Aprovechando la feria, el Archivo de la Casa Ducal de Alburquerque en Cuéllar inicia un nuevo proyecto denominado ‘el documento del mes’. Se han organizado visitas al archivo que se encuentra ubicado en la torre del homenaje del Castillo junto al recinto ferial, para mostrar documentos relacionados con las Ferias y Mercados. “Lo que pretendemos es dar un empujón al archivo y mostrar documentos tanto conocidos como desconocidos para que la gente se de cuenta del rico patrimonio que tenemos”, ha explicado la archivera Lucía Velasco.
En esta ocasión se mostrarán documentos como los privilegios otorgados por Juan I y la posterior confirmación de Juan II sobre los permisos para celebrar Ferias en Cuéllar. También se mostrarán otros documentos relacionados con el ‘mercado franco’ que se otorgó a la villa o permisos para la celebración de mercados en otras villas del Duque. Para participar en esta visita será necesario inscribirse en la Oficina de Turismo. Las visitas serán el sábado 29 de abril a las 12 y 13 horas y el domingo 30 de abril a las 12.30 y 13.30 horas.
El origen de la tradición ferial de Cuéllar se remonta al 5 de septiembre de 1390, cuando el rey Juan I de Castilla, desde la ciudad de Segovia, concedió a la villa el privilegio de celebrar dos ferias anuales. Esta merced real respondía a una petición expresa del concejo de Cuéllar con el objetivo de incrementar el prestigio y la población de la villa, tal y como recoge el propio documento: “porque la dicha villa sea más honrada e mejor poblada”.
Las ferias fueron fijadas en fechas concretas: una a partir del 20 de mayo y otra desde el 8 de octubre, con una duración de veinte días cada una. Además, el privilegio establecía que ambas debían ser “aforadas” conforme a las ferias de Valladolid, lo que suponía un régimen jurídico y económico privilegiado.
El privilegio fue posteriormente confirmado en 1444 por Juan II de Castilla, lo que demuestra la continuidad del interés regio por mantener la actividad ferial. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas ferias originales fueron perdiendo relevancia. Ya en 1636, el cronista Diego de Colmenares señalaba que, pese a la importancia inicial de la concesión, la feria había decaído debido a cambios en las fechas y a diversas circunstancias locales.
A partir de finales del siglo XIV, la creación de ferias experimentó un notable impulso en Castilla, especialmente bajo el reinado de Enrique III de Castilla. Estas iniciativas respondían no solo a intereses fiscales, sino también a la necesidad de dinamizar la economía, fomentar la circulación de bienes y atraer población. Las fechas elegidas para su celebración estaban estrechamente vinculadas a los ciclos agrícolas y ganaderos, como la recolección de cosechas o el esquileo.
Tras siglos de transformaciones, la tradición ferial de Cuéllar resurgió con fuerza en el siglo XIX bajo la forma de feria de ganado, que ya en el siglo XX era conocida con este nombre. Anteriormente, había sido denominada feria de la Resurrección o de Pascua, al celebrarse durante la semana posterior al Domingo de Pascua.
En esta etapa, la feria se centraba principalmente en la compraventa de ganado mular, caballar, asnal y vacuno, siendo el jueves el día de mayor actividad, cuando se reunían comerciantes de toda la comarca. El evento se desarrollaba en la plazuela del palacio, donde los compradores examinaban minuciosamente a los animales. Un ejemplo de las dificultades de la época se produjo en 1939, cuando, debido a la escasez de grano, el Ayuntamiento solicitó a los tratantes que acudieran con provisiones para alimentar a su ganado, al no poder hacerse cargo de este suministro.
Hoy, la Feria de Cuéllar continúa evolucionando bajo una premisa clara: adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia histórica. Convertida en mucho más que un espacio comercial, se presenta como una experiencia participativa, dinámica y abierta, tanto para vecinos como para visitantes.
