Cuatro semanas después de alzarse con el Premio Max al mejor espectáculo musical o lírico por ‘Hacia ecos de lo sagrado’, la compañía segoviana Nao d’amores sigue su maravilloso viaje por las aguas del teatro clásico español con ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, su nuevo montaje, una coproducción junto al Teatro Español que se estrenará en el recinto madrileño este martes, 30 de junio. La adaptación del clásico de Valle-Inclán, a cargo de la fundadora y directora de la compañía, Ana Zamora, permanecerá en cartel en el coliseo madrileño hasta el 26 de julio, antes de emprender una gira nacional por el resto del país.
La obra está protagonizada por Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz e Isabel Zamora, con Ana Zamora como responsable de la versión y la dirección, dirección musical de Víctor Pliego y voz y palabra a cargo de Vicente fuentes.En el montaje, un pícaro llega a la corte de Isabel II con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias. “Valle-Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona”, señala Ana Zamora, Premio Nacional de Teatro 2023.
Según recoge Ical, para ella Valle-Inclán “podría ser considerado el padre del teatro documento a la española”. En esta obra, publicada originalmente en 1920, “la denuncia política y social no sigue la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania en los felices años 20”. ‘Farsa y licencia de la reina castiza’ presenta “una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente”.
Para la dramaturga segoviana, “a través del tópico literario, Valle-Inclán entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto”. En ese sentido, aplaude su “capacidad de cachondeo” y de “señalar la miseria nacional”, atacando “los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches”.
Retrato feroz
Por su parte, desde el Teatro Español aseguran que el montaje es “una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco”. Así, en un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
“Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo”, resumen.
Sobre la obra, el filólogo madrileño Alonso Zamora Vicente escribía décadas atrás en su ‘Introducción general a la Biblioteca Valle-Inclán’ que puede considerarse “una expedición al reino del absurdo”, donde “toda la maquinaria cortesana (generales, clérigos, intendentes, beatas, etc) se desmorona en abyección ante nuestro pasmo”. Para el investigador, ‘Farsa y licencia de la reina castiza’ es “la primera aparición rotunda y consciente de la sátira política, lograda por medio de la implacable caricaturización de la historia nacional”.
