Recientemente este diario publicó la noticia de que la Fundación Patrimonio Histórico decidía arreglar la iglesia de La Trinidad. Me alegré de inmediato, porque creía que se trataba del convento de la Trinidad de Cuéllar, que está en ruina peligrosa y se está dejando perder «en directo»; pero no, la noticia se refería a la iglesia de La Trinidad en Segovia. En Cuéllar el Partido Popular gobernante dedica el poco dinero disponible a recuperar «Las Tenerías», que podría esperar ante asuntos más urgentes como el citado del convento de La Trinidad. Vamos, es como padecer una enfermedad grave y antes curarse un catarro que no tiene conexión con la enfermedad preocupante. Los concejales de la oposición no estuvieron de acuerdo, pero no presentaron alternativas serias ni afearon la gestión irresponsable del PP gobernante, que no lleva al beneficio social ni en este asunto ni en el transporte público despreciado por el lamentable estado de la estación municipal de autobuses, que fue degradada a casi apeadero al suprimirse el aparcamiento para autobuses por mandato de Octavio Cantalejo con mayoría absoluta socialista allá por el año 2001; degradación que fue mal vista por muchos vecinos y que explica, entre otras razones, el declive del PSOE en Cuéllar. Pues bien este remedo de estación municipal lleva desde junio con los aseos públicos cerrados, a la vez que cesó el servicio concesionario del bar. La situación es tercermundista y molesta para los vecinos (bastantes enfermos que van al médico) que precisan hacer «sus necesidades». Es una situación de dejadez rayana en la ilegalidad, que el gobierno del PP debía haber solucionado al menos con la misma rapidez que atiende a todo lo relacionado con el culto católico. Para esto sí rápido y hasta con exceso de cemento (ejemplo de las cercanías de La Concepción).