En 1987, Juan Tapia Manso (Palazuelos de Eresma, 75 años) llegó a los palés arrastrado por una crisis que le dejó en la calle. Veinticinco años después cerró el círculo del aprovechamiento de la madera convirtiendo los restos de esos palés en pellets. Tenía que ser desde Sanchonuño, en Tierra de Pinares, desde donde Tapia colocará dos empresas, Pallet Tama y Naturpellet, a la cabeza de sus sectores en Segovia y en España, pasando en poco menos de 50 años de tres a doscientos empleados. Padre de tres hijos y abuelo de tres nietos, dice que aprendió a mirar al futuro de un vecino de su Palazuelos de Eresma natal, Nicomedes García. El fundador de DYC apostó por producir whisky en un lugar en el que nadie lo había hecho antes y Juan vio en los palés un elemento necesario e insustituible en la economía actual. Los dos acertaron.
Aunque acertó, a Juan Tapia le gustaría que el tejido industrial segoviano no estuviera conformado principalmente por aventureros que creen en ellos mismos y que la Administración diera más facilidades a las grandes empresas para que se asienten a la provincia y creen riqueza a mayor escala.
-¿Cómo llegó a fabricar palés?
-Trabajé durante 12 años en una multinacional, pero en 1986 España estaba atravesando una crisis económica que obligó a la empresa a reducir su plantilla y me afectó directamente. Por entonces, consideré que antes o después saldríamos de la crisis y que en ese momento habría un importante desarrollo económico. Un elemento fundamental cuando la economía se mueve al alza es el transporte, desde los camiones a los embalajes. El palé es un tipo de embalaje que es tan simple que nunca va a desaparecer. Es barato, la madera no puede ser sustituida por otro material y son fáciles de reciclar. Cosas todas ellas que me llevaron a apostar por los palés.
-Pero sin experiencia previa.
-Yo conocía un poco el sector por mi trabajo en FEMSA. En Segovia había cuatro o cinco fábricas de palés en diferentes pueblos, pero eran muy pequeñas y yo creía que una más grande podría atender la demanda que estaban cubriendo todas esa fábricas. Ser un fabricante pequeño no conduce a nada de futuro.
-¿Y por qué en Sanchonuño?
-La situación es importante. Sanchonuño estaba en una carretera con vocación de autovía, como con el tiempo se demostró, a mitad de camino entre Segovia y Valladolid y buena conexión con Madrid, que eran nuestros mercados objetivos.
-No todos lo veían tan claro. Les costó conseguir financiación.
-En aquel momento, estábamos atravesando una crisis y cuando presentamos el proyecto en Caja Segovia pidiendo siete millones de pesetas, el analista no le vio futuro. Dijo que ya había fábricas de palés en Segovia y en España y que las necesidades estaban cubiertas.
-Ese analista no miraba al futuro.
-Exacto. Yo no quería cubrir las necesidades de ese momento, yo estaba mirando las necesidades de las próximas décadas, yo miraba al futuro, que es lo que hay que hacer la mayoría de las veces. Al final, el dinero llegó en forma de ‘leasing’ y el resto es historia.
-Futuro, futuro, futuro… ya lo ha mencionado tres veces en esta entrevista.
-Es mi forma de emprender y tenía un ejemplo muy cerca. Cuando Nicomedes García abrió su destilería en mi pueblo, en Palazuelos de Eresma, nadie sabía ni de qué color era el whisky. Pero Nicomedes tuvo visión de futuro, y eso es lo que yo intento.

-¿Pensaba en ese futuro cuando usted mismo repartía los primeros palés en un viejo Barreiros?
-Claro, mi idea ya era tener una flota de camiones y que ese trabajo lo hicieran otros para yo dedicarme a desarrollar la empresa.
-¿Cómo fue el crecimiento de Pallet Tama?
-Se desarrolló a la par de la evolución de la economía. Hubo años buenos, aunque buenos son todos porque hasta los malos te llevan a otros mejores. Crecimos captando fundamentalmente el mercado de Madrid y su entorno. Teníamos clientes aun más lejos, pero el palé es un producto que viaja mal porque el transporte lo penaliza bastante y nos centramos en Madrid, que es un mercado muy grande.
-¿Y qué ofreció a ese mercado?
