La lluvia no quiso perderse la cita, pero tampoco logró frenar a la Romería a la Virgen de la Fuencisla, que en su vigésimo novena edición volvió a llenar en la jornada del domingo el camino hacia el santuario con el colorido habitual de las aguederas segovianas, que mantienen viva una tradición que cada año suma nuevas generaciones.

Alrededor de un centenar de mujeres, vestidas con el traje tradicional, se dieron cita a partir de las 11.30 horas a los pies del Acueducto para disfrutar de una jornada en la que el cielo jugó al despiste con chubascos intermitentes. Allí, entre saludos, ajustes de manteos y más de un paraguas abierto, se fueron organizando antes de iniciar el camino hacia la Fuencisla en un inicio de marcha en el que estuvieron presentes la concejala de Comercio, Mercados, Industria y Salud Pública, Berta Migueláñez, y el concejal de Hacienda, Obras, Servicios e Infraestructuras, José Luis Horcajo.
La estampa tradicional
La estampa fue la tradicional, con los manteos negros, rojos y dorados poblando los soportales de Cándido al principio, y después el Azoguejo, y cada grupo con sus estandartes, identificando barrios de la capital y distintos pueblos de la provincia, como viene siendo habitual en una romería que nació en los años noventa con la idea de reunir a las aguederas cada segundo domingo de mayo.

El recorrido hacia el santuario volvió a estar marcado por el ambiente festivo, pese a la meteorología. La dulzaina y el tamboril pusieron la banda sonora habitual, y no faltaron los gestos de convivencia como los repartos de dulces, la conversación entre generaciones y ese ambiente de jornada compartida que define la romería.
Ya en el Santuario, las participantes realizaron la ofrenda floral a la Virgen, uno de los momentos centrales de la jornada, en el que cada grupo deposita flores como muestra de devoción y continuidad de una tradición muy arraigada en la ciudad y la provincia en el que este año la lluvia quiso añadir un punto de incertidumbre, pero sin poder alterar la esencia de un acto que sigue siendo, año tras año, un punto de encuentro entre tradición, devoción y convivencia para las aguederas segovianas.
