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El desvío de caudales hídricos en Segovia amenaza el suministro de agua a medio plazo

por Miguel López
24 de mayo de 2026
El desvío de caudales hídricos en Segovia amenaza el suministro de agua a medio plazo
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La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en una esponja invisible que absorbe ingentes cantidades de agua, día y noche, aquí y allá, sin descanso ni límites a la vista. La sed tecnológica alcanza una dimensión perturbadora y enfrenta los intereses de las megacorporaciones con las necesidades de las localidades afectadas por un consumo descontrolado de recursos hídricos. Los centros de datos que activan la IA constituyen un inmenso sumidero que chupa agua de calidad, amenazando los precarios equilibrios del líquido elemento en España. Las protestas se extienden ante el imparable uso del nuevo invento. Pilar Esquinas, presidenta de Aguaiuris, explica el delicado horizonte inmediato para Segovia ante el auge de la IA.

Las protestas contra los daños hídricos que causa la Inteligencia Artificial se extienden con creciente intensidad por el orbe. La alarma social ha dado un salto cualitativo el pasado abril, cuando un activista arrojó una bomba incendiaria contra la mansión de Sam Altman, el gran jefe de Open AI, uno de los protagonistas del negocio más pujante del siglo con su herramienta ChatGPT. El atacante fue detenido acto seguido, justo cuando se dirigía a las oficinas de la firma OpenAI con la intención de pegar fuego al edificio.

Puede observarse esta agresión como un hecho aislado, pero también como reflejo del rechazo a la IA que se extiende sin freno por doquier. Las encuestas lo expresan contundentemente: el 57% de los votantes en Estados Unidos opina que los riesgos de la IA superan sus beneficios, mientras que un 91% exige regulación. Más hechos aislados: comunidades rurales en Texas o Maine han bloqueado infraestructuras para frenar el gasto masivo de agua y energía; marcas de primera fila, como Dove, ya incorporan a su estrategia comercial el término “AI slop” (contenido digital de baja calidad generado por IA sin supervisión humana); protestas contra centros de datos en Malasia y Arizona, o rechazo local al proyecto Stratos, en Box Elder (Utah), cuyo consumo hídrico podría perjudicar al Gran Lago Salado. Lo mismo ha pasado en países como Uruguay y Chile ante los planes de las tecnológicas que pueden afectar al río Santa Lucía y a las comunidades locales.

Naciones Unidas, a través de su Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud (UNU-INWEH), apunta que “el planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global” y advierte de los crecientes riesgos ante los nuevos usos de recurso tan limitado como necesario. UNU-INWEH advierte de que los conceptos habituales (“estrés hídrico” o “crisis hídrica”) ya no reflejan suficientemente la realidad de muchos lugares en el mundo, donde las pérdidas de capital hídrico natural son irreversibles y no hay forma de recuperar los niveles anteriores. Como escribe Eduardo Martínez de la Fe (Futuribles), “la infraestructura de la IA está creciendo más rápido que los mecanismos democráticos diseñados para gobernarla, tal como pasó a principios del siglo XIX con la Revolución Industrial”.

El agua que se traga la IA se utiliza ante todo para refrigerar los centros de datos y entrenar sus modelos operativos. El proceso de transformar H2O en datos sobre las pantallas provoca graves problemas ambientales y acelera gravemente al agotamiento de los recursos en zonas con problemas hídricos. Cabe recordar que desde Europa se señala el elevado estrés hídrico de España y consideran que el riesgo de desertización afecta al 74% del territorio de nuestro país.

La proliferación de los centros de datos modifica los paisajes y transforma sus zonas de asentamiento. Son habitualmente enormes superficies con hangares refrigerados y repletos de servidores que se dedican a procesar miles de millones de cálculos complejos. Esos cacharros se calientan mucho cuando atienden las consultas de la IA, llamadas prompt, generando temperaturas extremas que deben disiparse. En eso se gasta el agua, muchísima agua. La lucha de las grandes tecnológicas (OpenAI, Anthropic, Google, NVIDIA y Meta) contra el sobrecalentamiento de esos centros consume millones de litros de agua potable. Y esto es solo el principio. La Unesco prevé que el consumo de agua por parte de Google, Microsoft y Meta se triplicará el año que viene. O sea, ya mismo.

