Señora directora:
El casco urbano del Real Sitio de San Ildefonso está sufriendo una transformación que debería preocupar seriamente a sus vecinos y a sus responsables públicos. Lo que durante décadas ha sido un pueblo con vida propia, con residentes estables, personas mayores, familias y comercios de proximidad, corre el riesgo de convertirse en un espacio cada vez menos habitable para quienes han construido aquí su vida.
Uno de los efectos más graves de esta deriva es la expulsión silenciosa de la gente mayor del centro del pueblo. Allí donde antes había viviendas, aparecen nuevas licencias vinculadas a actividades de hostelería, restauración y ocio. Y, al mismo tiempo, la presión inmobiliaria y la especulación asociada a nuevas promociones o rehabilitaciones orientadas a rentas altas, muchas veces procedentes de fuera del municipio, están alterando el equilibrio social del casco histórico.
No se trata de estar en contra de la actividad económica, ni del turismo, ni de la hostelería. Un pueblo vivo necesita actividad, visitantes y negocios. Pero también necesita vecinos. Y, sobre todo, necesita que quienes viven en él puedan descansar, caminar, comprar, relacionarse y envejecer sin sentirse desplazados por un modelo urbano pensado más para el consumo ocasional que para la vida cotidiana.
A esta situación se suma la proliferación de espectáculos de alto impacto acústico: conciertos, sesiones de DJ y eventos que se prolongan hasta horas avanzadas de la noche, generando molestias evidentes en zonas residenciales. El descanso vecinal no puede tratarse como un daño colateral inevitable. La convivencia exige límites, control y respeto. Cuando una administración permite o tolera actividades que afectan de forma reiterada al descanso, debe explicar con claridad qué controles realiza, qué mediciones acústicas exige y qué medidas adopta para garantizar el cumplimiento de la normativa sobre ruidos y convivencia ciudadana.
El Ayuntamiento tiene la obligación de compatibilizar la actividad económica con los derechos de los residentes. Gobernar no es autorizarlo todo ni mirar hacia otro lado cuando los problemas se cronifican. Gobernar es ordenar, equilibrar y proteger el interés general, especialmente el de quienes tienen menos capacidad para defenderse: las personas mayores, los vecinos de toda la vida y quienes no pueden competir con la presión económica de determinados usos urbanos.
El Real Sitio de San Ildefonso no debe perder su identidad ni convertirse en un escenario decorativo para visitantes de fin de semana, expulsando de facto a
quienes viven en él durante todo el año. La riqueza patrimonial de este municipio no está solo en sus jardines, en sus edificios históricos o en su paisaje. También está en su comunidad vecinal.
Por eso es necesario abrir un debate público serio sobre el modelo de pueblo que se está impulsando. Las licencias de actividad, los cambios de uso, los eventos musicales, los horarios y la protección del descanso no son asuntos menores. Definen si el casco urbano seguirá siendo un lugar habitable o si terminará siendo un espacio pensado para unos pocos, ajeno a quienes le han dado vida durante generaciones.
El desarrollo económico no puede hacerse a costa del derecho a vivir en paz. Y el futuro del Real Sitio no puede construirse expulsando a sus propios vecinos.
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Ricardo Sanz Marcos