamovible en el tiempo son las actitudes discriminatorias y egocentrismo.
Hoy me han cerrado la puerta de la casa en la que nací como entrenador y en la que me crié como persona.