Casi tres meses y medio después del inicio de la guerra de EEUU e Israel contra Irán -que en principio iba a durar un máximo de seis semanas según la Casa Blanca-, y a punto de que suene el silbato dando inicio al mundial de fútbol de EEUU, México y Canadá, evento propagandístico de primer orden para todos ellos; las espadas en Oriente Medio siguen semi alzadas como consecuencia del muy frágil alto el fuego que rige desde el pasado 08 de abril.
Lo de rige es un decir, porque prácticamente a diario hay violaciones del “acuerdo”. Para muestra, lo sucedido entre el 07 y 08 del presente junio, con ataques de misiles de Irán a Israel, como respuesta a la ofensiva de éste contra Hezbulah en el sur de Líbano, y la consiguiente réplica israelí atacando territorio iraní, planta petroquímica incluida, a pesar de la petición de Trump a Netanyahu de no hacerlo. Para completar el cuadro, también los hutíes de Yemen han tocado la campana para mostrar que siguen en la brecha, con algún lanzamiento balístico hacia Israel.
Este cuadro borrascoso, unido a las recriminaciones de Trump a Netanyahu por continuar las acciones bélicas en solitario, entorpeciendo así las presuntas negociaciones secretas -muy avanzadas según EEUU, no tanto según Irán-, parece poner de manifiesto algunos aspectos capitales del conflicto, por ahora:
-Como advertíamos en estas páginas el pasado 11 de marzo, las estrategias globales en la zona de EEUU e Israel no tenían por qué ser plenamente coincidentes. Decíamos que Israel podría seguir sus bombardeos en solitario, como así está siendo, al no compartir con su aliado la urgencia por el final del conflicto. Tel Aviv aprecia esta oportunidad de acabar con Hezbulah de una vez por todas -entre muy difícil e imposible-, y en ello está.
-EEUU está ávido por llegar a un acuerdo de paz -en realidad otro alto el fuego siempre que permanezca el régimen de los ayatolás-, ya con una urgencia imperiosa de días. Sólo faltaba que, de no firmarse, el largo brazo iraní llegase hasta el territorio americano en alguna represalia. Hipótesis más peligrosa para EEUU que, por poco probable que pueda parecer, de ninguna manera debe ser desdeñada. No obstante, la discrepancia con Israel no llegaría a un escenario tipo ruptura diplomática y de intereses estratégicos, aunque sí podría hacerlo a un alto el fuego unilateral. Israel sería así otro de los aliados dejados de la mano en “mitad de la refriega”, como ha demostrado Trump fehacientemente en los últimos años, aspecto al que ya hemos hecho referencia con anterioridad en estas páginas, en variadas ocasiones.
En este hipotético acuerdo, y para cortar de raíz a medio plazo futuras veleidades iraníes de continuar con el programa de enriquecimiento de uranio susceptible de utilización militar -nivel de un 90%-, EEUU debería quedarse con los cerca de 400 kgs que se cree posee Irán enriquecidos ya al 60%. Técnicamente difícil su traslado en su contexto actual, pero ni mucho menos imposible. Es curioso cómo, de confirmarse esta hipótesis, EEUU se habría quedado en sólo unos meses con el uranio de Irán y con la dirección del petróleo de Venezuela. Menos mal que Las Médulas fueron expoliadas de su oro cuando los telediarios se daban en latín.
-Por su parte, Irán no se siente derrotada, que es como decir que no lo está. Es cierto que sus fuerzas aéreas y navales, así como sus defensas antiaéreas pertenecen a la historia, por ahora, pero son conscientes de que no habrá invasión terrestre. Si llega a un acuerdo unilateral con EEUU, la situación estará para ellos casi en la casilla de salida de los últimos días de febrero pasado. Seguirán contando con los restos de Hamás en Gaza, que podrían tratar de reorganizar, ídem con los de Hezbulah de Líbano, con los hutíes del Yemen y con la posibilidad de hostigar tanto el Estrecho de Ormuz como a los estados de la península arábiga, aunque es de prever que la libertad de circulación por el estrecho y el cese de los ataques a las monarquías del Golfo estén incluidos en el susodicho acuerdo.
Pero, queda claro que este trabajo quedaría corto si olvidásemos otras posibilidades de Irán, algunas de ellas sobre el escenario hace bien poco. Teherán apoyó durante largos años al régimen de Bashar al-Asad en Siria. Al-Asad fue derrotado en una ofensiva fulgurante de los actuales mandatarios y se exilió en Moscú. Si en un futuro más o menos cercano se desestabiliza Siria y volvemos a oír hablar de Al-Asad, o alguno de sus seguidores y de grupos disidentes, no vayan muy lejos para hacer pesquisas. Y si el desestabilizado es Iraq, de donde tropas de la OTAN, incluidas de España, han abandonado el territorio no mucho ha por el creciente papel lesivo de grupos proiraníes, tampoco se hagan muchas preguntas. Este último escenario sería de caza mayor para Irán, y no es de descartar, en absoluto, mucho más si recordamos que la población chií -como la de Irán- es mayoritaria en el sur de Iraq.
Para cerrar, vuelvo con EEUU. Parece que Trump ha cambiado la velocidad y el vértigo de juego de la ruleta americana por la mayor tranquilidad de la francesa. En la primera, se llega a confundir si estamos apostando o si ya nos han retirado lo perdido. En la segunda, algunos pueden cenar entre juego y juego. Mundial de fútbol, elecciones de estos días en Colombia y Perú que le pueden proporcionar a Trump otros dos aliados en su “patio interior”, en Brasil de principios de octubre en que sea quien sea el ganador no habrá problemas de entendimiento; la presión a Cuba, decantándose a voluntad de Washington; y la famosa elección parcial legislativa en EEUU, de mitad de mandato, a principios de noviembre. De salir de ella con mayorías en ambas cámaras, y en caso contrario sospecho que también, aunque con matices restrictivos, Trump tendría dos años por delante para saldar objetivos; nada de “pato cojo” como se considera tradicionalmente a los presidentes de EEUU en sus últimos meses. Y ahí, presiento que volvería su afición por la ruleta americana, porque la francesa le aburre.