La cosecha de cereal de invierno se incrementó un 2% respecto a la de 2014, a pesar de la reducción de superficie cultivada y de la meteorología adversa registrada en el mes de mayo, tal como aseguró ayer en Palencia la consejera de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos.
En concreto, la superficie sembrada de cereales de invierno en la Comunidad durante 2014 alcanzó los 1,84 millones de hectáreas y se estima que la producción total de cereales esté en torno a los 5,42 millones de toneladas, mientras que el consolida el trigo como el cereal más cultivado.
Marcos presentó estos datos en Herrera de Pisuerga (Palencia), cuando se ha cosechado el 70% de la superficie de cereal de invierno de la Comunidad, principalmente de cebada, una recolección que empezó más pronto de lo habitual y que se vio ralentizada por las lluvias de mediados de junio.
El trigo fue al que se dedicó más superficie, 865.702 hectáreas, lo que supera claramente a la cebada, con 804.574 hectáreas.
Así, el conjunto de siembras refleja un descenso respecto al año anterior a causa de la influencia de los nuevos requisitos de la PAC, concretamente los relacionados con el pago verde y la obligación de diversificar los cultivos. La producción de Castilla y León supone el 39% de la que se prevé cosechar a nivel nacional con unos 13,8 millones de toneladas.
La climatología adversa influyó de manera importante en el rendimiento del cereal, principalmente la ausencia de lluvias y altas temperaturas mayo, con al menos dos golpes de calor que motivaron un grano de menor calidad y de menor peso específico.
En todas las provincias se observa un incremento de los rendimientos medios respecto al pasado año excepto en Burgos donde influyeron las altas temperaturas al final del ciclo y el exceso de precipitaciones e inundaciones que se produjeron en invierno. A pesar de esta circunstancia, Burgos es la provincia en la que, según la previsión, habrá una mayor producción con 1.356.627 toneladas, seguida de Valladolid con 913.953 y Palencia con 874.124 toneladas.
Durante toda la campaña, las precipitaciones se situaron por debajo de la media pero el reparto de las lluvias fue muy desigual, mientras noviembre fue muy húmedo y con temperaturas moderadas, desde diciembre a marzo hubo pocas precipitaciones y en mayo ausencia total y temperaturas elevadas que llegaron a superar de tres a cinco grados las media, especialmente en la zona sur.
Esto motivó que el desarrollo final de los cultivos estuviera limitado y provocara menos granos por espiga, de peor calidad y con menor peso que en la cosecha anterior, lo que incide de forma negativa en el rendimiento final.
Finalmente, Milagros Marcos destacó que otra de las características que se pueden reseñar de la campaña agrícola es la gran variabilidad de los rendimientos medios de las distintas parcelas incluso en un mismo municipio. Esto se ha producido bien por factores como el tipo de suelo y la capacidad de retención de agua, el ciclo de cultivo de las distintas variedades, o por cuestiones cada vez más importantes como la rotación de cultivos y las ventajas que aportan los cultivos mejorantes de la alternativa como las leguminosas y proteaginosas e incluso el barbecho en las tierras de secano.
