Los periodistas Cristina Olea, Mikel Ayestarán y José Antonio Guardiola, finalistas del XLI Premio ‘Cirilo Rodríguez’, que se entrega el viernes en el Parador de Segovia (20.30 horas), reivindicaron en el Campus ‘María Zambrano’ un periodismo “honesto”, riguroso y comprometido frente a la censura, la desinformación y el control creciente de los poderes políticos sobre la información internacional.
Los tres periodistas participaron este jueves en una mesa redonda dentro de las jornadas ‘Periodismo en lo Global’, celebradas en el Campus de Segovia de la Universidad de Valladolid, antes de la entrega del galardón que concede anualmente la Asociación de Periodistas de Segovia y que reconoce la labor de periodistas, cámaras y fotorreporteros españoles en el extranjero.
José Antonio Guardiola, corresponsal de TVE en México y Centroamérica y finalista por cuarta vez del premio, aseguró que su presencia en Segovia supone “completar un ciclo” ligado a unos galardones con los que mantiene una larga relación.
“Cuatro veces finalista significa que alguien todavía cree en tu trabajo”, afirmó Guardiola, quien alertó de cómo “los poderosos cada vez quieren un mayor control del mensaje” y ofrecen “menos oportunidades y espacios al reporterismo y al periodismo de verdad”.
El periodista sotuvo que el deterioro de la libertad informativa es “global” y recordó las crecientes dificultades para acceder a determinados países.
Pese a ello, defendió la capacidad de adaptación de las nuevas generaciones y ha destacado que existe “una legión de periodistas bien formados, que sigue creyendo en los mensajes hechos de manera honesta sin importar el formato que se use”.
Por su parte, Cristina Olea, corresponsal de TVE en Washington desde 2018, interpretó su candidatura como “un premio a Televisión Española, a la televisión pública, a los corresponsales y también a las mujeres periodistas que contamos el mundo”.
La periodista subrayó que, en un contexto de “desinformación y polarización”, el oficio periodístico es “más importante que nunca para trasladar información útil a los ciudadanos”.
Olea se refirió especialmente al reto de informar sobre el presidente estadounidense, Donald Trump, a quien definió como un dirigente “sin ideología” que toma decisiones “a golpe de instinto y del momento”. “No hay una doctrina Trump”, aseguró la periodista, quien destacó la “ambigüedad” y la capacidad de sorpresa permanente del mandatario estadounidense.
También describió como “muy compleja y contradictoria” la relación de Trump con la prensa, “porque probablemente ningún otro presidente había dado tanto acceso a los periodistas, pero tampoco ninguno nos había atacado tanto”. Según Olea, uno de los principales riesgos para los corresponsales consiste en quedar atrapados por el flujo constante de titulares generados por Trump y perder tiempo para analizar las consecuencias reales de sus decisiones sobre la ciudadanía.
Mikel Ayestarán, especializado en Oriente Medio y corresponsal en Jerusalén, calificó la situación en Gaza como “el paradigma del grado máximo de censura” y denunció tanto la muerte de periodistas palestinos como la imposibilidad de acceso de la prensa internacional al enclave.
“La situación que vive Gaza se estudiará durante mucho tiempo” como ejemplo extremo de restricciones informativas, apuntó. El periodista defendió la necesidad de seguir hablando del conflicto porque, pese a los anuncios de alto el fuego, “seguimos teniendo a dos millones de personas en una situación humanitaria límite, y el único país que puede frenar a Israel es Estados Unidos”.
Preguntado por la simplificación de los conflictos entre ‘buenos y malos’, el periodista señaló que las guerras son escenarios “grises” y matizó que “hay víctimas y victimarios. En este caso las víctimas no hay ninguna duda quiénes son”, concluyó.