-Calidad, confianza y continuidad en el suministro. La calidad está avalada por las certificaciones que conseguimos y la garantía de suministro por nuestra capacidad de reacción inmediata ante cualquier demanda. Es curioso como un producto con un bajo valor añadido como el palé puede ser tan valioso por lo que lleva encima. Cuando a una empresa se le acaban los palés, puede dejar de facturar millones por unos pocos euros. Nosotros lo que ofrecíamos y ofrecemos es rapidez, que en unas pocas horas se pueda dar salida a la producción o que esta no se detenga. Esa labor es la que fideliza a los clientes, mejora la imagen de la empresa, trae más pedidos y te obliga a crecer.
-Pallet Tama no solo ofrece palés a esos clientes.
-También hacemos embalajes a medida, separadores e intercaladores, para los diferentes productos que van encima de un palé y embalajes a medida en serie. No hacemos piezas especiales, solo lo que se pueda fabricar en serie.
-Y del palé al pellet.
-Siempre nos ha gustado trabajar en un ciclo cerrado, lo que nos ha llevado a tener aserradero, líneas de clavado, maquinaria en el monte para la explotación forestal… y llegó un momento en el que decidimos aprovechar el subproducto que sale de nuestros aserraderos que anteriormente vendíamos para la fabricación de tableros de aglomerado.
-Una evolución lógica.
Exactamente. Era 2013, y no inventamos nada porque en Europa y Estados Unidos la producción de pellets empezó a finales del siglo XX, pero dijimos: ‘Nosotros no vamos a ser menos’. Tuvimos la suerte de que Silvia Clemente, por entonces consejera de Agricultura y María Jesús Pascual, viceconsejera de Desarrollo Rural, nos escucharon y creyeron en nuestro proyecto. De eso hace 13 años y ya llevamos 11 sacando pellets al mercado y Naturpellet se ha constituido en una empresa referente en cuanto a la calidad de su producto, tanto en España como fuera de ella. Al pellet le pasa lo mismo que al palé, viaja mal porque tiene mucho volumen y poco valor, pero aun así vendemos fuera de la península.
-Tal es su fama que es fácil encontrar en internet páginas que suplantan su imagen para estafar a potenciales clientes ofreciendo precios muy bajos.
-Es un mal endémico, nos pasa lo mismo que a los bancos, utilizan nuestra imagen para estafar a personas. Curiosamente, esas páginas de las que habla aparecen las primeras en los listados de los buscadores si pones ‘Naturpellet’. Afortunadamente, la gente aprende y se da cuenta de que los chollos no existen. Nosotros distribuimos fundamentalmente a través de grandes superficies, es muy difícil que alguien ofrezca mejores precios que ellas; es imposible.
“Necesitamos una nueva política del suelo que permita la creación de áreas programadas destinadas a la industria”
“Es curioso como un producto con un bajo valor añadido como el palé puede ser tan valioso por lo que lleva encima”
“En un saco vacío de pellets puedes guardar hasta las barras del pan, no existe contaminación de ningún tipo”
“Sanchonuño puede ser el pueblo más industrial per cápita de Castilla y León. Con poco más de 1.000 habitantes, allí trabajan cerca de 1.500 personas”
-¿Cuántas toneladas de pellets venden actualmente?
-Entre 60 y 65.000 toneladas al año. En sacos de papel de 15 kilos, somos los únicos que utilizamos papel para nuestros sacos y es una cosa que los clientes valoran mucho y nos sirve para distinguirnos. En un saco vacío de pellets puedes guardar hasta las barras del pan, no existe contaminación de ningún tipo.
-El futuro del palé está claro, pero, ¿cómo ve el de los pellets?
-Yo creo que cada día es más evidente que necesitamos combustibles autóctonos para no depender de fuentes de energía externas de las que puede haber escasez o que pueden subir mucho su precio por algún tipo de conflicto. Además, el mundo siempre se ha calentado con fuego. La leña, que es madera, que es biomasa, seguirá utilizándose siempre. Y una de las formas más cómodas que hay de utilizar la leña son los pellets. Puedes dosificarlos, automatizar su suministro, puedes dejar funcionando en tu casa la caldera mientras estás fuera y la puedes manejar con el móvil.
-¿Cómo gestionan la madera que consumen?