La pregunta oportuna es saber cuánta agua se consume al usar la IA, teniendo en cuenta que son mil millones de personas las que usan diariamente esta nueva frontera informática. Hay pluralidad de respuestas. Conviene advertir que el mayor impacto social y revuelvo mediático sobre esta cuestión procede del libro El Imperio de la IA (2025), publicado por Karen Hao. En sus páginas criticó la política extractiva de las grandes corporaciones y el desmesurado consumo de agua de la IA, calculando que un solo centro de datos podía consumir mil veces más agua que una ciudad de 88.000 habitantes. Pero el dato era erróneo. No se llega a esa barbaridad. La investigadora reconoció que la equivocación procede de la información que recibió desde el Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Chile (SMAPA), centrada en el consumo total de agua en Cerrillos y Maipu, localidades que utilizó para su libro. Karen Hao solicitó la cantidad en litros, pero la respuesta no especificaba las unidades y todo indica que en realidad eran metros cúbicos, de donde procede el desfase. Lo cierto es que Hao advirtió sobre un problema real y creciente, que los datos posteriores han ajustado y confirman la gravedad del problema.

Actualmente, algunos cálculos establecen que el consumo directo en el servidor para una consulta a la IA supone un gasto de 0,32 mililitros de agua (una decimoquinta parte de una cucharada). Sin embargo, estos datos publicados por la firma del mencionado Sam Altman solo contemplan el agua dulce evaporada in situ para enfriar los servidores del centro de datos durante la fracción de segundo que supone el procesamiento. Google baja aún más la cifra y calcula que un mensaje de su asistente Gemini consume 0,26 mililitros (cinco gotas). Sin embargo, otros investigadores elevan la cifra para una interacción con la IA hasta los 519 mililitros (una botella de medio litro) para trabajos simples como la redacción de un correo o un texto de cien palabras con modelos avanzados como GPT-4. Estas disparidades han puesto en tela de juicio la transparencia de los informes de sostenibilidad que publican los grandes del sector.

Otros estudios de la Universidad de California, Riverside e informes de The Washington Post añaden el consumo indirecto; es decir, el agua que las centrales eléctricas necesitan evaporar para generar la electricidad que consume esa consulta a la IA, además del gasto de agua proporcional que representa la fabricación de los chips. Para hacerse una idea, conviene contrastar con otras actividades cotidianas en estos tiempos digitales. Mientras una consulta a ChatGPT emplea el equivalente a una botella pequeña de agua, contemplar una hora de streaming en Netflix eleva la cifra a 800 mililitros, mientras una búsqueda normal en Google “evapora” 0,26 ml. o tirar de la cadena del retrete supone seis litros. Se estima que una sesión de entre 20 y 50 preguntas en modelos como ChatGPT consume aproximadamente medio litro de agua. Todo suma. O, mejor dicho, resta.

Los datos confirman que la IA funciona como un pozo sin fondo que complicará hasta extremos insospechados la gestión del agua en todas partes. No es preciso recurrir a técnicas de prospectiva para calibrar la gravedad de un gasto desmesurado de agua protagonizado por los mil millones de personas que ya utilizan la Inteligencia Artificial. Y solo estamos en la prehistoria de esa frontera tecnológica que lo está cambiando todo.

El desvío de caudales hídricos en Segovia amenaza el suministro de agua a medio plazo

“El poco agua que queda tras el procesamiento para la IA sale envenenada”

(Entrevista con Pilar Esquinas, presidenta y fundadora de Aguaiuris en 2019, organización de usuarios y consumidores de agua)

—¿Es el agua en España hoy más negocio que nunca?

—Es el negocio, ya no hay más negocio. Ya han reventado todo el país y lo único que queda para vender, destruir y comercializar es precisamente el agua. El agua y los recursos naturales que jurídicamente estaban protegidos, lo último que queda para vender en España.

—Afloran conflictos por el elevado gasto de agua que requiere la Inteligencia Artificial. ¿Se va a extender este fenómeno? ¿Puede llegar a España?

