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“Paren el mundo, que me bajo”

por Javier Gómez Darmendrail
24 de abril de 2026
JAVIER GOMEZ DARMENDRAL
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EL JEFE DE LA JUSTICIA

En el plano internacional sufrimos una guerra que no sabemos dónde va, con unos actores que no dan mucha precisamente mucha confianza. Y dentro de casa, seguimos con la corrupción y con un ministro de justicia que pelea irreflexiva e irresponsablemente contra la justicia, afirmando que un juez ha avergonzado a muchos jueces y magistrados por cumplir con su deber, es decir, por procesar a una persona por cuatro delitos. Sin embargo, vergüenza es desacreditar a un juez porque no se está de acuerdo con lo que mantiene, y por defender lo indefendible.

Y todo esto —aunque parezca mentira—, nos remite a Mafalda, porque hay frases que no necesitan explicación y ya vienen explicadas por la vida misma. “Paren el mundo, que me bajo” es una de las que Quino puso en boca de Mafalda. Estamos ante una forma de decir “basta” sin levantar la voz, porque Mafalda la soltó con esa mezcla suya de lucidez infantil y cansancio cósmico, como quien lleva un rato grande en el planeta y ya ha entendido que algo no va bien.

La gracia de la frase está en que no es una consigna revolucionaria ni un grito heroico. No dice “cambiemos el mundo”, ni siquiera “arreglemos esto”. Dice algo mucho más honesto, simplemente yo me bajo, que sigan los demás si quieren, pero a mí este tiovivo me marea.

Porque el mundo —seamos sinceros— gira cada vez más deprisa y cada vez con menos garbo y menos sentido del humor. Gira con reuniones que se podían solucionar con un correo, con correos que no dicen nada, con debates donde no se escuchan, y con adultos que hacen cosas de adultos pero sin manual de instrucciones. Y ahí aparece Mafalda, bajita, con lazo en el pelo y una ceja ligeramente levantada, para decir lo que todos pensamos mientras asentimos resignados a su grito de abatimiento: “paren esto un momento, por favor”.

Lo maravilloso es que la frase no es ni nihilista ni escéptica porque Mafalda no quiere destruir el mundo, solo quiere bajarse un rato, sentarse en un banco y mirarlo pasar. Es una protesta educada, casi cívica. Nada de barricadas, basta con pedir la parada, como en el autobús de la vida, cuando ya te has pasado tres estaciones de paciencia.

Y es que “paren el mundo” no es una orden autoritaria, es una súplica razonable. Viene a decir que necesita entender lo que está pasando, antes de seguir. Algo muy sensato que, por desgracia está mal visto porque hoy lo correcto es seguir corriendo, aunque no sepamos hacia dónde, y sonreír, aunque no tengamos ganas. Mafalda, en cambio, propone algo ciertamente subversivo, propone pensar.

Y aunque Mafalda sea argentina, la frase también tiene algo profundamente español. Ese “me bajo” suena a hartazgo, a sobremesa larga, a telediario demasiado intenso, a gobierno demasiado desgastado, a presidente que no tiene ningún compromiso con la verdad. No es el dramatismo de decir que todo está perdido, sino el humor de pensar que yo ya no puedo más con esto.

Quizá por eso la frase sigue funcionando décadas después. Porque todos, en algún momento, hemos querido bajarnos del mundo; sobre todo cuando oímos una tertulia política imposible, cuando vemos una moda absurda, cuando alguien nos explica algo que no necesitamos saber ni nos interesa, cuando nos aburren con el lenguaje inclusivo, cuando asistimos a debates donde uno pregunta lo que quiere saber y otro responde por peteneras, cuando presenciamos nuevos casos de corrupción, cuando vemos que los políticos no se consideran adversarios sino enemigos…  En

 

definitiva, no queremos viajar por el espacio, solo pretendemos bajarnos en la próxima parada y tomar un café en paz con un amigo.

Mafalda, con su frase, nos recuerda algo esencial; nos recuerda que el sentido común no suele ir a la misma velocidad que el mundo, y que está bien quedarse atrás un momento para no perderlo. También nos recuerda que bajarse no es rendirse sino que es la única forma de no agobiarse.

Así que, si algún día se sorprende usted pensando “paren el mundo, que me bajo”, no se preocupe, no es que esté fuera de sitio, simplemente es que, como Mafalda, ha entendido demasiado bien dónde está.

Y eso, aunque canse, siempre tiene su gracia.

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