Los más de 9.000 kilómetros de distancia entre Guadalajara (México) y Segovia no fueron obstáculo para que los segovianos alentaran a la selección española en su último partido de la primera fase del Mundial 2026 en pos de los dieciseisavos de final. Con el Acueducto como testigo de excepción, en un enclave icónico, varios miles de aficionados y no aficionados que continuaban las fiestas locales apoyaron al combinado de Luis de la Fuente en una abarrotada Plaza del Azoguejo desafiando a la madrugada y a un horario más propio de la NBA que del fútbol europeo.
La convocatoria resultó todo un éxito. Apenas cabía un alfiler en la extensa plaza, abarrotada de miradas en dirección al Acueducto, a cuyos pies una pantalla gigante emitía las evoluciones de la selección española de fútbol ante el cuadro charrúa. En vano cayeron los intentos de la organización y seguridad de pedir a los asistentes que dejaran despejado el flanco derecho para el paso de posibles ambulancias o la Policía, si bien el civismo fue la tónica predominante. Era imposible habilitar un carril porque la multitud ocupaba cada metro cuadrado del histórico escenario. Personal de la organización -el Ayuntamiento y su Fundación Municipal de Deportes-, indicaban que este tercer choque fue el más seguido de los tres emitidos en estas fiestas.
Los primos Rascón
Y entre esa multitud, una pareja de primos segovianos amantes del fútbol, del Atlético de Madrid, y, por encima de todo, de nuestro equipo nacional. Pablo de Miguel Rascón y Carlos Rascón, nietos de los dueños del vetusto restaurante Solaire. Ambos venían desde la verbena de la Plaza Mayor para seguir una fiesta que comenzaba a tomar un cariz deportivo, en consonancia con las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro de Segovia, repletas de deporte a cualquier hora. “Los dos somos del Atleti, pero lo primero de todo es la selección. No hay nada más bonito que vivir la selección con toda la gente aquí, en un sitio como éste”, espetaba Pablo.

Carlos lamentó, al igual que un alto porcentaje de los espectadores, que la pantalla no se hubiera situado a más altura, quizá no tanto como los 27 metros que mide el Acueducto, pero un poco más para posibilitar el visionado desde más lejos. Añadió que era “muy mala hora para un partido, pero estamos en fiestas y mañana -por hoy- es sábado. Si fuera un martes no sería lo mismo”. Carlos ve opciones para que los de Luis de la Fuente levanten el título mundialista, la segunda estrella, mientras su primo condiciona ese éxito a la actuación de Lamine Yamal, nuestro buque insignia que causa pavor en las zagas rivales. “Si Lamine está bien, podemos ganar; sin él, no será posible”. En el momento de la conversación con ellos llega el tanto del rojiblanco Baena a escasos instantes del final de la primera parte. “Nos alegramos mucho porque es del Atleti”, apostilla Carlos. “Ha sido un cantadón del portero. Mientras marque España, me la p… quién sea al autor del gol”, le corrije su familiar. “Es que es lo más bonito que hay, que el fútbol una al país, como pasó en la Eurocopa o en el Mundial que ganamos. Todo el mundo va a una, da igual quien marque”, continúa mientras su primo asiente convencido.
Ataviados con camisetas de la selección, una blanca y otra roja y preguntados sobre cómo están viviendo estas fiestas de 2026, Pablo contesta que van muy bien y con el añadido del partido de la Roja, mejor todavía. “Esto le da mil vueltas a cualquier orquesta que te quieras traer para una verbena. Mi hermana estaba en la Plaza Mayor y decía que se quedaba allí, pero le he dicho que todos vendrían aquí, incluso los que no les guste el fútbol. Porque te guste o no el fútbol, esto es hacer país, hacer España”, refiere un orgulloso Pablo. Es cierto que en el Azoguejo había de todo, desde el fan más recalcitrante de España hasta gente que estuvo más tiempo de espaldas a la pantalla, disfrutando de los amigos y el botellón. Un macrobotellón con el balompié como telón de fondo y motivo para unirse y afinar las gargantas.
David y Pedro
A pocos metros de ellos, de nuevo algo alejados de la pantalla pues verla de cerca era una misión casi imposible, se encontraban David Gonzalo y Pedro Sanchidrián, también de Segovia aunque Pedro a medio camino con Madrid y David natural de La Granja. “Hemos quedado para comer y hemos aguantado hasta ahora para ver el fútbol. Somos compañeros de pupitre, como quien dice”, apunta David. Pedro se queja de lo difícil que es ver la pantalla desde la lejanía y bromea justificando el problema visual en que las nuevas generaciones son de mucha estatura. Ambos recalcaron que el Ayuntamiento tome nota y eleve unos metros la pantalla. Pedro cree que el recorrido de la selección tendrá su tope en las semifinales mientras David es más optimista: “Yo creo que podemos ganar el Mundial. Hasta el momento hemos tenido un partido bueno y otro malo y este de Uruguay hemos empezado flojos pero acabaremos ganando. Yo ahora me voy para Suiza y espero estar de vuelta para la final”.
Isabel y Sandra
Los espectadores cubrieron toda la plaza y parte de las calles adyacentes de la Avenida del Acueducto o la Calle Real. También el balcón justo encima del Centro de Recepción de Visitantes, donde no había espacio suficiente para todos para poder divisar desde arriba el encuentro. Eso les sucedió a Sandra Gonzalo e Isabel Poza, dos chicas segovianas que estaban siguiendo el España-Uruguay desde sus móviles, al igual que hacía mucha gente decepcionada pero que no quería perderse el magnífico ambiente. “No venimos de la Plaza Mayor, hemos llegado aquí directamente para ver el partido, pero estábamos abajo y era imposible ver bien la pantalla, así que hemos subido para intentar seguirlo desde aquí arriba pero estaba muy lleno y hemos acabado con los móviles y escuchando por los altavoces”, comentan al unísono y añaden que, pese a la pérdida de visión, es una suerte el marco incomparable donde se juntaron tantos espectadores para arropar a la Roja a los pies del Acueducto. Sandra comenta que desde la Eurocopa conquistada por este mismo equipo se engancharon mientras Isabel aduce que del Mundial de Sudáfrica y del gol de Iniesta tienen menos recuerdos porque “éramos muy pequeñas, pero sabemos que fue una gran alegría”.

Las dos creen que España llegará lejos en esta cita mundialista. Isabel habla de que lo ganamos y Sandra razona que “vamos a llegar a la final, y ya que estamos en la final, la vamos a ganar”. Se mostraron sorprendidas de la enorme afluencia en la madrugada del sábado: “Estuvimos en la final de la Eurocopa, que también la dieron aquí, y no había tanta gente pese a que este partido todavía es de la fase de grupos”, coincidían.
También desde las alturas se pudieron ver a los vecinos del Mesón Cándido y su privilegiada posición para disfrutar del momento desde las terrazas. Nadie quiso perdérselo, con una copa en la mano o sin ella, y mucho color rojo con elásticas de la selección con nombres desde primeros espadas como Pedri o Lamine a otros menos mediáticos como Marc Pubill. El primer acto transcurrió sin demasiadas noticias hasta el tanto de Baena que provocó la locura y el júbilo de todos. Tras el descanso, la excesiva intensidad de los uruguayos encrespó los ánimos de los asistentes, que no paraban de abuchear algunas entradas fuera de lugar de los del viejo zorro Bielsa. España aguantó el temporal de malos modos y ganó 1-0, pasaporte para los cruces en el bolsillo y a esperar rival entre Austria y Argelia para el 2 de julio. Y que siga la fiesta.
