Teo Escamilla falleció en Cuba en 1997, a los 57 años, cuando estaba preparando el que iba a ser su segundo largometraje como director, ‘La Lobera’. Murió joven y se frustró lo que podía haber sido una carrera como realizador de cine, ya que su hija Arancha reveló que tenía muchos proyectos, algunos muy avanzados, entre ellos una película sobre Hernán Cortés. Su amigo, el director Antonio Giménez- Rico, que trabajó con él en varias ocasiones, comentó que hubiera sido una evolución lógica, ya que como director de fotografía “no podía llegar más lejos”
Tanto Arancha Escamilla como Giménez-Rico participaron en la mesa redonda que sobre la figura de uno de los directores de fotografía más relevantes del cine español ha celebrado MUCES en esta novena edición, en la que además se ha programado la proyección de seis películas que permiten descubrir la evolución y el buen hacer de Teo Escamilla en la dirección de fotografía.
Moderada por el guionista y director Miguel Olid, en el acto participaron también dos directores de fotografía: Tote Trenas (responsable, entre otros trabajos, de la fotografía de la serie de televisión ‘Cuéntame’) y Porfirio Enríquez ‘Popi’, director general de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y fundador y vicepresidente de la Asociación Española de Autores de Obras Fotográficas Cinematográficas (AEC). Carlos Saura, que había sido anunciado, no asistió finalmente por encontrarse fuera de España.
Fue Olid quien recalcó que el reconocimiento de MUCES a la figura de Escamilla es de justicia y señaló que “el cine español no se ha portado bien con Teo, quizá porque siempre fue a contracorriente”. Tote Trenas estuvo de acuerdo con esta afirmación y dijo que así lo demuestra que solo tenga un Goya, por su trabajo en ‘El amor brujo’ (Carlos Saura, 1986).
Giménez Rico recordó el homenaje que le hizo la Academia de cine española, mientras Arancha Escamilla comentó que esa facilitad por olvidar es muy española, “en este país es difícil reconocer el trabajo en el cine, pero les ha ocurrido a guionistas, directores, actores…”. Enríquez lo resumió con estas palabras: “aquí enterramos muy bien, nada más”.
Todos los participantes coincidieron en que Escamilla era un hombre de fuerte carácter, posiblemente debido a su perfeccionismo, pero también poseía un gran sentido del humor, “muy irónico y satírico, un humor muy afilado”, según su hija.
También coincidieron en su maestría con la fotografía cinematográfica —o en series de televisión como ‘Juncal’—. ‘Popi’ Enríquez aseguró que “las películas en las que trabajó te pueden gustar más o menos pero su trabajo como director de fotografía era impecable”. Giménez-Rico destacó su sentido de la iluminación, arriesgando más y con mayor versatilidad que otros profesionales, así como la pasión que siempre puso, desde su primera película a la última. Trenas lo calificó de maestro en el tratamiento de la luz, porque entendía que ésta “es parte importante de la narración”.
Hubo bastante coincidencia en señalar la trilogía musical dirigida por Saura entre los mejores trabajos de Escamilla, aunque Giménez-Rico quiso remarcar también su capacidad de reportero, de documental, que trasmite en la fotografía de ‘Vestida de azul’ (1983).
