El aumento del malestar emocional infantil y adolescente se ha convertido en una preocupación de primer orden. El Ministerio de Sanidad advierte de que el malestar psicosomático entre adolescentes pasó del 27,8% en 2018 al 38,5% en 2025. En ese contexto, el contacto con animales aparece como una herramienta complementaria de gran valor educativo y emocional. En un campamento, convivir con animales enseña algo que va más allá del entretenimiento. Dar de comer, cepillar, observar, esperar o acercarse con respeto obliga al niño a salir de sí mismo y atender las necesidades de otro ser vivo. Esa relación favorece la paciencia, la empatía, la responsabilidad y la autoestima. Para muchos menores, especialmente después de años marcados por pantallas, aislamiento y sobreprotección, el contacto con animales y naturaleza puede convertirse en una experiencia sencilla pero poderosa: una forma de recuperar calma, confianza y relación real con el entorno.
Una opción diferente
En Segovia existen distintas posibilidades para disfrutar de este tipo de experiencias, pero una en especial destaca por la originalidad de su enfoque y la sensibilidad que muestran los organizadores para acoger a todo tipo de niños y jóvenes. Se trata del Campamento Hípico Multiaventura de Fuentemilanos. Tiene los atractivos que ofrecen otros campamentos ecuestres: clases de monta, rutas a caballo, excursiones a parajes naturales singulares, piragüismo, hidropedales, juegos, ginkanas… pero la diferencia es que aquí no se excluye a nadie. “Desde que diseñamos este tipo de actividades con los caballos nos dimos cuenta de los beneficios que aporta a los chicos y chicas el encuentro con los animales”, explica Ángeles Del Val, socia fundadora de la Escuela Ecuestre Horses del Val.
El contacto con los caballos, acariciar, cepillar, pasear o alimentar al caballo ayuda a bajar la hiper actividad, reduce la tensión y favorece estados de calma. Es un apoyo en menores con estrés o ansiedad. Por otra parte, el niño aprende a observar las señales que le transmite el animal: si tiene miedo, está cansado, molesto, necesita espacio o responde bien al cuidado. Eso obliga a estar pendiente del otro, y no solo de uno mismo.
Además, un animal necesita horarios, alimento, limpieza, respeto y paciencia. Se trata de establecer una disciplina, de mantener unas rutinas que son muy educativas. Otro punto a favor es que para un niño que se siente inseguro, comprobar que puede guiar a un caballo, que es un animal poderoso, refuerza la confianza en sus posibilidades.
En un momento en el que el uso temprano e intensivo del móvil preocupa a familias y expertos, las actividades con animales devuelven al menor al cuerpo, al tacto, al aire libre y a la relación presencial con otros seres vivos.
Pero Ángeles incide en la característica que hace distintivos los campamentos de Horses del Val. “Vivimos en un mundo diverso con personas diversas, pero en muchas ocasiones los niños y niñas que tienen autismo, o problemas de movilidad o cualquier tipo de discapacidad sufren discriminación a la hora de realizar sus actividades fuera del colegio, ya sea por precio o simplemente porque se les niega el acceso a este tipo de actividades. Nosotros incluimos a todos, independientemente de sus capacidades mentales o motoras, adecuando las actividades a sus posibilidades e integrándoles en el grupo. Son uno más y aportan mucho al equipo. Los caballos funcionan muy bien como mediadores, y sirven de nexo entre los chicos y chicas, ya que las actividades giran alrededor de una tarea compartida. Al final, logramos que los campamentos también sean una forma de conocer mejor al otro, entender sus necesidades y fortalezas y divertirnos juntos. Es algo muy verdadero a lo que damos mucho valor” concluye Ángeles.
