La campaña de cereal en Segovia ha comenzado antes de lo habitual. Las primeras cosechadoras ya trabajan en distintas zonas de la provincia con entre una y dos semanas de adelanto respecto a un año normal, una situación que los agricultores atribuyen principalmente al intenso calor registrado durante el mes de mayo y a la escasez de precipitaciones en las semanas decisivas para el desarrollo del grano.
Sin embargo, el adelanto de la cosecha es solo la consecuencia más visible de una campaña que tanto Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores, ASAJA como Unión de Campesinos de Castilla y León, UCCL, califican de muy negativa. Las previsiones apuntan a importantes caídas de producción, rendimientos muy inferiores a los del pasado año y una rentabilidad que, según ambas organizaciones agrarias, se sitúa claramente en números rojos.
“Las condiciones meteorológicas han acelerado de forma brusca el final del ciclo de los cultivos. El exceso de calor ha agostado las plantas demasiado pronto”, asegura César Acebes, presidente de UCCL en Segovia, al tiempo que añade que “a ello se sumó una situación anticiclónica persistente que impidió la llegada de precipitaciones en un momento clave para el llenado del grano”.
En la misma línea se expresa el presidente de ASAJA Segovia, César Monjas, quien explica que “la planta se ha secado antes por el calor excesivo y la falta de agua, provocando que muchas parcelas lleguen a la cosecha con un potencial productivo muy inferior al esperado apenas unas semanas atrás”.
El adelanto de la cosecha es solo la consecuencia más visible de una campaña que tanto ASAJA como UCCL califican de negativa. Las previsiones apuntan a importantes caídas de producción y rendimiento muy inferiores a los del año pasado
Las diferencias entre unas zonas y otras son notables. Las comarcas tradicionalmente más productivas han resistido mejor el impacto del calor, mientras que otras áreas de secano presentan daños mucho más acusados.
También existe una clara diferencia entre las explotaciones de secano y las de regadío. Mientras estas últimas han podido compensar la falta de lluvias mediante aportes de agua, aunque con mayores costes de producción, las parcelas de secano han quedado completamente expuestas a las condiciones climáticas.
PRODUCCIONES POR DEBAJO DE LAS EXPECTATIVAS. Las estimaciones que manejan las organizaciones agrarias dibujan un escenario complicado. UCCL calcula descensos productivos de entre el 35% y el 50% según las comarcas, mientras que ASAJA considera que la cosecha será entre un 40% y un 50% inferior a la de 2025 e incluso peor en algunas zonas.
Los rendimientos previstos reflejan con claridad esa situación. Según los datos aportados por ASAJA, la cebada oscilará entre 1.700 y 2.500 kilos por hectárea, mientras que el trigo se moverá entre 1.300 y 2.500 kilos. En cultivos como el centeno o el triticale, las producciones podrían situarse alrededor de los 1.000 kilos por hectárea.
Por su parte, UCCL estima una media provincial cercana a los 2.000 kilos por hectárea. En la zona sur de la provincia se esperan rendimientos de entre 1.500 y 2.000 kilos, mientras que en las áreas más productivas podrían alcanzarse cifras cercanas al doble.
La situación resulta especialmente preocupante porque hace apenas un mes las perspectivas eran mucho más favorables. Las lluvias registradas durante la primavera permitían pensar en una campaña aceptable, pero las elevadas temperaturas de finales de mayo cambiaron completamente el escenario.
Monjas recuerda que “ por San Isidro, las lluvias habían presentado una cosecha aceptable, pero quince días con temperaturas por encima de los 30 grados y noches sin bajar de los 20 se han llevado casi toda la cosecha”, mientras Acebes coincide en que, “si las condiciones meteorológicas hubieran acompañado tras las precipitaciones primaverales, los resultados podrían haber sido razonablemente buenos”, asegura.
MENOS ENFERMEDADES, PERO MÁS MALAS HIERBAS. Desde el punto de vista sanitario, la campaña presenta una situación peculiar. La escasez de humedad y el calor han limitado el desarrollo de enfermedades fúngicas en las fases finales del cultivo, reduciendo la incidencia de algunos de los problemas habituales en cereales.
Sin embargo, esa misma falta de vigor de las plantas ha favorecido la aparición de malas hierbas. Según explica UCCL, muchas parcelas presentan una importante presencia de adventicias debido a que el cereal no ha desarrollado una cubierta vegetal suficiente para competir con ellas.
ASAJA también reconoce la presencia de algunas enfermedades y problemas fitosanitarios durante la campaña, aunque destaca que las altas temperaturas han contribuido a reducir su incidencia.
PRECIOS INSUFICIENTES PARA CUBRIR COSTES. Si la producción preocupa, la situación económica genera todavía más inquietud entre los agricultores. Actualmente, la cebada cotiza en la Lonja de Segovia en torno a los 190 euros por tonelada y el trigo alrededor de los 196 euros. Son precios que ambas organizaciones consideran insuficientes para cubrir los costes de producción.
“Con estos precios no podemos cubrir costes”, afirma Acebes. Una afirmación que comparte ASAJA, desde donde aseguran que incluso en la excelente campaña de 2025 los márgenes fueron reducidos y que este año las explotaciones afrontarán pérdidas generalizadas.
