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Cumbre climática en Glasgow: ‘Bla, bla, bla…’

por Rafael Calderón Fernández
12 de diciembre de 2021
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Esos son enormes números que el lector debe tratar de retener. El primero, 1 cuatrillón de julios de energía, es aproximadamente la energía ‘extra’ en forma de calor acumulada en la Tierra debido al aumento en la atmósfera de los gases que tienen efecto invernadero y no dejan salir el calor, especialmente el dióxido de carbono (CO2) resultado de la quema de combustibles fósiles. El segundo, 30 Gigatoneladas de CO2 es la cantidad de este gas que emitimos a la atmósfera cada año. Aproximadamente el 30% es absorbido por el mar y el resto se va acumulando en la atmósfera.

El pasado mes de abril publiqué, en este mismo periódico, un estudio sobre el clima en Segovia a partir de los datos de temperaturas, precipitaciones y vientos, tomados en el Observatorio de Navacerrada desde su inauguración en 1951. Era la continuación de estudios anteriores que había llevado a cabo con alumnos del Instituto Giner de los Ríos durante mi etapa de profesor. Las conclusiones más importantes eran que en estos últimos 70 años la temperatura media ha subido más de 2ºC, que los veranos se alargan y que los días con nieve se han reducido drásticamente.

Hace 15 años comencé mi colaboración con la emisora local de Onda Cero en un programa semanal de divulgación y análisis de temas científicos. En los primeros programas, de hace ya 15 años, y reiteradamente desde entonces, vengo hablando del Cambio Climático y de sus tremendas consecuencias, que cada vez son más evidentes.

Por eso solo puedo usar el ‘bla, bla bla…’ de la activista climática Greta Thunberg para calificar los acuerdos de la reciente cumbre climática celebrada en Glasgow. Comprendo las dificultades para dar un paso serio hacia adelante y frenar el calentamiento y sé que la mentalidad está cambiando. Lo preocupante es que este cambio de mentalidad ocurre con excesiva lentitud y permite a los políticos lanzar mensajes ambiguos sobre el tema y no dar ese paso serio que consistiría en cortar radicalmente los subsidios a los combustibles fósiles y distribuir todos los flujos económicos hacia la investigación y uso de energías renovables en las que debería basarse ‘desde ya’ toda nuestra economía.

Analicemos lo que los números arriba indicados representan y así podremos acercarnos a la preocupación que por el futuro del clima y de la propia civilización humana están lanzando los científicos.

1024 J de calor ‘extra’

Los gases que producen efecto invernadero, como el CO2, no dejan escapar el calor emitido por la propia Tierra, al ser calentada por los rayos del Sol. Igual efecto que produce el plástico en un invernadero o el vidrio en el interior del coche. La acumulación de estos gases en la atmósfera en estos últimos años ha hecho que nuestro Planeta se haya ‘cargado’ con una enorme cantidad de energía ‘extra’, cuyo valor se puede obtener a partir de la información contenida en el último informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, el IPCC, y es del orden de 1024 Julios. (Un 1 seguido de 24 ceros).

Esa energía es unas 100.000 veces TODA la energía consumida en España en un año. Equivale a la energía liberada en la explosión de 100 billones de bombas atómica como la de Hirosima y, lo que es más importante, equivale a la energía necesaria para subir desde -15ºC hasta 0ºC y luego fundir, la décima parte de todo el hielo que hay en la Tierra. Y esto elevaría el nivel del mar en varios metros.

Lo que tenemos que entender y asumir es que esta energía ‘extra’, esta sobrecarga, no la podemos quitar. Hagamos lo que hagamos ya está aquí y ya lleva años manifestándose.

Más del 95% de esa energía extra está acumulada en el agua de los mares y océanos y el resto en el aire. Y no se puede quitar. Más bien lo contrario. La ambición de unos pocos y la ignorancia de muchos, hace que sigamos acumulando más y ya se admite que al menos hasta el año 2050 seguirá aumentando.

