La fiesta de las Candelas, en la que se conmemora la presentación de Jesús en el templo —cuarenta días después de que la Virgen María hubiera dado a luz—, es un día grande en Aguilafuente. Desde el punto de vista folclórico, los principales protagonistas de la jornada son los paloteos.
Nadie sabe desde cuando se interpretan en Las Candelas, aunque se da por hecho su antigüedad. Y los más viejos del lugar todavía recuerdan a Castor Díaz, enseñando a palotear en las tabernas a diferentes cuadrillas de mozos. Solamente la mejor de ellas paloteaba en Las Candelas ante la imagen de la Virgen. Por circunstancias desconocidas, la tradición entró en declive y, a mediados del siglo pasado se perdieron estas danzas. Durante muchos años no se escuchó el rítmico golpeo de los palos de encina.
En 1980, el joven Manuel Miguel Fernández decidió recuperar los paloteos, recurriendo a Castor, quien le echó una mano en la empresa. Desde ese año, los paloteos vuelven a alegrar la procesión de Las Candelas. Ayer, tras la misa en la iglesia, la comitiva recorrió las principales calles, parando a cada rato para que se interpretara un paloteo, con general satisfacción del público asistente.
Ahora, Aguilafuente cuenta con tres grupos de paloteo, cada uno integrado por ocho personas. En el primero, sus componentes tienen entre 12 y 14 años; en el segundo, de 18 a 20, y el tercero es de adultos. Aunque, antaño, solo paloteaban los hombres, hoy son las mujeres quienes mayoritariamente practican esta danza. Así, una de las “asignaturas pendientes” de Miguel es crear un grupo íntegramente de chicos, a la manera tradicional.
¿Cómo son los paloteos de Aguilafuente?. “En general —explica Miguel— son bastante similares a los de los pueblos de nuestro entorno, como Fuentepelayo o Carbonero”. Eso sí, el propio Miguel ha creado alguno, dado que, cuando inició la recuperación de estas danzas, “había paloteos en los que los mayores se acordaban de la música, pero no de los movimientos de los danzantes”.