Sepúlveda volvió a reír de esa manera contagiosa que tiene cuando el humor toma las calles y convierte lo cotidiano en escenario. Durante tres días, del 17 al 19 de abril, la cuarta edición del Festival de Humor en la Calle Corderitititito cumplió con lo que prometía en sus previas, llenar plazas, rincones y conversaciones de carcajadas, esta vez con un aliado inesperado pero decisivo, el buen tiempo, que acompañó con jornadas soleadas y calurosas y facilitó una notable presencia de público.
La propuesta, que nació hace cuatro años desde la inquietud de un grupo de vecinos, volvió a demostrar que su principal fortaleza no está en los grandes nombres, sino en la capacidad de transformar el espacio público en un punto de encuentro.
El festival mantuvo su estructura reconocible, pero introduciendo novedades que buscaban renovar la experiencia. Entre ellas, el microteatro agrupado bajo el título ‘Del amor al humor en un like’, pequeñas piezas que condensan la comedia en formatos breves, y una sesión nocturna cómico-musical con DJ, que amplía el registro del evento hacia un territorio híbrido entre la música y el humor en directo. También hubo espacio para propuestas ya características, como la peculiar Nochevieja ‘Brilli Brilli’, que trasladó al mes de abril un 31 de diciembre en clave irónica y participativa.
El cartel de esta cuarta edición reunió a una amplia nómina de artistas que reforzaron el carácter diverso del festival, con la participación de Lara Palma, DJ Carpantis, Juako Malavirgen, Raquel Torres, Gracia Iglesias, Julen Axpe, Ganso y Cía, Jazzson’s Five y Ángel Ordóñez, a los que se sumó el espectáculo interactivo ‘Gandulfighter’ de Los Gandules y la presencia destacada de Millán Salcedo junto a los siete finalistas del Concurso de Monólogos, Davis Corpa, Richard Eros, Diana Cobo, Marta Sis, Eli Mejuto, Marina Alias y Rako Ramos.
HOMENAJE A MARTES Y TRECE
Uno de los ejes de esta edición fue el homenaje a Martes y Trece, una referencia inevitable en la memoria colectiva del humor en España. La presencia de Millán Salcedo, protagonista del acto central del sábado y encargado de llevar su espectáculo al Teatro Bretón en la única actividad de pago del festival, sirvió para conectar generaciones, reivindicando una forma de hacer humor que sigue resonando en muchos de los códigos actuales. El guiño a las ‘empanadillas de Móstoles’, con el reparto simbólico de un millar de unidades, tuvo también ese toque nostálgico.
El certamen de monólogos volvió a ser otro de los pilares. La participación de 47 aspirantes y el proceso de selección, con más de once horas de material visionado, anticipaban un nivel alto que se trasladó a la fase final. Siete cómicos y cómicas de distintos puntos del país compitieron por la Tartera de Barro (de oro al año que viene), en un formato que da visibilidad al talento emergente.
Más allá de nombres y actividades, lo que volvió a marcar el pulso del festival fue el ambiente. La circulación constante de público entre los escenarios, la mezcla de propuestas familiares con otras más específicas, y la implicación de los vecinos consolidan una idea que sus organizadores han defendido desde el inicio, que es la del humor como herramienta de convivencia.
