Maher es Vd. ecuatoriano y activista indígena y ha participado hace unas semanas en un congreso en la Fundación Rafael del Pino en Madrid, titulado “El mundo indígena en el ámbito hispano”.
—¿Cuál es su especialidad en relación con el mundo indígena?
—Antes de nada, quisiera expresar mi más sincero agradecimiento por esta oportunidad de poder compartir mi visión, mi experiencia y, sobre todo, mi compromiso con la historia y el presente del mundo indígena.
Mi especialidad dentro del mundo indígena está profundamente vinculada a mi identidad, a mi comunidad y a mi vivencia directa como parte de la etnia Otavalo. Nosotros habitamos principalmente en la ciudad de Otavalo, ubicada en la provincia de Imbabura, al norte del Ecuador, aproximadamente a una hora y media de la capital, Quito. Sin embargo, más allá de la geografía, Otavalo representa un núcleo cultural, histórico y simbólico que trasciende lo local.
La historia de mi pueblo no puede entenderse de forma aislada. Es, en esencia, parte integral de una historia mayor: la del mundo hispánico. Existe una narrativa dominante que intenta separar lo indígena de lo español, como si fueran entidades opuestas o irreconciliables, pero desde mi perspectiva —y desde una lectura histórica distinta— ambas realidades están profundamente entrelazadas.
Para comprender esto, es necesario revisar el punto de quiebre que significó el proceso de independencia en América Latina. Mientras muchos lo presentan como una liberación, en el caso de numerosos pueblos indígenas, incluyendo el mío, este proceso trajo consecuencias complejas y, en muchos aspectos, perjudiciales. Figuras como Simón Bolívar han sido idealizadas, pero existen interpretaciones críticas que señalan que sus proyectos políticos no necesariamente contemplaban una inclusión real de los pueblos indígenas.
De hecho, amplios sectores de la población indígena no se alinearon con los movimientos independentistas. Tras las guerras, muchos pueblos quedaron en condiciones de mayor vulnerabilidad. Un ejemplo claro de ello es el sistema del huasipungo, una forma de servidumbre vinculada a las haciendas, donde comunidades indígenas eran explotadas bajo condiciones extremadamente duras. Este sistema persistió durante décadas y no fue abolido sino hasta mediados del siglo XX, alrededor de 1945, lo cual evidencia que las condiciones de desigualdad no desaparecieron con la independencia, sino que en muchos casos se profundizaron.
Mi especialidad, por tanto, no es únicamente académica o teórica. Es vivencial, histórica y también política en el sentido más amplio del término: comprender, analizar y transmitir una visión distinta sobre el lugar del indígena dentro de la historia, alejándome de discursos simplificados o instrumentalizados.
—¿Cómo es el mundo indígena en Ecuador?
—El mundo indígena en Ecuador hoy en día es profundamente complejo y está atravesado por múltiples tensiones ideológicas, políticas y culturales.
Por un lado, existe una fuerte presencia del indigenismo como corriente política y discursiva. Este indigenismo, en muchos casos, se encuentra alineado con posturas de izquierda que han construido una narrativa basada en la victimización histórica permanente, resumida en consignas como “500 años de resistencia”. Aunque esta frase tiene un valor simbólico, también puede convertirse en una simplificación que impide un análisis más profundo y equilibrado de la historia.
Desde mi perspectiva, uno de los principales problemas de este enfoque es que termina generando dependencia política y emocional. En lugar de empoderar a las comunidades indígenas desde una visión de agencia, responsabilidad y proyección futura, se refuerza una identidad centrada exclusivamente en el agravio histórico.
Esto no significa negar que hayan existido injusticias —las ha habido, y muchas—, sino cuestionar el uso político de estas narrativas. En varios casos, líderes indigenistas han utilizado estas consignas para movilizar comunidades en función de intereses políticos específicos, como protestas o paros, sin necesariamente generar cambios estructurales sostenibles.
El partido Pachakutik, por ejemplo, representa una expresión política del movimiento indígena, pero no cuenta con un apoyo unánime dentro de las comunidades. Esto evidencia que el mundo indígena no es monolítico. Existen múltiples visiones, posturas y debates internos.
Además, muchas comunidades cercanas a centros urbanos enfrentan una paradoja: están geográficamente cerca del desarrollo, pero social y económicamente marginadas. Esto crea un terreno fértil para discursos que refuerzan la división en lugar de promover integración y progreso.

—¿Cómo fue la inserción del mundo indígena en la Monarquía Hispánica?
—La inserción del mundo indígena en la Monarquía Hispánica fue un proceso complejo, que pasó por distintas etapas.
Inicialmente, como en toda expansión imperial, hubo conflicto, resistencia y confrontación. Sin embargo, con el tiempo, se desarrollaron mecanismos de integración que permitieron la incorporación de estructuras indígenas dentro del sistema imperial.