—España es la pionera precisamente en cómo se están destruyendo los principales acuíferos y las fuentes de agua con estos centros. Llevamos desde hace diez años teniendo estos centros de datos operativos y precisamente, siempre, en los lugares más fríos y con el agua de mejor calidad, porque necesitan agua de excelente calidad, casi, destilada, que es la que tenemos en España. Hay tener en cuenta que deben enfriar todos los circuitos. Toda la maquinaria tiene que estar refrigerada. El problema es que meten un aceite refrigerante para los circuitos y ese punto de vertido, cuando sale después de hacer el circuito, sale a más de cien grados y además sale envenenada. El tema de los centros de datos no solamente es la evaporación y calor que desprenden o cómo destruyen el agua, sino que el poco agua que queda después del procesamiento sale envenenada. Es muy grave lo que está ocurriendo.

—¿Se toman en serio las administraciones las muestras de rechazo que se multiplican?

—No. La toma de decisiones de la instalación de los centros de datos suele recaer en cuatro o cinco personas, tanto funcionarios como altos cargos políticos. Y la corrupción es extrema. Tenemos el caso de gente del Partido Popular que ha ido a Estados Unidos para ver a las sedes de Microsoft y cuando piden los accesos a los expedientes se intenta por todos los medios bloquearlos, porque es bastante grave lo que está ocurriendo. No solamente es el control de esa maquinaria hacia la población, sino la destrucción de recursos naturales que va a suponer. Los funcionarios y políticos que están autorizando son los primeros que van a hacer todo lo posible para que el pelotazo sea una realidad y no tengas acceso a lo que de verdad supone que te instalen un centro de datos de esas características.

—¿Esa cantidad tremenda de agua que exige la IA puede amenazar los recursos hídricos de zonas como Segovia?

—Sí, sí. Además, en Segovia tenéis un agua increíble, esa montaña maravillosa que ya habéis entregado a los fondos de inversión a través de las embotelladoras. Pero la siguiente gran infraestructura serán esos centros de datos que además necesitan también gran cantidad de frío. Y Segovia, precisamente, es un lugar ideal, también por la escasa población que hay de oposición. Por eso están ahora mismo haciéndose con los principales ríos, para hacerse con el control de esa infraestructura.

—Si hiciéramos un ranquin de los problemas hídricos de Segovia, ¿estaría la IA entre los cinco primeros?

—Sí. El primero, las embotelladoras; el segundo, la empresa Veolia SUEZ, que se ha quedado con el derecho de controlar toda el agua que hay en vuestra población, y el tercero, los centros de datos.

—¿Puede haber un sorpasso de la IA sobre las embotelladoras?

—Sí, perfectamente, porque la embotelladora está sujeta a precio y venta. Entonces, según se va vendiendo, van embotellando. Llegan y generan inseguridad en la calidad del agua que bebes y entiendes que una botella de agua es más sana que cogerla del grifo. Estamos hablando de Segovia, que lleva dos mil años gestionando el agua por parte de los romanos. Sabían traer la mejor agua a la ciudad. El sabor y la calidad que tenéis ahora mismo es vergonzosa. Duele que no se haya hecho nada para la población, que no se esté fomentando que tengáis el mismo agua que se está embotellando y que está con unas excelentes calidades, que se esté regalando para que una mercantil haga negocio y la gente de Segovia esté comprando agua embotellada, porque no se siente segura de beber agua del grifo, cuando precisamente son los fondos de inversión los que se están acaparando con todos los derechos. Cuando eliminan una acequia, una cacera, como ha pasado con Navalcaz, o cuando impiden que las caceras reales tengan derechos de agua o que lleguen y lo vendan incluso los ecolojetas, como un logro que se va a permitir y se han regularizado los derechos. No, lo que han hecho es que tú tenías muchos derechos históricos como ciudadano para usar esas caceras históricas, se han extinguido y han caducado los derechos. Te han dado una miseria con la que vas a pagar a través de un contador y encima estás regalando ese uso para que un fondo de inversión haga de verdad negocio, porque ha sido precisamente la Confederación Hidrográfica del Duero la que ha regalado y adjudicado a puerta cerrada desde planificación para que comercialicen y tengan ese derecho de cobro, de adjudicación y de calidad. Muy grave lo que está pasando.

