Hace cuatro años, cuando ni el Viveros Herol Nava ni el Balonmano La Roca soñaban aún con jugar en la División de Honor Plata, sino ascender a Primera Estatal, el equipo catalán dejó K.O. al segoviano en una fase de ascenso en la que, cuando a ambos equipos les valía con el empate, un gol con el tiempo cumplido clasificaba a La Roca, y dejaba a Nava llorando su pena en el parquet del Pedro Delgado. Cierto es que del pasado no se come, y que ascensos posteriores borraron disgustos pretéritos, pero la espina de aquella derrota ha venido escociendo casi día tras día al conjunto navero.
Ayer, el Viveros Herol Nava se sacó esa espina como hay que hacerlo, ganando un partido decisivo en la cancha del BM La Roca, y con un ambientazo en las gradas. Porque, como hace cuatro años tanto a catalanes como a segovianos también les valía el empate para lograr sus objetivos, pero al final la apuesta por la victoria del equipo dirigido por Álvaro Senovilla llevó al Viveros Herol a lograr los puntos, dejando a su rival en un lío clasificatorio de tal calibre que, si el próximo fin de semana pierde en la cancha del Cisne, habrá certificado su descenso a Primera.
El primer tiempo del encuentro comenzó con una exclusión para Darío Ajo, buena muestra de que el Nava no llegaba al pabellón D’Esports La Roca dispuesto a repartir caramelos precisamente, sino a desarbolar a su oponente con su defensa. Y el hecho cierto fue que poco a poco lo fueron consiguiendo, manejando la iniciativa en el marcador llevando el partido incluso a los cinco goles de diferencia favorable (9-14) cuando restaban seis minutos para la llegada del descanso, ventaja que se redujo a tres tantos con el postrero gol de Jordi Altes con el tiempo cumplido (13-16).
La salida en tromba de La Roca en los primeros minutos de la segunda parte, no por esperada fue menos efectiva. Apoyados en las buenas actuaciones de su guardameta, los de Guillem Estapé le dieron la vuelta al partido de tal manera que, cumplido el minuto 10 de la reanudación, el Viveros Herol perdía 21-19.
Era el momento de aguantar en defensa, de seguir confiando en lo que se estaba haciendo bien, y en apoyarse en los jugadores que nunca se esconden cuando hay que tomar responsabilidades ofensivas. Así el conjunto segoviano consiguió aferrarse a sus opciones de remontar, y paulatinamente fue desgastando a La Roca, posiblemente uno de los pocos equipos que rota con menos jugadores aún que el Viveros Herol Nava, y que en los compases decisivos se vio físicamente un poco menos fresco que los visitantes.
Si Isma Juárez se había mostrado infalible desde los siete metros en la primera parte, en la segunda le llegó el turno a Carlos Villagrán y a Darío Ajo, y así a seis minutos para la conclusión los naveros empataban el partido (26-26). La presión era toda para La Roca, y bien que la acusó, puesto que en los cinco últimos minutos de encuentro no consiguió en una sola ocasión superar a Alberto Miranda. El Viveros Herol Nava echó el candado a su portería, y atacó con la claridad suficiente como para conseguir la victoria, haciéndose un favor a sí mismo, y de paso sacándose esa espina infectada desde 2012. Ya era hora.