Los cálculos realizados por esta organización agraria sitúan los costes de producción alrededor de los 800 euros por hectárea, mientras que los ingresos previstos apenas alcanzarían unos 600 euros. Esto supone pérdidas de entre 200 y 300 euros por hectárea en numerosas explotaciones.
El encarecimiento de insumos como el combustible o los fertilizantes sigue pesando sobre la cuenta de resultados de los agricultores. Ambas organizaciones denuncian además la falta de mecanismos eficaces para garantizar que los precios percibidos por los productores cubran realmente sus costes.
UN SECTOR PREOCUPADO POR SU FUTURO. Más allá de la campaña actual, los representantes agrarios advierten de problemas estructurales que afectan al conjunto del sector cerealista.
La falta de rentabilidad está dificultando el relevo generacional y reduciendo el atractivo de la actividad agraria para los jóvenes. “Si no hay rentabilidad, nadie se acerca al campo”, aclara Monjas.
Acebes va más allá y alerta de una progresiva pérdida de tejido productivo. “Estamos viendo cómo se va desestructurando el sector poco a poco”, afirma.
Ambas organizaciones reclaman una mayor implicación de las administraciones para garantizar precios justos, reducir la presión normativa y asegurar condiciones de competencia equilibradas frente a las importaciones procedentes de terceros países.
EL CAMBIO CLIMÁTICO MODIFICA LOS CICLOS AGRÍCOLAS. Los agricultores también observan cambios cada vez más evidentes en los ciclos de cultivo. UCCL considera que el adelanto de las cosechas comienza a convertirse en una tendencia recurrente, mientras que ASAJA señala que los productores han tenido que adaptar sus calendarios de siembra a otoños más tardíos y primaveras cada vez más cortas.
La ausencia de inviernos fríos, la irregularidad de las precipitaciones y los bruscos contrastes térmicos complican la planificación de las explotaciones y aumentan la incertidumbre.
Ante esta situación, los agricultores están incorporando variedades más resistentes al estrés hídrico y adaptando sus técnicas de cultivo, aunque reconocen que las herramientas disponibles son limitadas frente a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.
Mientras las cosechadoras avanzan por los campos segovianos, el sentimiento predominante entre los cerealistas dista mucho del optimismo. “Desolación”, resume Acebes cuando se le pide definir la campaña con una sola palabra. Monjas opta por una definición igualmente contundente: “Mala”.
Ambos coinciden, no obstante, en una esperanza compartida: que la reducción de la producción a nivel regional y nacional impulse una recuperación de los precios durante los próximos meses. De ello dependerá, en buena medida, que las pérdidas de esta campaña no terminen agravando aún más la delicada situación económica que atraviesa el cereal en la provincia.
COAG sitúa la cosecha de cereal un 12% por debajo de la media de la última década
La organización agraria asegura que “las lluvias del inicio de la sementera del cereal y los posteriores calores de mayo y junio han acelerado la maduración del cultivo y han hundido los rendimientos”
La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG en Castilla y León asegura que las lluvias del inicio de la sementera del cereal y los posteriores calores de mayo y junio han acelerado la maduración del cultivo y han hundido los rendimientos.
Así, la organización profesional agraria estima una cosecha de 5,5 millones de toneladas, con una caída del 34,4 por ciento en comparación la histórica del año anterior; del 16,6 por ciento en relación a la media de los últimos seis años, y del 12 por ciento si se tiene en cuenta los valores de la década.
En este sentido, COAG vaticina que por provincias, se hundirá especialmente Soria, Segovia y León. En menor medida, pero con reducciones también importantes, Ávila, Palencia y Valladolid. Aguantan mejor el tirón Zamora, Burgos y Salamanca.
La opa constató que “a este escenario poco propicio para la fertilidad del grano, se une otro lastre que agrava la mala cosecha”, ya que “al dispararse los precios de los fertilizantes empujados por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, muchos agricultores han reducido, o incluso eliminado, la habitual cantidad de abono con la pretensión de no incurrir en pérdidas”. Al respecto, COAG estima que el consumo de fertilizantes habría caído en Castilla y León un 20 por ciento en relación con otras campañas.
El coordinador de COAG, Lorenzo Rivera, lamenta que “muy posiblemente quedemos por debajo de la producción media de Castilla y León, que es de 3.000 kilos por hectárea”. “Serán necesarias varias medidas para atajar el problema de los cereales en Castilla y León”, dijo, para exigir ayudas directas no solo del Gobierno, también de la Junta, para racionalizar el precio del gasóleo, de los fertilizantes y demás insumos. El dirigente agrario plantea también que el Gobierno prorrogue las ayudas al sector más allá del 30 de junio.
Además, exige que sean “reguladas y controladas” las importaciones del cereal que entra en España con relación tanto a las cantidades como a las fechas de entrada. “Hay que evitar que esas partidas coincidan con la salida al mercado de nuestra producción para que estrangulen los precios del grano español. Unas importaciones sin contingentes destruyen nuestra producción local a cambio de nada. Y además, sin aranceles. España es el país más perjudicado”, asegura.