—Las grandes tecnológicas parecen subestimar los riesgos de un eventual uso masivo de la IA.

—Sí, una de las patas de los fondos de inversión es precisamente el control y sometimiento de la población, pero sobre todo el acceso al territorio. Estos centros de datos llevan placas solares o bien termogeneradores, y suelen llevar también unos pequeños reactores que van a dar la orden de poder adjudicar que tengan estas instalaciones reactores de energía nuclear y que siempre tengan energía. De eso no se está hablando a la población. Es muy grande, muy gordo, y se está acelerando. Por ejemplo, en Alcalá de Henares (Madrid) hay ahora mismo cinco centros de datos de grandes dimensiones y eso no se está explicando a la población. Cuando veas que hay unas placas solares o hay un generador, es porque debajo hay una gran bolsa de agua o hay un manantial o hay unos derechos adjudicados en ese territorio. No es la instalación de energías renovables, es el acceso al agua porque en 2030 se activa el mercado del agua. España ha sido pionera, con Cristina Narbona y el gobierno de Zapatero en 2004, en la creación de las bases de todo lo que es la mercantilización del agua. España ha servido de laboratorio y epicentro de esa comercialización. Cuando vacían una presa, no es que la estén vaciando para ver si está en buen estado, no, lo que han hecho ha sido un gran reseteo. Hay una página web que se llama el Observatorio Gota, ahí está todo el control del agua, y los números que se están asignando al agua a través de Inteligencia Artificial. Muchas veces esos datos no son reales por el tema de contadores, cantidades de agua y de comercialización de derechos y de concesiones que está sirviendo luego para este mercado concesional. Recomiendo ver el Observatorio Gota. Se ve ahí un mapita muy bonito, con la meteorología, con datitos, pero ese es el centro y la base para la comercialización de los cauces, de las caudales y sobre todo de las concesiones.

—¿Qué medidas concretas, tanto jurídicas como tecnológicas, podrían implantarse para que los centros de datos no sean tan dañinos?

—Es que es el corazón del mercado del agua. Si no existe la Inteligencia Artificial, no puede existir el banco del agua y por tanto los mercados concesionales que se quieren implantar. Lo primero de todo, hay que concienciar a la población de que si aquí te van a poner un centro de datos, lo primero de todo que actives tu interés, tu sistema de alarma y de protección. Si la gente y los vecinos se personaran y pidieran por la ley de transparencia las expectativas, las infraestructuras, los derechos que ha adquirido y sobre todo quién va a ser el beneficiario, los daños y los pros y contras que va a generar, a partir de ahí cambiarían mucho las cosas. No es un cambio normativo, es un seguimiento, un control y sobre todo identificar quién está haciendo daño, quién está bloqueando la posibilidad de acceso al agua.

—¿Estamos abocados a un escenario con precios del agua mucho más elevados?

—España era pionera. Cuando Franco llega al poder, hizo que el agua fuera soberana, de todos los españoles. Tenías acceso al agua, pagabas por el gasto que había supuesto que llegara a tu casa, a tu campo, a tu ganado, pero al ser una casa no se podía reinvertir ese dinero, ese beneficio, en otra cosa que no fueran infraestructuras de agua. Así hemos estado hasta 2004. Eso se revienta cuando llega el gobierno Zapatero y autorizan a que sean solamente los fondos de inversión a través de esos convenios y como precio que hagan negocio con esas concesiones. Lo que hacen es que los ayuntamientos te asignaban por una cuota concesional por esa gestión del agua, 20, 30, 40 años, que luego es una estafa porque te falsean lo que de verdad cuesta el mantenimiento de las infraestructuras, porque no explican realmente qué pasa con los contadores, porque falsean contadores y muchas veces meten más presión en las infraestructuras para que incluso se revienten las tuberías, y así cambiarlas y generar una factura. La corrupción que hay detrás del agua y lo grave que es. Tú, a los cinco días, si no bebes agua, mueres. ¿Qué vas a ser capaz de hacer para tener agua? Han experimentado ese daño de privarte de agua, de sancionarte, de multarte, como a los agricultores y los ganaderos, para ver qué capacidad de resistencia y oposición había. O la salvajada que han hecho los ecologistas de inventarse sanciones y multar a los agricultores y ganaderos porque han utilizado agua para regar la fresa, como ha sido el caso de Doñana. Los ecologistas han iniciado todo este proceso de auténtica canallada. España ha sido pionera. Tengo clientes a los que han multado por regar 16 hectáreas de aguacate con 29 millones de euros, o por unas líneas de fresa, 5.800.000 euros. Y eso lo está fomentando los grupos ecologistas, porque dicen que se esquilma el acuífero. Cuando estoy en el despacho, les pregunto: quiero que ustedes me demuestren que de verdad está el acuífero sobreexplotado. Y, si ustedes dicen que está el acuífero sobreexplotado o que está en mal estado cuantitativo, cómo es que están entregando a fondos de inversión nuevas concesiones que de verdad va a esquimar el acuífero o lo va a contaminar. Y ahí el expediente se cae o hay un defecto de forma y ya nadie investiga. Es una estafa lo que está ocurriendo.

