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“La Romería es algo muy especial porque convive la devoción con la fiesta”

César Arévalo, Mayordomo de 2026 junto a su mujer y otros tres matrimonios, cuenta los entresijos de la fiesta y los ritos que cada año se repiten heredados generación tras generación y que hacen de esta romería algo único y especial

por El Adelantado de Segovia
22 de mayo de 2026
Los Mayordomos de 2026: César Arévalo, Gloria Rodríguez, F. Javier Arandilla, Cristina Pascual, Ignacio de Santos, María García, Miguel Arribas y Pilar Rubio. / Cedida Mayordomos

Los Mayordomos de 2026: César Arévalo, Gloria Rodríguez, F. Javier Arandilla, Cristina Pascual, Ignacio de Santos, María García, Miguel Arribas y Pilar Rubio. / Cedida Mayordomos

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En Carbonero el Mayor los guardianes de la tradición centenaria tienen nombre y rango. Son los matrimonios nombrados por el ayuntamiento y la parroquia para desempeñar los cargos de Comisarios, Mayordomos y Priostes. César Arévalo y su mujer, Gloria Rodríguez son Mayordomos, el año pasado eran Comisarios, y el que viene serán Priostes, al igual que otros matrimonios de Carbonero que fueron nombrados junto a ellos. Son los encargados de velar por que los ritos se conserven generación tras generación, como lo hicieron sus padres, como lo harán sus hijos. Es un honor y una responsabilidad. César explica la tradición con naturalidad, como quien habla de algo que ha visto desde niño y que ahora le toca vivir desde dentro.

“Se llama Mayordomo en el segundo año”, aclara. El sistema comienza cada 3 de mayo, día de la Cruz, cuando se nombran los Comisarios. Son cuatro matrimonios elegidos por el Ayuntamiento y el cura. El primer año son Comisarios; el segundo, Mayordomos; el tercero, Priostes. Después hay un cuarto y un quinto año sin nombre específico, aunque quienes han pasado por el cargo siguen teniendo una “habitación” en la ermita para disfrutarla con familia y amigos. “Como cargos o cosas que hacer hacia la Virgen y la ermita, son el primero y el segundo año”, resume César. Los Priostes, ya en el tercer año, acompañan a Comisarios y Mayordomos en los actos religiosos y festivos.

La elección mantiene un sabor antiguo. “La ermita y la Virgen del Bustar pertenecen al pueblo”, señala César. No se trata de una asociación ni de una cofradía. Cualquier matrimonio casado por la Iglesia puede ser elegido. Antes, además, se pedía estar empadronado en Carbonero, aunque ese requisito ya no se tiene en cuenta. No hace falta apuntarse. “Si hay alguien que quiere serlo de forma voluntaria, se toma en cuenta, pero si no, aquí te eligen y ya está. Es raro la gente que dice que no”, explica a El Adelantado.

El primer año, los Comisarios se encargan sobre todo de la pradera: mantenerla cerrada, limpia y en condiciones. En el segundo, los Mayordomos asumen la responsabilidad de la ermita, la capilla y la Virgen. También son quienes se ocupan directamente de la romería. “La carroza la llevan los Mayordomos y las Mayordomas”, cuenta. Los Comisarios van delante de la Virgen, bailando con las varas y ayudando a formar las filas. Las Mayordomas tiran de cuatro cordones especiales, uno en cada esquina de la carroza.

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Arriba, el producto que todos compran, el pañuelo rojo del Bustar, derecha sudaderas y pulseras. Abajo, los vecinos en la pradera, castillos al atardecer y bailes a la Virgen. / Mayordomos

La indumentaria también conserva su rito. Los Mayordomos van de traje y las Mayordomas, de manteo segoviano. En la misa de la mañana, ellas acuden con mantilla. La Virgen, para la procesión de Pentecostés, suele salir con el manto rojo y oro. “Es el manto que se suele elegir casi siempre fijo, porque se procesiona”, apunta César. En septiembre, en las fiestas del Bustar, ha salido con otros mantos, especialmente el blanco y oro, aunque también algún año con azul y oro.

Todo sucede en la ermita. Allí se celebra la misa, el rosario y después la procesión. También allí se concentra buena parte de la vida social de la romería. Las llamadas “habitaciones” son en realidad comedores interiores, espacios donde cada Comisario, Mayordomo o Prioste puede reunirse con su familia y amigos durante las celebraciones del año: la romería de mayo, la de septiembre y San Miguel.

Una de las tradiciones más llamativas es la de los niños que suben a la carroza. César confirma que se les coloca allí durante la procesión, junto a la Virgen, mediante un donativo de las familias. “Se les baja, se les va cambiando, para que vayan un rato cada niño”, explica. Es una imagen que resume bien la transmisión de la devoción: los más pequeños participan desde el centro mismo de la fiesta.

Otro de los momentos clave es la subasta. Los vecinos, de forma anónima o no, donan artículos u objetos que después subastan los mayordomos. Hay subasta tanto en la romería de mayo como en la de septiembre. Lo recaudado se destina a la Virgen, a la ermita y a su entorno. El pendón es una de las piezas más esperadas. “Tiene valor histórico y cultural”, dice César. Es una gran bandera antigua, con tela restaurada e hilo de oro. Quien puja no se queda con él, sino que adquiere el derecho a sacarlo o meterlo en la romería correspondiente. El año pasado se llegaron a pagar cantidades muy altas: unos 10.000 euros por el pendón y 12.000 por un cuadro, según recuerda el Mayordomo.

Dentro de la ermita, los mayordomos organizan también una tienda donde venden pañuelos, sudaderas, polos, pulseras y otros recuerdos. El pañuelo es el producto más popular. Cada año se hace de un color y lo compra “todo el pueblo”: mayores, jóvenes y niños. César subraya que intentan que, siempre que se pueda, el trabajo quede en Carbonero. La ropa, por ejemplo, se encarga a empresas del municipio.

Y luego están los castillos humanos, una de las escenas más singulares de la romería. No hay escuela formal. “Eso va de generación en generación”, cuenta. César los ha hecho, también su padre y su hermano. Los niños empiezan con castillos pequeños y los mayores llegan hasta tres plantas. Arriba, quien corona el castillo grita vivas a la Virgen del Bustar, a la patrona y a los comisarios. Después hace el pino, se coloca boca abajo, vuelve a ponerse de pie y baja para que pueda subir otro, “hasta que aguante el castillo”.

Para César, lo más sorprendente para quien llega de fuera es ver a tanta juventud implicada. “Hay mucha devoción a la Virgen. Te choca mucho que haya tantísima gente joven con tanta devoción”, afirma. Reconoce que en la romería conviven la fiesta y la fe, lo religioso y lo popular, pero no lo ve como una contradicción. Al contrario: “La fiesta y la religión van de la mano”.

Carbonero, dice, vive mucho a su Virgen. Y quizá por eso la romería no se limita a una jornada de calendario. Es una forma de pertenecer, de heredar y de seguir. Una tradición en la que los mayordomos no son solo organizadores, sino depositarios temporales de algo que el pueblo considera suyo.

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