“Y tu cincel me esculpía / en una piedra rosada / que lleva una aurora fina / eternamente encantada”. Estos versos, de Antonio Machado, reciben desde ayer a quienes acuden al Museo de Segovia a contemplar la exposición temporal ‘Emiliano Barral. El animador de la piedra’, en homenaje al artista sepulvedano, del que se acaban de cumplir 80 años de su muerte.
La muestra, en cuya organización han colaborado la Diputación de Segovia y la Junta de Castilla y León, fue ideada para conmemorar la efeméride y, como ayer señaló la directora general de Políticas Culturales de la Administración Regional, Mar Sancho, “aproximar a la sociedad la figura y la obra de uno de los escultores españoles más interesantes de la primera mitad del siglo XX”.
“¿Escultor? No pensaba en ser escultor”, reconoció el propio Barral en una entrevista que concedió al periodista Ignacio Carral. Tal declaración fue recordada ayer por Juan Manuel Santamaría —uno de los tres comisarios de la exposición, junto con Santiago Martínez y Susana Vilches— en la visita guiada que dirigió para las autoridades, entre las que se encontraba el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, y la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero.
En varias salas del Museo de Segovia se exhibirán, hasta el mes de junio, un total de 26 obras creadas por Barral durante su ‘etapa segoviana’, desde 1917 a 1926, cuando marchó a Madrid.
Aunque la genialidad del sepulvedano le posibilitó crear un amplio abanico de obras de arte, en ésta su primera etapa, en Sepúlveda y la ciudad de Segovia, cinceló principalmente bustos. De inicio, y dado que no tenía dinero para pagar modelos, plasma a los miembros de su familia. Luego, ya en Segovia, a los intelectuales de la época. Santamaría pidió ayer a los visitantes que no se centren en la contemplación de las esculturas, sino que imaginen, viendo a los personajes a quienes representan, la vida de Segovia en los años 20 del pasado siglo. Así, aparecen, entre otros, Mariano Grau, Julián María Otero, Daniel Zuloaga, Fernando Arranz o Blas Zambrano, éste último en la obra ‘El arquitecto del Acueducto”. Y no podía faltar el famoso busto de Antonio Machado, posiblemente el trabajo más conocido de Barral…
En el recorrido por la exposición, Santamaría ofreció multitud de datos sobre Barral, “un cantero sin formación teórica sobre escultura” que, sin embargo, en un tiempo meteórico, se convirtió en una referencia en su gremio. A juicio del académico de San Quirce, el busto de Daniel Zuloaga fue, en un momento en el que los monumentos urbanos estaban en decadencia, “lo más nuevo en escultura en Europa”.
A modo de curiosidad, Santamaría dijo haber contabilizado doce retratos de otra de sus obras más famosas, la de Pablo Iglesias, el fundador del PSOE. El de Segovia estaba en la Diputación cuando comenzó la Guerra Civil, siendo sableado por un militar y acabando en San Quirce, desde donde pasó, con discreción, al Museo de Segovia.
En los discursos inaugurales de ayer, Vázquez se felicitó de los “buenos frutos” de la colaboración entre la Junta y la Diputación para organizar exposiciones, repasando que ésta de Barral en la tercera que se enmarca en esta política, tras las dedicadas a Berruguete y la de ‘Imago Urbis Romae’, sobre las tres ciudades romanas de la actual provincia de Segovia.
Coincidiendo con la exposición, el Museo de Segovia y la Diputación organizarán, este mes y el siguiente, un ciclo de conferencias sobre Barral, cuyo programa todavía no ha sido desvelado. De igual forma, en el presente trimestre está prevista la celebración de un taller didáctico sobre el artista.