-La madera es la única materia prima que utilizamos y trabajamos con ella desde el monte, la compramos en pie a particulares, pero sobre todo a administraciones locales, provinciales, regionales y también nacionales. El pinar de Balsaín, por ejemplo, es de Parques Nacionales, pero quizá el mayor propietario de montes es la Castilla León. La comunidad controla con un sistema estupendo todos los montes, ya sean de particulares, municipales o de alguna comunidad. Controla las cantidades que hay que cortar, no se puede talar todo un monte entero, hay que hacer entresacas para eliminar aquellos árboles que en ese momento interesan hacer desaparecer. Con todo y eso, no somos capaces de consumir toda la madera que se produce diariamente. Siempre hay un exceso de producción bastante por encima del consumo. Mientras estamos hablando, crece más madera de la que consumimos, bastante más.
-¿Pallet Tama y NaturPellet son dos empresas familiares independientes?
-Las dos son de la misma propiedad, tienen sinergias comunes, pero son independientes. Mientras yo pueda, seguiré siendo el que controle la situación de ambas, pero mis tres hijos son el futuro. Ahora tenemos un director general que es el que está más en el día a día de ambas empresas y un director para cada una de las empresas.
-Desde su puesto en Naturpellet, su hija Julia ha llegado a presidir la Cámara de Comercio de Segovia, ¿esa vocación por el asociacionismo es heredada de usted?
-Supongo que sí, siendo muy joven yo fui presidente del Club Naútico de Segovia, el último; y también participé en la Federación Segoviana de Piragüismo, deporte que practicaba allá por los años 60 junto a la natación. No llegué ser un deportista de élite pero competí, incluso, a nivel nacional. Nos divertíamos mucho yendo al descenso del Sella o a pruebas en Alar del Rey, Salamanca, Zamora…
-¿Qué le queda de esa época de deportista?
-Muy buenos recuerdos y muy buenos amigos, pero ahora solo practico el automovilismo, hago rallies turísticos y gastronómicos.
-Hace diez años decía que ser empresario era difícil, y más difícil todavía serlo en Segovia, ¿ha cambiado esa opinión?
-Lo veo igual de complicado ahora que antes porque realmente no hay muchas facilidades para que las industrias se establezcan en Segovia. Hay muchos segovianos que le han echado valor, ingenio y ganas, pero realmente no han llegado empresas de fuera.
-¿Por qué?
-Porque no ha habido facilidades para que se hagan inversiones en la provincia como sí ha ocurrido en otros sitios. En Segovia tenemos lo que hemos hecho nosotros apoyados y ayudados entonces por Caja Segovia, porque era la que creía en nosotros, la que nos conocía. Al no haber grandes empresas cerca, nosotros, por ejemplo, tenemos que irnos a más de cien kilómetros de distancia para conseguir clientes.
-¿El nuevo Programa Territorial de Fomento para Segovia puede suplir alguna de esas carencias?
-Todas las iniciativas son bienvenidas, el polígono de Bernuy de Porreros, el de Abades, el puerto seco de Segovia… pero yo creo que lo más importante es una nueva política territorial del suelo que permita la creación de áreas de suelo con destino industrial programado. Hay grandes empresas que no caben en los polígonos y tampoco pueden esperar años y años a que se cambie de uso las parcelas que necesitan. Nosotros, que facturamos relativamente poco, unos 60 millones al año’, necesitamos 20 o 25 hectáreas. Si hubiera suelo programado con vocación industrial en el que en menos de un año se pudieran comenzar las obras, las empresas importantes podrían instalarse con más facilidad. Esa figura sí existía hace 15 o 20 años, pero desapareció y yo la considero fundamental.
-Sería un antídoto sencillo contra la despoblación.
-Muy posiblemente. Cuando nosotros llegamos a Sanchonuño, allá por el año 1987, fue José Luis Herrero, el por entonces alcalde, el que dio facilidades a varias empresas, entre ellas la nuestra, para que nos instaláramos en el pueblo en un suelo que seguramente no estaba calificado como industrial. Gracias a esa visión, Sanchonuño puede ser el pueblo más industrial per cápita de Castilla y León. Con poco más de 1.000 habitantes censados, en Sanchonuño trabajan cerca de 1.500 personas. Y lo es gracias a un alcalde que abrió las puertas al futuro.
-¿Y qué más le pide a la Administración?
-Diría que menos impuestos, pero por otro lado exigimos buenos y gratuitos servicios y las dos cosas son difíciles de compatibilizar.