Esta enorme cantidad de energía fundirá la mayor parte de los glaciares, provocará fenómenos meteorológicos extremos (la mayoría asociados al calor acumulado en el agua), modificará las corrientes de aire en la atmósfera y las corrientes de agua que circulan por los océanos … y ya hay acumulada suficiente como para acabar elevando en varios metros el nivel del mar hasta poner en serio peligro la supervivencia de la especie humana. En el inmediato futuro, un Planeta sin hielo, un Planeta sin playas.

El camión y el Cubito de hielo

Podemos imaginarnos un camión de gran tonelaje que circula por una carretera convencional y ha de atravesar puertos de montaña. Con la carga que lleva, al comenzar el descenso del primer puerto, la inercia le obliga a usar ‘a tope’ los frenos para poder tomar las curvas. No debería llevar tanta carga… Pero quitar carga no es posible. Lo malo es que hay un compromiso de aumentar la carga en un almacén que hay en el camino. Es una temeridad y la prudencia aconsejaría coger la autovía, pero completar la carga es un buen negocio y decide continuar su camino confiando en que ‘siempre habrá soluciones’.

La ambición y la inercia (¡No se puede parar en seco!) pueden condenar al camión. Lo mismo que a nosotros.

Otro símil para ilustrar un hecho que considero fundamental.

Imaginemos ahora que sacamos un cubito de hielo del congelador que está a una temperatura de -15ºC y lo colocamos encima de una mesa. Durante unos minutos no pasa nada. Pero, de pronto, aparecen unas gotas de agua sobre la mesa. Y al cabo de otros pocos minutos el cubito ha desaparecido. El hielo ha absorbido la energía en forma de calor que hay en la habitación para calentarse primero (cosa que no se ve) y fundirse después, en un proceso imparable.

Si observamos el cubito antes de comenzar el proceso de fusión podíamos sacar la equivocada y ‘peligrosa’ conclusión de que no está pasando nada.

La energía ‘extra’ calienta el aire y el agua pero su distribución en el Planeta es desigual y siguiendo las leyes de la termodinámica se va especialmente a las zonas más frías de la Tierra: la subida de las temperaturas es muy superior en los polos y en la alta montaña. Y allí, en los polos y en la alta montaña, calienta el hielo que acabará fundiéndose. No cometamos el error del que observa el cubito de hielo antes de comenzar la fusión. Una gran parte del calor acumulado en la tierra está haciendo una labor ‘oculta’ que es calentar el hielo ártico, y sobre todo el hielo del continente antártico sin que se vean cambios aparentes. Los científicos llevan años alertando sobre la desaparición de los glaciares y la disminución del hielo…

En el último informe del IPCC se informa del deshielo progresivamente creciente, de la subida del nivel del mar cada vez más rápida, que alcanza ya los 4 mm/año y dice que ‘con mucha probabilidad’ continuará a ritmo creciente en el futuro. Esa, la subida exponencial el nivel del mar, es nuestra gran amenaza. Ya se ha acumulado suficiente energía para que esa subida alcance varios metros. Que sea efectiva o no dependerá de cómo se distribuya esa energía y sobre todo si somos capaces de detener el acopio de calor en un tiempo inmediato. Los científicos lo saben y por eso no dejan de avisar, de decir que el tiempo se agota, de que tenemos que dejar la carga en el almacén y tomar la autovía.

30 Gigatoneladas de CO2 cada año

En un nuevo símil, podemos entender el papel del CO2 en la atmósfera si lo comparamos con una película fina de plástico trasparente llena de agujeros que rodee la Tierra. El aumento incesante de CO2 equivale a ir tapando agujeros con el consiguiente aumento de la temperatura.

