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La antigua fiesta de la Cruz de Mayo en Riaza

por El Adelantado de Segovia
5 de mayo de 2019
Danza de la Cruz de Mayo, 1989. Foto cedida por Eugenia Alcón.

Danza de la Cruz de Mayo, 1989. Foto cedida por Eugenia Alcón.

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El pasado 1 de mayo se cumplían tres décadas del intento de recuperación en Riaza de una festividad que se encontraba ya en el recuerdo de sus vecinos más mayores y que con anterioridad a la Guerra Civil gozó de auténtico esplendor en la villa. Nos referimos a la antigua fiesta de la Cruz, que con una música, danza y rituales de indudable valor etnográfico, queremos traer a la memoria. En aquella ocasión, tanto la Asociación Cultural El Rasero como la de Amas de Casa, jugaron un papel destacado en el loable propósito de recrear unos viejos rituales que se mantuvieron con peor o mejor fortuna hasta los años de la posguerra.

El que fuera alguacil y pregonero de la villa D. Julio Sanz Asenjo (1908-2000), fue partícipe y gran amante de las tradiciones de su pueblo. A él se debe que tengamos conocimiento de cómo se desarrollaba la fiesta de la Cruz hasta los años 30 del pasado siglo, pues dejó constancia de ello en una entrevista que fue publicada en un almanaque riazano editado en 1956 por la parroquia de Ntra. Sra. del Manto. Anteriormente, ya había colaborado un 23 de septiembre de 1949 con el folklorista Antonio Granero Zaldívar en la Misión folklórica número 36 del CSIC, y en la que cantó junto a su madre Basilisa Asenjo Macián varios fragmentos de romances y canciones de la tradición oral riazana. Entre esas piezas, se encontraban algunos de los versos que se cantaron en la localidad por la festividad de la Cruz hasta que llegó la contienda fratricida: los Mandamientos y el Pasacalles, denominados en la recopilación de Granero como Ronda a la Virgen y Los ladrones de Toledo respectivamente. Por fortuna, podemos conocer su música gracias a esta recopilación, custodiada y digitalizada por la Institución Milá y Fontanals, con sede en Barcelona.

La fiesta comenzaba al anochecer del 2 de mayo con la tradicional ronda de los mozos que, formando dos cuadrillas, rivalizaban entre sí para lo que llamaban “cobrar los cuartos”. En un lugar determinado del recorrido, la cuadrilla de mozos más veterana, con dos velas encendidas, gritaba: “Alto a la ronda”. Uno del otro grupo contestaba: “Alto está”. Los de las velas preguntaban: “¿Quién cobra los cuartos?” “Nosotros”, respondían aquellos. “Abajo lo veremos”, replicaban los veteranos. Esto significaba que una de las cuadrillas debía ser la encargada de recaudar una pequeña cuota a los demás mozos para hacerse cargo del pago a los músicos y del importe de la subasta para bailar ante la cruz engalanada que se preparaba para la ocasión, como más adelante veremos.

Tras el desafío de unos mozos a otros para ver quién cobraba los cuartos, todos juntos, acompañados de vecinos y autoridades, se dirigían a la puerta del cementerio viejo, ubicado junto a las actuales escalinatas del lado sur de la iglesia parroquial, que entonces se encontraba vallado. Allí se colocaban dos mozos con velas encendidas para indicar que su cuadrilla estaba dispuesta a “cobrar los cuartos”. Según el señor Julio Sanz, “si nadie les hacía la competencia quedaban de gallitos”, pero como los miembros de la otra cuadrilla se lanzaran a quitarles el protagonismo del cobro y, por ende, de la fiesta, ya estaba el conflicto servido.

Después lo tradicional era bailar alrededor de la cruz de piedra que hay junto a la iglesia y, tras las doce campanadas de la medianoche, los mozos cantaban la Ronda a la Virgen o Mandamientos en la misma puerta de la iglesia. Al señor Julio le gustaban especialmente las despedidas que contenían estos versos, como por ejemplo esta: Me despido de la Iglesia/ y también de sus umbrales/ de Vos también me despido/ Virgen Santa de Hontanares. Tras estos versos, se dirigían a casa del alcalde y luego a la del mayordomo de la desaparecida cofradía de la Vera Cruz, que se hallaba engalanada al igual que la puerta de la iglesia y muchos balcones y ventanas con bonitas enramadas. Allí cantaban los Desposorios y cuatro mozos pujaban en subasta para bailar al día siguiente la danza de la Cruz con una moza cada uno, que solían ser de la familia o amistades del mayordomo. Seguidamente, los designados para bailar la Cruz, se dirigían a la plaza y hacían un primer baile a modo de ensayo en el centro del ruedo, alrededor de la vieja farola que existió allí y alumbró las noches riazanas hasta la década de los años 60 del pasado siglo.

Durante la ronda los mozos cantaban el Pasacalles, recogido con el nombre de Los ladrones de Toledo en la recopilación ya citada de Antonio Granero Zaldívar, con versos del siglo XVI o XVII referidos a un valiente que se enfrenta a unos bandoleros. La ronda se extendía hasta el amanecer con el acompañamiento de la dulzaina y el tamboril, repitiéndose esta tradición la víspera del Corpus y la Ascensión.

En la mañana del 3 de mayo tenía lugar en la plaza la tradicional danza tras una procesión en la que eran protagonistas una cruz -profusamente adornada con hiedra, flores, espejos y rosarios- y la imagen de Jesús Nazareno, la misma que desfila en la procesión del Jueves Santo pero sin sus acompañantes habituales -El Cirineo y El Judío-, que componen El Paso Grande. Durante el recorrido se rezaba una y otra vez la siguiente letanía:

Apártate Satanás,
que en mí, parte no tendrás,
que en el día de La Cruz
dije mil veces Jesús.

Jesús por tu muerte,
Jesús por tu cruz,
Jesús por tus clavos,
mil veces Jesús, Jesús, Jesús…

Los danzantes vestían sus mejores galas, los hombres con trajes domingueros y las mujeres ataviadas de serranas con mantones de diversos colores y pañuelo blanco a la cabeza. De esta guisa bailaban la tradicional danza de la Cruz, ejecutándola una vez más por la tarde alrededor del crucero que se halla en el extremo oeste del Rasero. Por fortuna, esta melodía se pudo recoger en 1989 gracias a los tarareos que le hicieron algunos riazanos a Juan del Val, el dulzainero de Duruelo, apareciendo posteriormente en el volumen ocho de la colección La Música Tradicional de Castilla y León, dirigida por Gonzalo Pérez Trascasa y Ramón Marijuán con el sello de Radio Nacional de España para RTVE-Música. Ya en 2014, en mi trabajo titulado Riaza: sones y costumbres tradicionales, grabé esta misma pieza y añadí una transcripción de la misma realizada por el folklorista segoviano Rodrigo Peñas, quién opina que “el valor de esta danza no sólo reside en su melodía, sino en su estructura rítmica en la que se puede adivinar el paso de un ritmo 10/8 (de partes desiguales) a un 6/8 (de partes iguales), un proceso que se sospechaba que había sucedido en muchas piezas de nuestro folklore pero que no estaba documentado, al menos en la provincia de Segovia”.

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