Fin de temporada y comienza (o continúa) el baile de entrenadores. Te vas, te vienes?, te echo, terminas, te pregunto?, me dices?, sigues?, te ofrezco, te ofreces, te llamo?, te escribo?… y mil fórmulas más para explicar algo que muchas veces se convierte en inexplicable, o cuanto menos, complicado de comprender.
Y aprovechando la visita Papal, quizá con un exigente ejercicio de fé, un extraterrestre, recién aterrizado en el Planeta Fútbol, podría mínimamente entender la disparidad de contextos y ejemplos en la misma competición. Un argentino ocupando casi 15 años el banquillo del Atleti, un alemán que habla en inglés, y en el que nadie creía, reflotando Can Barça, un portugués que saca de la UVI a un Levante que, como dicen los jóvenes, ni cotizaba que descendía. ¡Literal!, un ingeniero chileno que, superados los setenta palos, imparte su penúltima masterclass clasificando al Betis para la Champions, un italiano que llegando desde lo más bajo (recomendable conocer su historia) y estando un par de jornadas antes del final de la Liga soñando con Europa, despierta, casi en el último segundo, de una pesadilla que llevaba a Osasuna, cual guiri recorriendo Estafeta, a una cornada de una única trayectoria: Liga2.
Imagino al extraterrestre, codificando todos los datos, mientras aparecen dos metros de estadounidense al estilo “Los Soprano”, mostrando su tarjeta de visita: matemático experto en ecuaciones, despejando incógnitas y dudas para dar con el resultado exacto: Campeón de Copa del Rey con una Real Sociedad que empezó con Tamborrada y acabó con sinfonía perfecta del Orfeón Donostiarra.
Insisto a nuestro invitado que aplace su regreso a Melmac porque he dejado lo mejor para el final: un asturiano (de infausto recuerdo gimnástico en esa tarde en Villaviciosa contra el Lealtad) que clasifica por segundo año al Villarreal para la Champions, jugando como los ángeles, y al que llegará un mocetón navarro, que desafía al frío y al agua en manga corta y que ha puesto a Vallecas en el mapa del fútbol europeo, demostrando con eficacia y juego, que la vida pirata es la vida mejor.
Y terminamos con José Bordalás Jiménez. Cuando a su edad, muchos están pensando en la jubilación, él se empeña, año tras año en poner patas arriba toda lógica y dejar a Benjamin Button como un muñeco de trapo. ¡Que sí!, háblenme de estilo, de modelo táctico, de estética, de belleza, de juego combinativo y otras hierbas….que mientras tanto, Bordalás seguirá a lo suyo.
Dicen que uno no es entrenador hasta que no te echan de un equipo…
