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Sangarcía, Patrimonio histórico-artístico: los arrieros de Sangarcía

por Félix García de Pablos
8 de noviembre de 2020
Gabarreros realizando el tradicional oficio. / E.A

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El municipio de Sangarcía fue fundado por castellanos procedentes de la Abadía de San Pedro de Arlanza en Burgos, poniendo el nombre de su población en honor a San García, Abad de dicho Monasterio. Sangarcía se funda en la segunda mitad del siglo XI, quedando integrada rápidamente bajo la jurisdicción de la Abadía de Párraces, mientras que su población se dedica a la agricultura y la ganadería, construyendo su Iglesia de San Bartolomé en 1570. Sin embargo, la mitad del término municipal pertenecía al propietario de Valegómez, mientras otra parte importante a la propia Abadía de Párraces y al Obispo de Segovia, por lo que sus habitantes debieron dedicarse a la arriería, el transporte de grano y harina a Madrid, aprovechándose de la mejora del Camino Real y del Puerto de los Leones en dirección a la capital de España.

Unos arrieros que atendieron la necesidad de abastecimiento de harina de la capital de España. En efecto, en el año 1561 se instaló la Corte en Madrid, lo que generó un aumento de la población debido al traslado del aparato político y burocrático, lo que determinó un incremento de las necesidades derivadas abastecimiento de carne y de compra de trigo y harina, consecuencia derivada de que la población madrileña subió también hasta los 130.000 habitantes en el año 1620.

Las autoridades locales de Madrid eran las encargadas de asegurar el aprovisionamiento de pan, mientras que el Pósito suministraba trigo a los panaderos, un trigo que procedía del alfoz de Madrid, o bien era comprado en la campiña de Alcalá de Henares o en la comarca de la Sagra toledana. Sin embargo, entre los años 1561 y 1630 se incrementó fuertemente el consumo de pan, un consumo que aumentó de las 280.000 fanegas de trigo en 1584 a 550.000 fanegas anuales en el año 1630, de modo que el Ayuntamiento de Madrid se vio obligado a comprar trigo para el Pósito, donde se almacenaban las reservas de grano y harina a disposición de los panaderos. Unas compras que se extendieron a la Meseta Norte, de modo que el cereal se remitía directamente a Madrid, o bien se mantenía en los depósitos de El Espinar o Guadarrama, para ser molido en los molinos de la Sierra del Guadarrama y ser enviada la harina resultante a la capital.

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Preparación de una de las recuas.

A mediados del siglo XVII, este abastecimiento de grano se estabilizó, de modo que los arrieros de Sangarcía van a asegurar el abastecimiento de grano a Madrid, aprovechándose de la cercanía de esta localidad con la Tierra de Arévalo y la Tierra de Campos, así como su cercanía a la ruta que comunicaba Castilla La Vieja con Madrid.

La cercanía a los mercados de cereal permitía un ahorro de costes, al mismo tiempo que esa localidad estaba situada en el camino hacia Madrid, circunstancias que determinaron el nacimiento de empresas arrieras en Sangarcía, formadas por el arriero empresario, las recuas de caballerías y sus conocimientos comerciales. El arriero de Sangarcía era un empresario dedicado al tráfico mercantil, compra trigo, ajusta la molienda y posteriormente se asegura del envío de la harina a Madrid. Una gestión empresarial de forma corporativa, dado que muchas veces esos arrieros contratan conjuntamente, y muchos de ellos actuaron de fiadores de otros.

Se amplía el caserío de Sangarcía sobre la base de viviendas, que al mismo tiempo son vivienda y almacén, con amplios establos para el descanso del ganado y con un almacén de reserva de grano, como actualmente puede contemplarse en el conjunto de portadas de las casas con dinteles de piedra y su Iglesia parroquial de Sangarcía, declarada bien de interés cultural.

Los arrieros de Sangarcía unas veces se limitan a trasportar el trigo comprado por el Pósito de Madrid y otras veces compran directamente el grano que era almacenado en paneras con destino a Madrid. Arrieros que consiguieron crear una red empresarial, especializada en el comercio de grano con destino a Madrid, de modo que conducen el grano a los molinos de ambas vertientes de la Sierra de Guadarrama para su molienda y lo entregan finalmente en Madrid.

Una actividad arriera que desarrolló la población del municipio de Sangarcía que pasa a contar con 241 vecinos a mediados del siglo XVIII, un proceso que culmina con la Pragmática del año 1765 que permitía el libre comercio de granos. Los arrieros de Sangarcia se convierten así en los protagonistas indiscutibles del tráfico de cereal entre la Meseta norte y Madrid, son la garantía de suministro de grano a la capital, contando con 111 arrieros profesionales y 1.425 bestias de carga.

En definitiva, con un servicio semanal a Madrid, transportaban en un año 200.000 fanegas, más de un 25% del consumo estimado de Madrid a mediados del siglo XVIII. La mitad de la población vivía de la arriería, los arrieros de Sangarcía se profesionalizan y aseguran el suministro de pan a Madrid, en los meses de invierno trabajaban exclusivamente para el Pósito de Madrid, mientras que el resto del año trabajaban por su cuenta en su actividad de compra, transporte y venta de grano para los panaderos de Madrid.

 

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La riqueza de los arrieros se ve en la tipología de las casas que construyeron.

Una actividad arriera que fue decayendo a finales del siglo XVIII por las epidemias y guerras a partir del año 1803, los créditos incobrables, los embargos y requisas de medios de transporte durante la Guerra de la Independencia, dieron la puntilla a esa actividad de los arrieros de Sangarcía. Una actividad arriera que trascendió a otros ámbitos, como el aumento del nivel cultural de sus habitantes y que tuvo su reflejo en los diversos personajes ilustres, originarios de esta localidad, como Bartolomé Montalvo, Académico de número en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y pintor de Cámara del rey Fernando VII; Eleuterio Delgado Martín, director general de Tabacalera, diputado y Ministro de Hacienda en el año 1906; Wenceslao Delgado García, diputado, consejero de Caja Postal y presidente honorario de la Cámara de Comercio y de la Industria de Segovia; y Francisco Javier Mateos Montalvo que de escribiente de 2ª llegó a ser Subgobernador del Banco de España en 1927.

No obstante, hoy podemos observar en Sangarcía la grandeza de su pasado arriero, en sus casas arrieras con sus portadas adinteladas y en su magnífica Iglesia de San Bartolomé, declarada bien de interés cultural con la categoría de Monumento, donde se puede contemplar su magnífico altar mayor, retablo barroco del siglo XVII, junto con las pinturas del citado Bartolomé Montalvo y diversas obras procedentes de la Abadía de Párraces tras la desamortización. Un Patrimonio Histórico-Artístico y Cultural que he intentado plasmar en mi libro: Historia de Sangarcía, Mitos y Leyendas, para que las futuras generaciones puedan conocer el legado de los arrieros de Sangarcía y de los personales ilustres de nuestra localidad.

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