—¿Son conscientes las administraciones locales de la que se nos viene encima, con mil millones ya de personas utilizan habitualmente la IA?

—Hay conciencia de dinero. Hay 22 ministerios con un presupuesto que han reventado y lo que están haciendo es que “a mí dame dinero que yo llego ahora me forro y el que venga detrás que lo solucione”. Es simplemente el modelo Ábalos y Koldo, o sea corrupción, pelotazo, fiestón y luego, cuando vengan los problemas, pues yo no quiero saber nada

La pescadilla que se muerde la cola

Si se pregunta a la propia IA cómo resolver el problema del agua que ha creado con su existencia, las respuestas que ofrece son soluciones para mitigar la gran huella hídrica y energética. La Inteligencia Artificial se defiende ante la acusación y afirma que los algoritmos se pueden utilizar también como herramienta para optimizar al máximo el diseño, la refrigeración y la eficiencia de los centros de datos. La IA responde a este desafío y propone las siguientes aplicaciones prácticas:

1. Gestión Predictiva de la Refrigeración. Señala la IA el modelo DeepMind de Google. Es el ejemplo más famoso porque Google cedió el control de los sistemas de enfriamiento de sus centros de datos a una IA. El algoritmo analiza en tiempo real variables como la temperatura exterior, la humedad y la carga de trabajo de los servidores. De esa forma, la IA predice los picos de calor y ajusta los ventiladores y bombas de agua al milímetro, logrando reducir hasta un 40% el consumo de energía en refrigeración, lo que se traduce en millones de litros de agua no evaporada.

2. Coordinación con Energías Renovables. La IA predice con horas de antelación cuánta energía del sol o del viento habrá en la zona donde se ubica el centro de datos. Si la IA detecta que va a nublarse (lo que obligaría a utilizar la red eléctrica general, que consume agua), cambia las tareas pesadas de procesamiento a otro centro de datos del mundo donde en ese momento brille el sol. Así, el procesamiento “sigue a la energía limpia” y evita el consumo indirecto de agua.

3. Gemelos Digitales para Diseños Eficientes. Antes de construir o modificar un centro de datos, la IA diseña un “gemelo digital” (una réplica virtual exacta). El algoritmo simula cómo se moverá el aire caliente y el agua por las instalaciones. Esto permite diseñar tuberías y pasillos de servidores muy eficientes que disipan el calor de forma natural, reduciendo la necesidad de evaporación de agua desde el primer día.

4. Mantenimiento Predictivo de Fugas. Las redes de tuberías de los centros de datos están monitorizadas por IA. Los algoritmos identifican microvariaciones de presión o humedad que indican una fuga invisible. Así es posible reparar el fallo antes de que se desperdicien miles de litros de agua destilada o refrigerante.

5. Creación de Algoritmos más “Ligeros”. Los ingenieros usan algoritmos para “comprimir” el código de herramientas como ChatGPT sin que pierdan precisión. Al requerir menos cálculos para responder a una pregunta, los servidores trabajan menos, se calientan menos y, por lo tanto, consumen menos agua.

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