Un ejemplo significativo es el de Paullu Inca, hermano de Atahualpa y Huáscar. Él representa una figura clave en este proceso, ya que optó por colaborar con la Corona española y adoptó el cristianismo. Este tipo de alianzas no fueron casos aislados, sino parte de una estrategia más amplia de incorporación de élites indígenas dentro del nuevo orden político.
La Monarquía Hispánica no fue simplemente un sistema de dominación unilateral. También funcionó como un espacio de integración jurídica, cultural y religiosa. Los indígenas eran considerados súbditos de la Corona, lo que implicaba ciertos derechos y protecciones dentro del marco legal de la época.
Por supuesto, esto no elimina las tensiones ni las desigualdades, pero sí permite cuestionar la idea de una relación exclusivamente opresiva. Hubo negociación, adaptación y transformación mutua.
—¿Qué labores de análisis, activismo o divulgación lleva a cabo?
—Actualmente, participo en el movimiento “El Otro Ecuador”, liderado por Francisco Núñez del Arco Proaño. Este espacio busca ofrecer una lectura alternativa de la historia nacional, alejándose de los relatos tradicionales que han dominado el discurso público.
Mi rol dentro de este movimiento es principalmente de carácter divulgativo y formativo. Aunque no me considero un académico en sentido estricto, sí tengo un profundo interés en estudiar, comprender y transmitir estas ideas, especialmente dentro de comunidades indígenas.
Mi objetivo es abrir espacios de reflexión. Mostrar que existen otras formas de entender nuestra historia y nuestro presente. Que no estamos condenados a una narrativa única.

—¿Colabora con otros historiadores o analistas?
—Sí, colaboro principalmente con Francisco Núñez del Arco Proaño, con quien comparto una visión crítica y alternativa sobre la historia del Ecuador y del mundo hispánico.
Este tipo de colaboraciones son fundamentales, ya que permiten enriquecer el análisis, contrastar ideas y construir discursos más sólidos.
—¿Qué propósito tuvieron las jornadas de Héroes de Cavite?
—El propósito central de estas jornadas fue reivindicar una parte de la historia que ha sido olvidada o minimizada: la historia imperial española y su vínculo con los pueblos indígenas.
Más allá de la nostalgia, se trata de recuperar una memoria histórica que permita entender que la construcción del mundo hispánico fue un proceso conjunto. La participación indígena no fue marginal, sino fundamental.
Estas jornadas buscan también fortalecer los lazos culturales y simbólicos entre España y América, promoviendo una visión de unidad basada en el reconocimiento mutuo.
—¿Cómo debilita el indigenismo de estilo anglosajón a Ecuador?
—El indigenismo de corte anglosajón introduce categorías y marcos interpretativos que no siempre se ajustan a la realidad histórica de América Latina.
Este enfoque tiende a polarizar la sociedad, dividiéndola en opresores y oprimidos de manera rígida, sin considerar los procesos de mestizaje, integración y transformación cultural.
Además, como mencioné anteriormente, puede fomentar una cultura de victimización que limita el desarrollo y la autonomía de las comunidades.
—¿Una reivindicación del mundo indígena en el ámbito hispano fortalece a Ecuador?
—Sin duda. Reconocer el legado compartido entre lo indígena y lo hispano permite construir una identidad más completa, más honesta y más sólida.
No se trata de idealizar el pasado, sino de entenderlo en su complejidad. Aceptar tanto sus luces como sus sombras.
Este reconocimiento puede servir como base para una nueva forma de integración, que supere divisiones ideológicas y promueva un proyecto común.
—¿Tienen planes en España e Iberoamérica?
—La gira en España incluye ciudades como Madrid, Valladolid, León, Oviedo, Sevilla, Cádiz, Granada y Alicante. Cada una de estas ciudades tiene un valor histórico y simbólico importante dentro del mundo hispánico.
Posteriormente, se espera llevar este proyecto a distintos países de Iberoamérica, ampliando el alcance del mensaje.
—¿Cuál es su proyecto artístico?
—Paralelamente, me encuentro desarrollando un proyecto artístico profundamente personal: mi primer álbum de rap. La música ha sido siempre una de mis pasiones, y el rap, en particular, me ha permitido expresar ideas, emociones y reflexiones de una manera directa y auténtica. Este álbum no es solo un proyecto musical. Es también una extensión de mi pensamiento, de mi identidad y de mi visión del mundo. Después de años de esfuerzo, aprendizaje y crecimiento, estoy consolidando este proyecto de manera profesional. Para quienes deseen seguir este proceso, pueden encontrarme en redes sociales como: Biglee1997.
Agradezco enormemente a diario EL ADELANTADO por darme esta magnífica oportunidad de compartir mi maravillosa experiencia en este viaje a la madre patria, España.