En la atmósfera hay unas 3.000 Gt de CO2. Desde el inicio de la era industrial, la quema de combustibles fósiles ha mandado a la atmósfera una cantidad cada vez mayor de CO2, un gas que permanece en ella durante centurias. En los últimos años la cantidad de ese gas emitido, cada año, por vehículos y fábricas (cementeras y altos hornos sobre todo) es de unas 30 Gt, es decir el 1% de todo el que hay. Eso cada año. El resultado es un cambio en la composición química de la atmósfera que altera sus propiedades. Va ‘tapando agujeros’.

Alerta roja. Curva de keeling

Quiero recoger aquí uno de los registros de datos más espectacular y significativo en lo que respecta a su relación con el clima de los últimos años.

Se trata de la llamada Curva de Keeling, una gráfica (ver figura) que muestra los valores de la concentración de CO2 en la atmósfera desde el año 1958. Ese año, el entonces joven científico Charles David Keeling (1928-2005), colocó un medidor de la concentración de CO2 atmosférico, que el mismo había diseñado, en un observatorio situado en el volcán Mauna Loa de las islas Hawái. Desde entonces se siguen recogiendo datos en ese observatorio.

21 01
Curva de keeling.

La gráfica es contundente. A finales de los años 60 del siglo pasado mi libro de Física y química de 4º de bachillerato, decía que el CO2 estaba presente en la atmósfera en una concentración de 320 ppm (320 moléculas de CO2 por cada millón de ´moléculas’ de aire). Como se puede ver en la gráfica, el pasado año alcanzamos las 420 ppm con un ritmo de crecimiento cada vez mayor. Los dientes de sierra obedecen a cambios estacionales en la concentración del CO2, coincidiendo con la actividad vital de las plantas, mayor en primavera-verano.

Keeling ya alertó de que la concentración de CO2 atmosférico estaba creciendo y del peligro que eso suponía al ser un gas ‘que retiene el calor’. En 1965 el Comité Asesor Científico del presidente americano Lyndon B. Jhonson presentó un informe científico en la misma línea…

El futuro climático

He tratado de dejar claro que con el exceso de calor ya acumulado en el Planeta, el daño está hecho y el reto que tenemos es no empeorar demasiado las cosas para no encaminarnos al precipicio (a través del sufrimiento).

Tenemos un problema formidable: pasar de las 30 Gt que actualmente emitimos (en realidad son 50 Gt de ‘CO2 equivalente’, contando con los otros gases de efecto invernadero) a CERO. Y hacerlo en el menor tiempo posible. Tenemos que dejar de emitir a la atmósfera más CO2: así de simple. El año 2050 se ha puesto como fecha límite. Ese año, siendo optimista, la concentración de CO2 estará por encima de las 450 ppm y la energía ‘extra’ se habrá elevado, como mínimo, en un 50%.

El reto es gigantesco, pero las fuentes alternativas de energía existen y cada vez son más eficientes. Y siendo realista y teniendo en cuenta la naturaleza humana no veo a la humanidad cambiando de hábitos en la medida que exigiría la solución del problema. La única alternativa es que los gobiernos lo entiendan, lo asuman y adopten políticas decididas para un cambio en las fuentes de energía.

En el problema nos hemos metido por decisiones políticas (¿Qué hubiera pasado si el presidente Jhonson hubiese atendido el informe científico que le presentaron?) y ha de tener una solución política, que apunté al inicio de este artículo.

Pasaron décadas hasta que se reaccionó a los reiterados avisos científicos sobre la peligrosidad del tabaco. Llevan décadas los científicos alertando sobre los riesgos que para la salud tiene el consumo de azúcar y de alimentos procesados cargados de grasas saturadas. También sobre el abuso de los antibióticos por el peligro que supone la presencia cada vez mayor de superbacterias resistentes, y en cambio, durante la pandemia ha aumentado enormemente su consumo a pesar de ser inocuos ante los virus. Pero todo esto es una nimiedad para el riesgo que corremos si seguimos con el “bla, bla, bla” ante el calentamiento global.

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