Considero – no afirmo-, que ‘to’ el personal lector habrá escuchado alguna vez en su vida la frase ‘no todo el monte es orégano’, y que, incluso, habrá buscado su significado para complementar. Lo que sí le adelanto a su búsqueda es que de la citada planta se ha dicho tradicionalmente ‘que figura como referencia de facilidad, de ventaja, de algo bueno porque antiguamente se utilizaba como remedio para muchos males. Significa planta que alegra el monte’ (1).
¿Que a qué viene esta apertura? Con sinceridad, aún no lo he pensado. Puede, eso sí, que según se vayan ‘desenrollando’ las letras acabe encontrado el camino. Pero, no se vayan a creer que ‘todo el monte es orégano’, pues, hay que buscar mucho e interesante, aquí y acullá, para atraer la atención de quién osa (atreve) a leer estas u otras líneas. Establecido, pues, el principio tal y como lo desarrolló Arquímedes -‘todo cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo experimenta una fuerza de empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado’ (¡¡¡!!!). O así, prosigo.
Notas inconexas, o no
Había transcurrido poco más de un tercio del año 1900 cuando el Ayuntamiento de la ciudad recibe la comunicación de que el sacristán del cementerio cesa en sus funciones por llegar a la edad reglamentaria de jubilación. El reconocimiento y pago de la pensión corresponde a la referida entidad. Papeleo por aquí; cuentas por allá… Escrito dirigido al jubilado: ‘Le participamos que en aplicación de la norma que establece las cuantías de las jubilaciones del personal al servicio de esta Administración, le corresponde a usted la cantidad de 511 pesetas anuales -42,58 mes; 1,42 al día-, en aplicación del 40 por 100 del salario que venía percibiendo en los dos últimos años’.
Seguro de toda inseguridad que hubo gran fiesta con música y baile en el domicilio del nuevo jubilado al recibir la comunicación. Debió ser en aplicación de aquella frase, que se inventó no-sé-quién, de que la palabra jubilado proviene de júbilo. ¡Y una higa! Antes bien, todo depende de lo que puedas comprar para poder comer.
Y había que contratar nuevo sacristán, al que trabajo no le faltaría, por más que fuera interino de por vida. La Comisión correspondiente del Ayuntamiento acuerda pagarle una gratificación de 2,50 pesetas/día. Por cierto, el salario de un cargador de carnes en el Matadero Provincial era de 5 pesetas/día. Igual daba si era soltero o padre de cinco hijos. La norma era la norma y el Ayuntamiento no hacía nada más que aplicarla. Doloroso, pero legal.
Lo descrito no deja de ser una muestra más de que hay frases populares que no ‘cuadran’ muy bien. Un ejemplo: ‘no todo el monte es orégano’.

Profesiones rentables
Por el siglo XVI -o cerca-, residía en El Espinar el entallador y ensamblador Gerónimo de Amberes, El Joven, que destacaba sobre los demás de su profesión. Era hijo del también ensamblador Gerónimo de Amberes y Brígida Contreras. Para más conocer les dejo estos ‘botones’:
-Realizó el encargo de una reja de madera para la capilla de Ana de Zurita en la iglesia de San Esteban, por la que cobró 7.500 maravedís.
-Construyó el retablo de la iglesia de Madrona, que fue pintado por Juan del Rio. Por el trabajo completo cobró 12.000 maravedís.
-Nada más acabar el trabajo anterior contrató con el cura de San Marcos -que también lo era de San Gil y La Fuencisla-, para construir un retablo en el altar de la antigua ermita de la Virgen de la Fuencisla (año 1588). Percibió 2.140 ducados, que hubo de compartir con el pintor Alonso de Herrera.
-Trabajos también realizó para la ermita de Castroboda (Maderuelo), Iglesias de Mozoncillo, Chañe, Bercimuel, Santo Tomás, en la ciudad…
El referido entallador falleció, año 1599, durante la epidemia de peste que asoló la ciudad. De ello quedó constancia en libros custodiados en la parroquia de San Andrés, donde también residió. Estaba casado con Ana de Buitrago, y por el año 1500 y ‘pico’, nada más morir su padre, Alonso de Buitrago, entabló pleito contra su hermano Francisco ante la Cancillería de Valladolid, al no estar de acuerdo con la división de los bienes que había realizado este último. Líos de familia.
Capilla musical
No vaya a creer, el que nada sepa, que la iglesia de Santa Columba -por más que lleve fenecida un ‘porrón’ de años-, situada juntito a los peldaños -113 en total de las escaleras que culminan para quienes llegan a la Puerta del Postigo del Consuelo-, fue una parroquia ‘privada’ de actividad. Que no. Contaba, simple ejemplo, con una capellanía musical compuesta de siete músicos. El director, fijo de plantilla, percibía 1.100 reales/año. Los demás componentes, no fijos, entre 550 y 400. Eran un atractivo en las fiestas de guardar. Incluidos los domingos. Fuera, en la Plaza del Azoguejo, se vendían, también, botijos.
Sea permitido pensar…
‘No hablar mal de nadie es la mejor forma de hablar bien de ti’. (Lección de vida)
======
(1) Según lo explica, y muy bien, la Biblioteca Virtual Cervantes.
